Vecinos del centro denuncian que la actuación se hizo sin ninguna lógica
11 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un paso de peatones pintado sobre el asfalto conduce directamente a un muro. No hay acera al otro lado, ni continuidad, ni destino. Solo una pared. La imagen, en la parte trasera de García Barbón 48, desconcierta a los vecinos y concentra todas las críticas sobre una intervención que consideran incomprensible. «El paso de peatones va a un muro, eso es inconcebible. «Es un paso de peatones que no va a ningún sitio», insiste. Y remata: «La obra se hizo sin estructura mental ninguna». La señalización no solo carece de continuidad, sino que además arranca junto a una zona de acceso vinculada a un local en planta baja, lo que aumenta la sensación de incoherencia. Donde debería existir un itinerario peatonal claro, lo que aparece es un recorrido truncado. Una invitación a cruzar… hacia ninguna parte.
La escena se sitúa en un ámbito que afecta a la Travesía das Escolas Públicas, el patio posterior del número 48 y la calle García Barbón 48-B. Todos estos espacios forman parte de suelos públicos cedidos para uso viario. Sin embargo, esa función nunca llegó a desarrollarse plenamente. «Este terreno se cedió para comunicar ambas calles, pero eso nunca se abrió», explica otro vecino.
El resultado es un conjunto de espacios inconexos donde el paso de peatones actúa como símbolo del desorden. A su alrededor se acumulan otras anomalías: una acera que no conduce a ningún destino, un rebaje de bordillo sin señalización clara de vado y una disposición que mezcla sin criterio zonas de paso, carga y estacionamiento.
Los residentes aseguran que en el vecindario nadie entiende la lógica de la actuación. Denuncian la pérdida de plazas de aparcamiento, la confusión en la señalización y la inseguridad que genera un entorno donde no está claro por dónde deben circular los vehículos ni por dónde deben transitar los peatones.
Algunos vecinos vinculan la transformación del espacio con la implantación de un negocio de trasteros en el bajo del edificio, cuya actividad requiere movimientos frecuentes de carga y descarga. Consideran que la ordenación actual favorece ese uso, pero rompe la coherencia del espacio público. La licencia concedida en 1979 ya recogía la cesión de estos terrenos para viales y contemplaba una «calle en proyecto» en la parte posterior. Esa conexión nunca se ejecutó. Ante esta situación, los vecinos preparan una denuncia urbanística para exigir explicaciones al Concello sobre el proyecto, las autorizaciones y el uso real de estos espacios. Mientras tanto, el paso de peatones permanece pintado sobre el asfalto, detenido frente a un muro, como una señal sin sentido en pleno centro de Vigo.