Los transportistas de la red de narcolanchas de Vigo alegan en el juicio que solo trasladaban «cascos sin motor»

Javier Romero Doniz
JAVIER ROMERO VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Los acusados, en una sesión del juicio.
Los acusados, en una sesión del juicio. Oscar Vázquez

Declaran que desconocían el uso ilícito de las embarcaciones y sostienen que el material transportado era legal

06 may 2026 . Actualizado a las 19:01 h.

No parecía en la sesión del juicio celebrada este miércoles una sofisticada red logística para el narcotráfico, sino más bien una reunión de transportistas confundidos y anécdotas de familia. En la sección quinta de la Audiencia Provincial de Pontevedra, la estrategia de defensa de los once acusados de fabricar y distribuir narcolanchas optó por el camino de la normalidad: donde la Fiscalía ve una estructura criminal para inundar de droga las costas andaluzas, los implicados solo ven «cascos» de barcos, mudanzas accidentadas y consumo propio.

Según la acusación, la mercantil GranxaTrans Porriño SL. transportaba embarcaciones semirrígidas de alta velocidad desde los astilleros de Vigo hasta Portugal, y de ahí a puntos estratégicos como Almería o Huelva. Sin embargo, los trabajadores que comparecieron este miércoles dibujaron un panorama muy distinto. Los chóferes se mantuvieron firmes en una versión: ellos transportaban cascos (la estructura de la lancha con sus flotadores), pero nunca embarcaciones terminadas con motores de alta potencia. Para la defensa, este matiz es vital: sin motores no hay delito, solo transporte de mercancía legal.

Incluso se relató una escena casi cinematográfica en su ironía: un transportista, al que se le movió la carga en plena autovía en 2022, fue auxiliado y escoltado por dos patrullas de la Guardia Civil hasta un taller. «Si fuera ilegal, nos habrían detenido allí mismo», sugirió un abogado, tratando de convertir un incidente de tráfico en una prueba de inocencia. El momento de mayor tensión se vivió cuando dos hermanos coincidieron en la sala: uno en el banquillo de los acusados y otro de testigo. Al ser preguntado por su relación con los procesados, el testigo no se anduvo con rodeos y señaló a su propio hermano como «ese individuo de la derecha». 

A pesar de la frialdad del encuentro, sus declaraciones buscaron blindar la tesis de la ignorancia. Aseguró que, aunque le pidieron desenganchar remolques en naves de Toledo sin entrar a ver el contenido, él nunca sospechó nada. «A ver si la nave iba a ser la de mi hermano», soltó ante el tribunal, dejando en el aire si se trataba de un dardo fraternal o de una coartada improvisada.

Cosas de hijos

La jornada cerró con un giro hacia lo doméstico para justificar los hallazgos de los registros policiales. El hijo de Guillermo S.L., uno de los principales señalados, asumió la propiedad de la marihuana encontrada en el domicilio familiar. No era parte de un alijo, según su versión, sino el resultado de tres plantas para consumo personal compartido con su hermano. Incluso detalló con naturalidad que otros «dos cogollitos» que estaban en su mesita de noche terminaron desapareciendo por el desagüe del retrete durante el registro. 

Cifras de vértigo

Frente a estas historias de barcos sin motor y plantas de autoconsumo, la realidad de las cifras que maneja la Fiscalía es abrumadora. El Ministerio Público no compra la tesis del «despiste logístico» y solicita penas de hasta nueve años de prisión. El golpe económico que se busca es igual de contundente: multas que, en conjunto, alcanzan los 94,8 millones de euros. El juicio continuará desgranando si estas anécdotas son la prueba de una actividad mercantil lícita o el envoltorio de una de las mayores redes de logística de narcolanchas del noroeste español.