Vigo, entre el mito de Penélope y el tejido empresarial

Abel Losada SUBDELEGADO DEL GOBIERNO EN PONTEVEDRA

VIGO CIUDAD

Vista del puente de Rande.
Vista del puente de Rande. Oscar Vázquez

06 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Vigo acaba de presenciar un hito que marca un punto de inflexión estratégico: el compromiso firme con la alta tensión para Stellantis. No es un anuncio aislado; es la respuesta a una demanda histórica que garantiza el empleo de miles de familias. Frente a quienes se instalan en el pesimismo por incidentes ferroviarios puntuales causados por una meteorología extrema, la realidad es que el Gobierno de España está impulsando hoy las infraestructuras que el Ejecutivo de Mariano Rajoy dejó en un cajón, sin planificación ni presupuesto.

El uso del mito de Penélope por parte de ciertas voces empresariales para describir esta etapa resulta, por tanto, interesado. Aquella reina esperaba la vuelta de un héroe tejiendo y destejiendo, pero en el panorama político actual nadie ve, ni en la moderación fingida de Feijoo, ni en el ruido de Abascal, nada remotamente parecido al Ulises homérico.

Pero si la alta tensión que alimentará las máquinas de Stellantis o las subvenciones millonarias de los perte que han engrasado todo el tejido empresarial no bastan, qué decir del músculo de la Zona Franca, ahora sí, un ente útil y al servicio de todo el área metropolitana, impulsando cosas tan extraordinarias como una fábrica de microchips que nos pone a la vanguardia tecnológica del mundo.

Vigo no es una Ítaca esperando el retorno del héroe. Y no escucha los cantos de sirena, o de gaviota, que nos hagan olvidar quienes prorrogaron la AP-9 y luego la privatizaron, quienes priorizaron un par de grandes almacenes sobre los mismos terrenos por donde debía trazarse el acceso al túnel de la A-52. Esos cantos desafinados del PP y su periferia, que llegan al extremo de intentar engañar con la conexión ferroviaria con Portugal, un país donde no hay ni un solo kilómetro de ferrocarril de alta velocidad y por donde circulan locomotoras de segunda mano, compradas a Renfe. El auténtico tejido empresarial sabe bien que la competitividad no se defiende con metáforas raídas, sino con los boletines oficiales y las inversiones. Frente a los zurcidos de quienes prefieren mirar al pasado y navegar en círculos, la sociedad viguesa ya ha elegido proyecto y liderazgo. Es curioso que se hable de «incertidumbres» en este Vigo moderno, fruto de la alianza entre la alcaldía y el Gobierno de España, mientras se ignora el desastre de las políticas económicas de la Xunta de Galicia y que se resume en tres grandes naufragios: la fusión de las cajas, Pémex y Altri.

La Penélope que destejía por la noche ganaba tiempo a la espera de tiempos mejores. El progreso de Vigo, la gran ciudad de Galicia, es 24x7; aquí hay turno de noche y salen coches, componentes, satélites y, dentro de muy poco, chips fotónicos. Y lo saben las más de 300.000 personas que caminan por nuestras calles con los ojos bien abiertos.