La joven quemada con gasolina en Vigo pide 33 años de prisión para su exnovio por intentar asesinarla
VIGO CIUDAD
Lo acusa también por un delito de maltrato psíquico habitual a la pareja
22 abr 2026 . Actualizado a las 15:13 h.La joven quemada con gasolina por su exnovio en Vigo en el 2024 ha pedido, a través de su abogado, que este sea condenado a 33 años de prisión por intento de asesinato, lesiones psíquicas, acoso e incluso le acusa también por un delito de maltrato psíquico habitual a la pareja. Esto se debe a que convivieron en una casa de Vincios, en el municipio de Gondomar. La víctima, que tenía 29 años cuando fue atacada por la espalda en el jardín de su casa, ha presentado ya el escrito de acusación que reclama once años más de cárcel que el fiscal para Borja Rial. Eleva las peticiones de prisión porque añade agravantes.
La Fiscalía de Vigo pidió de 22 años de cárcel para el acusado de intentar quemar viva a su expareja de 29 años con gasolina el portal de la casa de ella en Vigo hace dos años. El juicio se celebrará en fechas todavía por determinar en la cuarta sección de la Audiencia Provincial de Pontevedra. El Ministerio Fiscal reclama el pago de 672.286 euros en indemnizaciones en total a la víctima por sus secuelas.
Su familia la llevó en coche al hospital tras el intento de asesinato y la víctima tardó un mes en despertar del coma inducido en la uci. Pasó casi dos meses hospitalizada, pero tardó 411 días en curar. Sufrió quemaduras en el 28 % de su cuerpo y posteriores secuelas, cicatrices y problemas de movilidad. Una vez recibió el alta hospitalaria, sufrió un trastorno por estrés postraumático que requirió ayuda psiquiátrica y terapia psicológica por teléfono del Centro de Información á Muller (CIM) cuando padecía crisis de angustia, episodios de elevado malestar emocional o demandas espontáneas de apoyo. A día de hoy, sigue de baja psicológica y sufre un «perjuicio estético importantísimo», según la Fiscalía.
La víctima y el acusado se llevaban 12 años de diferencia. Se conocieron cuando ella tenía 17 años y, a los 22, empezaron a vivir juntos en Vincios, en Gondomar. La Fiscalía relata que, tras varios años de convivencia, la relación se deterioró, él la menospreciaba psíquicamente y, finalmente, ella lo dejó. El implicado no asumió la ruptura y la acosó en cafeterías y lugares que ella frecuentaba.
El 14 de septiembre del 2024, entre las ocho y las nueve de la mañana, el implicado acudió al domicilio de su exnovia en la parroquia de Valadares, en Vigo, y esperó a que ella saliera de la casa para abordarla, mientras estaba cerrando la puerta. Según la acusación pública, el implicado aprovechó que no había nadie en la calle a esas horas y que la joven estaba sola, de espaldas a él, para acercarse a ella y decirle: «Ven aquí que ahora te vas a enterar». La agarró por la coleta del pelo y tiró de ella, arrastrándola unos metros. Como la joven comenzó a mover su cuerpo, él le propinó varios rodillazos en la cara. «Para quieta», le espetó, para reducir de esta forma, más aún, sus posibilidades de defensa.
Una vez que el procesado, consiguió impregnarla de gasolina, la empujó, ella cayó al suelo, y él le dijo: «Adiós». Tras una palabra despectiva, encendió un mechero y le prendió fuego, consciente de que, de esta forma, «causaría a quien había sido su pareja sentimental un terrible sufrimiento, aumentando de forma deliberada e innecesaria los padecimientos tanto físicos como psíquicos que tendría y que tenían el claro y único propósito de acabar con la vida de ella».
En ese momento, el cuerpo de la víctima comenzó a arder, se tumbó completamente en el suelo y rodó para intentar apagar el fuego, al tiempo que gritaba y pedía auxilio, «mientras el procesado permanecía, a unos metros de ella, riéndose e impasible, sin ofrecerse ni tampoco prestar ayuda de ningún tipo a ella». Ante esta situación, la joven permaneció quieta en el suelo hasta que el procesado dejó de prestarle atención por un instante, momento en el cual ella aprovechó para levantarse e ir corriendo en dirección al portal de acceso de vehículos de su vivienda y abrirlo. El procesado, al darse cuenta de que ella se había levantado por su propia iniciativa, la intentó agarrar, con el claro propósito de impedir que pudiera solicitar cualquier tipo de ayuda, «pero no logró aprehenderla, ya que el cuerpo de ella continuaba ardiendo». Finalmente, el implicado escapó sin prestarle auxilio.
Unos familiares salieron al jardín, apagaron el fuego y la metieron en un coche para llevarla urgentemente a un hospital.
«El acusado cometió los hechos movido por un sentimiento de superioridad y posesión hacia la joven tanto por ser mujer, ser su pareja (durante el período tiempo que tuvieron la relación) como tras la ruptura al entender el procesado que no debía prevalecer la voluntad unilateral de ella de decidir poner fin a la relación en contra de su voluntad, y todo ello con el ánimo de dominarla y menospreciarla, hasta las últimas consecuencias que estuvieran en su mano», concluye la Fiscalía.