Quintín Bueno: «Hay quien no ha ido nunca a la ópera y ve La Traviata y flipa»
VIGO CIUDAD
El tenor participa esta tarde en Vigo en una representación de la obra de Verdi producida por la Ópera Nacional de Moldavia
12 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El auditorio Mar de Vigo ofrece, a partir de las 20.00 horas, La Traviata, de Giuseppe Verdi. Es una producción de la Ópera Nacional de Moldavia en la que participarán como solistas la soprano Mailyn Cruz, el barítono Jorge Tello y el tenor Quintín Bueno. Las entradas se pueden adquirir en teuticket.com a partir de 30,50 euros.
—Hay una polémica estos días por las declaraciones del actor Timothée Chalamet respecto a la vigencia de la ópera. ¿Qué opina?
—Creo que hay que ayudarla desde las instituciones, pero no porque no interese, sino porque no se difunde lo suficiente. Hay gente que no ha ido a una ópera en su vida y ve La Traviata y flipa.
—¿Cuál es el principal atractivo de esta ópera?
—Es una historia que puede ser actual porque le puede pasar a cualquiera. Habla de cuando la familia no está de acuerdo con la pareja que tienes porque piensa que te va a llevar por un mal camino. Es muy cercana y por eso se hace con varias estéticas.
—¿Cómo es Alfredo, su personaje?
—Nos lo pintan siempre como un tío con frac, muy serio, pero, hablando mal y pronto, es un pringao, un niño de papá que ha tenido todo en la vida y se enamora de Violeta porque es su capricho. Su problema es que no se da cuenta de todo lo que cuesta mantener esa vida porque a él lo ha mantenido su padre. Yo he intentado hacerlo bastante juvenil.
—¿Entraña dificultades técnicas?
—Sí. Puccini, por ejemplo, con Rodolfo, en La Bohème, deja explotar el canto; sin embargo, Alfredo requiere una contención en determinados puntos que es bastante difícil. Salvo el do de la Cabaletta, que es algo opcional, en realidad no hay ningún agudo realmente escrito de un gran virtuosismo. Así que es un personaje central que requiere muchos matices en la zona de paso del tenor. Es fácil desafinar ciertos pasajes de La Traviata por eso.
—Usted llegó con cierta edad a la ópera. ¿Supuso un esfuerzo mayor de aprendizaje?
—Mi historia es un poco rocambolesca. Yo era cartero y, en el año 2009, escuché el Nessun dorma, de Pavarotti, quedé impactado y me puse a estudiar. Dejé mi trabajo de cartero para compaginar los estudios, en la Escuela Superior de Canto, con cantar en la calle los fines de semana. Me gradué como primero de mi promoción y, el pasado año, saqué el máster. Después fui solista en el Real. No puedo quejarme porque no paro, pero sí es verdad que hace falta siempre tener un buen mánager para llegar a los grandísimos teatros.
—¿Cómo se compagina la cuestión técnica y la interpretativa?
—Creo que lo principal es tener una buena técnica vocal y después viene la interpretación.
—¿Cómo definiría su voz?
—Creo que soy un tenor lírico-ligero con facilidad en agudos. Y sí es verdad que al cumplir los 40 —yo ya tengo 41— he notado esa madurez que dicen que empieza a aparecer en los tenores. Hace tres años tenía el fa sobreagudo de I Puritani, y ahora me cuesta mucho llegar a esas tesituras extremas; sin embargo, la voz está adquiriendo un color más oscuro, pero natural. Yo no hago nada distinto, simplemente se ha oscurecido por la edad y se ha vuelto más homogénea.
—¿Tiene que cambiar los papeles?
—No, pero sí obliga a trabajar más la técnica. En este aspecto, a mí lo único que me ha funcionado son las palabras de Alfredo Kraus. Decía en una masterclass que todo iba de los dientes hacia arriba, y es mano de santo.
—¿Esa escuela se va transmitiendo a los nuevos cantantes?
—Estamos en una época en la que no hay sitio para las voces ligeras ni lírico-ligeras. Todas las voces tienen que ser oscuras, tienen que ser varoniles, y hay un repertorio lírico-ligero estancado... Hay una fiebre en España con Tosca, Butterfly, Carmen y Nabucco, y ya está, esas cuatro. Las voces ligeras necesitamos que se hagan El barbero de Sevilla o L'elisir d'amore, pero son óperas en las que normalmente una compañía no se mete porque no son rentables. Creo que el problema de hoy en día es que se están engordando las voces de una forma completamente artificial.
—¿Cómo es el montaje que vamos a ver en Vigo?
—Absolutamente tradicional y con la Ópera de Moldavia, que lo hace estupendamente. Y además, con Mailyn, que va a hacer una Violeta espectacular, y con Jorge Tello.