La ciudad quedó desprotegida con la marcha de la guarnición al frente vasco y el Concello trató de crear una fuerza propia
26 may 2026 . Actualizado a las 01:25 h.La tercera guerra carlista no tuvo en Galicia la virulencia que alcanzó en el País Vasco y Navarra. No obstante, en la comunidad se movieron numerosas partidas de guerrilleros partidarios de que Carlos VII alcanzase el trono de España. Aquella guerra civil comenzó en 1872 y concluyó en 1876.
En abril de 1874, la guarnición de Vigo fue trasladada al País Vasco para integrarse en el llamado Ejército del Norte, quedando la ciudad desprotegida. En realidad, los ataques carlistas en Galicia se realizaron, en su mayor parte, en el territorio más rural, aunque también hubo una acción en Monforte. Aun así, la cuestión fue llevada el 9 de abril al pleno de la corporación viguesa. Allí, el alcalde, Juan Buet Nogueira, explicó que la defensa quedaba «entregada a la bravura de sus habitantes», aunque matizaba que quizá «no fuesen bastantes a impedir y contrarrestar por si solos los instintos de pillaje que dominan en las hordas latrofacciosas», expresión que apuntaba a quienes estaban «a la sombra del negro pendón del absolutismo».
El asunto venía rebotado de una reunión a la que acudieron señalados vecinos. Allí se habló de constituir una fuerza armada que sería mantenida por las personas más importantes de la ciudad. Sin embargo, el compromiso económico mostrado por los presentes fue «muy insignificante», tal como se indica en las actas municipales del 9 de abril de 1874.
Ante aquella situación, la corporación municipal viguesa acordó constituir una comisión conformada por concejales y vecinos para estudiar las medidas que estimase oportunas «a fin de poner la ciudad al abrigo de un atrevido golpe de mano».
Ni Vigo fue atacada por algunas de las numerosas partidas carlistas existentes en Galicia —la más próxima en la comarca de A Paradanta— ni se llegó a constituir una fuerza armada alternativa a los militares. Sin embargo, el carlismo siguió muy presente en la vida viguesa de la época. La ciudad fue uno de los destinos de los heridos procedentes del frente vasco. El hospital militar, situado entonces en el antiguo convento del Areal, recibió a numerosos militares heridos y enfermos. Esto dio lugar a que se realizasen varias campañas municipales para solicitar la ayuda de la población. En enero de 1874, la alcaldía aludía a «la filantropía del bello sexo en favor de los heridos de nuestro valiente ejército». Lo que solicitaba Buet Nogueira era vendajes y apósitos. Dos meses después se abría una lista de suscriptores para recaudar dinero con el mismo fin. Días después ya se habían recogido cerca de cinco mil pesetas. Todos estos movimientos provocaron que el capitán general de Galicia agradeciese al Concello su interés por los heridos. La solidaridad viguesa también llegó a las esposas e hijos de los militares. En mayo de 1874, el capitán Senén Pardo y Pereira escribía a la corporación viguesa para dar las gracias, en su nombre y en el de sus soldados, por la ayuda facilitada a sus familias.
En noviembre de ese mismo año, el gobernador civil de la provincia demanda al Concello de Vigo una lista con todas las personas que «profesan ideas carlistas» en el municipio. La corporación dedicó, el 15 de noviembre, un pleno extraordinario a esta cuestión. La respuesta fue contundente. «La corporación acordó se manifieste a dicha superior autoridad que en esta ciudad y su distrito no conoce ningún individuo que públicamente profese ideas carlistas», contestó de manera oficial la corporación del Concello de Vigo.
Eran otros tiempos