ERAN OTROS TIEMPOS. Las obras concluyeron a finales de 1880 y conllevaron la cesión de una pequeña parte del jardín del palacio del marqués de Valladares
12 abr 2026 . Actualizado a las 21:55 h.En 1880, la corporación municipal de Vigo acordaba «armonizar» la calle de Carral, entonces recientemente abierta, con la de A Laxe, que todavía concluía entonces con la presencia de la antigua batería incluida en el sistema amurallado de la ciudad. Tras los estudios realizados por el arquitecto municipal Justino Flórez Llamas, se decidió construir un muro de contención divisorio que posibilitase la convivencia de ambos espacio, claramente situados en niveles distintos y, hasta no hacía mucho tiempo, separados por las antiguas murallas.
En abril de ese mismo año, el Concello de Vigo sacó a subasta las obras, presupuestadas en 6.656,90 pesetas. La corporación advertía entonces que ese dinero saldría de los sobrantes del crédito concedido para construir el alcantarillado y el afirmado de la calle. Añadía el alcalde que si no llegaba el dinero, se imputaría el restante al presupuesto de ese mismo año.
A aquella subasta se presentaron dos propuestas, resultando ganadora la del contratista Benito Pazos, quien rebajó en cien pesetas el presupuesto inicial. Al mismo tiempo, para mejorar la calle de A Laxe, descrita por el alcalde como de gran «estrechura y fealdad», se produjeron pequeñas expropiaciones de terrenos, entre ellos, una parte del jardín del palacio del marqués de Valladares, aunque, finalmente, un acuerdo con el marqués llevó a que este cediera la parcela necesaria para ampliar el empinado vial. En septiembre de ese mismo año, la corporación explicaba que la parte cedida por el marqués se sustituiría por piedra machacada y recebo. Decían que la renovación del enlosada existente era muy costosa e imposibilitaría la circulación de vehículos.
Esas obras no salieron a concurso, ya que las afrontó directamente el Concello de Vigo, e incluyeron la colocación de aceras de cantería «al menos en uno de los costados, en cuyo caso podrían plantarse algunos árboles en el otro lado», como finalmente se hizo.
Las obras correspondientes al muro de contención fueron entregadas al Concello a finales de diciembre de 1880. Sin embargo, Benito Pazos reclamó el importa de otras acciones realizadas a mayores de lo presupuestado, pero que él consideraba necesarias. Su petición fue valorada por una comisión de obras públicas que, mes y medio más tarde, accedió a su reclamación. Decía esta comisión que la mayor parte de ese dinero se correspondía «al exceso de hierro empleado en el petril para darle más resistencia». Finalmente, le fueron entregadas otras 307,5 pesetas.
La actual disposición de la calle de A Laxe fue determinada en julio de 1881. Entonces, ya levantado el muro de soporte de esa calle fronteriza con Carral, el gobierno decidió urbanizar solo el lado derecho ascendente, aprovechando la buena disposición del marqués de Valladares para ceder una parte de su jardín. El marqués puso como condición que el Concello asumiese el cierre de su propiedad, ya alineada con el resto de la acera, y que se prohibiese toda construcción en la parcela contraria «para que sirva a lo sucesivo de mirador público».
El muro todavía fue reforzado a mediados de 1881. Era un tramo de 87 metros, cuyas obras le fueron adjudicadas al maestro de canteros Baltasar Martínez por 1.500 pesetas. Este no pudo concluir el trabajo en el tiempo predeterminado, por lo que el gobierno municipal le concedió una prórroga. En meses posteriores, el Concello también ordenó el derribo de una antigua casa debido a su estado ruinoso. En décadas posteriores, el gobierno de la ciudad decidió realizar locales comerciales en los bajos del muro.