En 1869, se derribó la histórica entrada a la ciudad amurallada
01 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.En unos días, la calle de A Gamboa volverá a recordar, dentro de los actos de la Reconquista, que hubo un tiempo en que allí se alzaba una de las puertas de acceso al interior de las murallas que rodearon Vigo desde mediados del siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XIX. Aquel punto, que pasaría a la historia de la ciudad por el papel que jugó durante el asalto a la villa tomada por los franceses en 1809, fue noticia en 1869, año en el que se decidió derribar para continuar ensanchado la población. Fue el 20 de agosto de 1869. Aquel día, el pleno de la corporación de Vigo, en sesión extraordinaria, adoptaba la decisión de derribar la puerta de A Gamboa.
La moción llegó por iniciativa de Rosendo González, Juan Bande y Andrés Rodríguez, vecinos de la calle de la Independencia (lo que hoy sería la Gamboa). Decían que era «el único recuerdo que existe en la población de los ruinosos tiempos que pasaron para no volver», pero en aquel momento se había convertido en un obstáculo al libre tránsito «no solo por afectar al ornato público el desagradable aspecto que presenta su fealdad sino también como medida de garantía para los que transitan por aquel sitio expuestos siempre a las acechanzas de las personas de aviesas intenciones, que pueden arrojarles desde encima piedras y otros objetos que pongan en peligro sus vidas».
El Ayuntamiento consideró justa la petición, «admitiendo los donativos que para cumplir los gastos de esta obra ofrecen los propietarios que más inmediato beneficio reciben, a cuyo efecto se comisiona a los señores presidente y concejales Vicetto y Olivié, los cuales asociados de los vecinos que crean precisos se servirán proceder por medio de operarios a la demolición en el término más breve, estudiando también el medio de dejar expedito el tránsito desde el antiguo baluarte de la Lama al de la Lage». En menos de un mes se echó abajo la puerta donde murió Carolo y fue herido Cachamuíña sesenta años antes.
Comunicación con el muelle
Aquel 12 de septiembre de 1869, el teniente tercero de alcalde de Vigo opinaba que debía abrirse en dicho lugar una calle de ocho metros de anchura, que pusiese en comunicación aquella entrada a la ciudad con la zona del muelle «cuyo servicio reclama con urgencia el numeroso vecindario que echa muy de menos está vía». El regidor vigués manifestó que había aprovechado la visita a Vigo del arquitecto provincial, Atilano Rodríguez, para mostrarle el proyecto y contar con su colaboración. El arquitecto vio beneficiosa y razonable la idea. El boceto resultante fue presentado a la corporación, que lo consideró ventajoso en todos los aspectos. «Además de hermosear la principal entrada de la población por la calle del Muelle con la que empalma, favorece de un modo indudable sus condiciones bajo el punto de vista comercial toda vez que se presta a la construcción de grandes edificios que, por su inmediata proximidad a los muelles y aduana, se ocuparán ventajosamente con establecimientos mercantiles de elevada importancia», reflejó el acta.
Las obras serían financiadas con la venta de los solares que dejó el derribo de la puerta, por lo que no hubo problema alguno en aprobar el proyecto. Decidieron en esa misma sesión denominar la nueva calle como Carral «en recuerdo de las ilustres víctimas sacrificadas en aras de la libertad en 1846». Una vez aprobado el asunto, el expediente debería ser autorizado por la Diputación Provincial para acometer la venta de los solares, «una empresa beneficiosa no solo a la generalidad del pueblo sino también a la clase proletaria que hallará de seguro en ella un medio de disminuir la miseria en que gime por falta de trabajo con que ejercitar su actividad».
Sesenta y tres años después de aquel momento volvieron a juntarse los caminos de Cachamuíña y A Gamboa, aunque en circunstancias muy distintas. Ocurrió el 9 de agosto de 1932. Sus restos mortales fueron llevados en un armón de artillería hasta el lugar donde había protagonizado, en marzo de 1809, su famosa hazaña. Los organizadores de los actos de traslado de sus cenizas al cementerio de Pereiró quisieron recordar la famosa puerta, realizando una simulación a modo de decoración, tal como se realiza en la actualidad.
La llegada a Vigo de los restos mortales de Cachamuíña fue todo un acontecimiento, a pesar de que no hubo presencia del gobierno de la ciudad. El Centro de Hijos de Vigo, que más tarde pasaría a llamarse Centro Vigués, organizó un recorrido por diferentes calles para que los ciudadanos pudieran rendir homenaje al héroe de la Reconquista. Como se puede ver en la fotografía que acompaña a la información, se realizó una reconstrucción de la puerta de A Gamboa, como la que ahora realizan los vecinos durante la fiesta del 28 de marzo. La arqueta con las cenizas de Bernardo González fue trasladada en un armón militar hasta el cementerio de Pereiró, en cuya entrada, a mano izquierda, fueron depositadas en un sobrio mausoleo.