Rafael Luca de Tena, el boticario que filmó la vida en aquel Vigo de los años 40 y 50
VIGO CIUDAD
La familia del artista pionero para el cine gallego conservó las películas que muestran el antiguo Barrio do Cura, O Berbés y la inauguración del aeropuerto de Peinador
09 may 2026 . Actualizado a las 18:17 h.Hay un Vigo que ya no existe, uno que se dibujaba en aquellas calles del Casco Vello y del desaparecido Barrio do Cura. Ese Vigo se enterró en el tiempo y las construcciones que borraron una realidad que muchos ya no vivieron. Se enciende la pantalla. Varias mujeres dibujan con pétalos una alfombra en el suelo de O Berbés por el Corpus. Transición. Grandes sábanas y ropa se secan al sol entre los edificios del Barrio do Cura, son como un trampantojo de las fachadas de piedra que ya no existen. Otra transición. Un gran avión de Aviaco aterriza en una pista situada en pleno monte. Centenares de personas lo rodean cuando para y estrena el aeropuerto de Peinador, allá por 1954. Todo este Vigo que ya no está se guarda en las películas de Rafael Luca de Tena (Sevilla, 1908-Vigo, 1990), el artista y boticario que filmó la ciudad del siglo XX.
«Lo recuerdo en su casa, en una mesa camilla, uniendo la cinta de audio con la de vídeo en una máquina que había diseñado él mismo», recuerda María Luca de Tena, nieta de Rafael y una de las encargadas de gestionar el legado que dejó su abuelo en cada una de las cintas. Sus películas, que están depositadas en la Filmoteca de Galicia, son el tesoro que compuso un sevillano que llegó a Vigo por amor y que inmortalizó una ciudad que no dejaba de cambiar. «Fue una sorpresa descubrir todo el material que nos había dejado. Tiene películas de todo. También vi a mis padres de pequeños en una de ellas. Él hacía en los años 40 y 50 lo que hacemos nosotros ahora», recuerda con cariño, María.
Volver a las películas de Luca de Tena es un recuerdo, para los más mayores, y un descubrimiento, para los más jóvenes. Su cinta Barrio do Berbés e Poboadores de Vigo (1948) comienza con un toro arremetiendo contra un torero en una plaza de madera llena de gente. Es una secuencia larga, que termina con una mala cornada. Aquel año, la Hermandad de la Pasión instaló en O Berbés una plaza provisional y Luca de Tena no faltó para filmarla con una mirada que, no solo documentaba autoridades ni grandes evento, sino que también se fijaba en los pequeños detalles. En su película sobre el Barrio do Cura (1945) hay una secuencia que acompaña a un niño mientras camina por las escaleras paralelas a la muralla de Vigo. El pequeño se cruza con varias personas en un camino que Luca de Tena, con su montaje y planos, consigue que sea una inmersión en el lugar.
«Rafael non se quedaba soamente coas autoridades, ía máis alá do oficial, e levaba a súa cámara a filmar ás persoas humildes, ao público común que daba vida ao acto», explica el guionista Pepe Coira, que recuperó la figura del artista para la sección Sombras del Play-Doc. Pone el ejemplo de su película sobre la inauguración del aeropuerto de Peinador. Luca de Tena rodó secuencias que «non terían saído na típica peza do NO-DO». La película termina con decenas de personas «comendo bocadillos e bebendo viño na merenda. Era un retrato do país, da xente común», continúa Coira, que recuerda que le sorprendió mucho descubrir la riqueza y el talento de Luca de Tena.
El cineasta llegó a Vigo a principios de los años 40 tras el fin de la Guerra Civil. Unos años antes, en 1936, fue encarcelado en Alcalá de Henares por el bando republicano y se salvó, por poco, de ser fusilado. Al llegar a la ciudad, abrió una farmacia en la Praza da Constitución desde donde también observaba el día a día de la ciudad que tanto le gustó filmar. «Rexistraba a vida da cidade. Ademais das películas sobre o Barrio do Cura, O Berbés e Peinador, tamén hai imaxes de botaduras de barcos e do traballo no peirao», recuerda Coira.
La trayectoria artística de Luca de Tena también destaca por películas en las que reflexionaba e ironizaba sobre el cine de la época y el cine amateur y burgués que había en Galicia. Además tiene otras piezas más poéticas, entre las que Coira destaca, Miña aldea, «unha película con guion do seu fillo, Gustavo, que retrata unha aldea do rural galego dende os ollos dun neno que fuxe do clásico bucolismo do rural», explica Coira.
El guionista aprovecha para destacar la preocupación y el cuidado de la familia para conservar todo el material que dejó Luca de Tena. Su nieta, María, también añade que les gustaría hacer más conocida la herencia de su abuelo. «Era cariñoso, generoso y simpático. Era un sevillano que nunca perdió el acento, pero que se enamoró de la ciudad», cuenta María, que recuerda que Luca de Tena «estaba muy implicado socialmente y que también fue profesor».
María Luca de Tena cuenta que ahora les gustaría organizar en Vigo algún acto para mostrar las películas de Luca de Tena como se hizo en Tui. La proyección de sus películas en el Play-Doc se realizó con el acompañamiento musical en directo de profesores y alumnado del Conservatorio Profesional y Escuela de Música de Tui. Ella sabe del valor de unas cintas que guardan las imágenes de un Vigo que fue y que, en muchos casos, ya no es.