El tren fantasma a Portugal no sale de la vía muerta

Carlos Punzón
Carlos Punzón VIGO / LA VOZ

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Imagen del 24 de febrero del 2006. Emilio Pérez Touriño recibe de Carlos Lage la presidencia de la Comunidade de Traballo Galicia-Norte de Portugal
Imagen del 24 de febrero del 2006. Emilio Pérez Touriño recibe de Carlos Lage la presidencia de la Comunidade de Traballo Galicia-Norte de Portugal XOAN A. SOLER

En 1999 se alumbró la idea de conectar Vigo y Oporto con un ferrocarril de alta velocidad. Hace veinte años sufrió su primer aplazamiento y todavía hoy no hay una fecha creíble para su puesta en marcha

18 ago 2026 . Actualizado a las 12:38 h.

Contaba Mario Soares que su mayor temor de que fracasase la Revolución de los Claveles de 1974 se lo causaba la idea de que Franco autorizase una invasión de Portugal por parte de los marines de Estados Unidos desde España. El dictador le hizo saber a través de Manuel Fraga, entonces su embajador en Londres, que en su calidad de gallego profesaba un «gran respeto por Portugal», y por ello nunca haría nada contra el país vecino. «Yo soy gallego y no acepto que Portugal no sea lo que quiera ser», aseguraba el padre de la democracia lusa que le había contado Fraga, reproduciendo a su vez las palabras del dictador.

Esa desconfianza de Soares, certificada después por papeles de una operación de asalto desclasificados por el Pentágono, hundía sus raíces en el resquemor portugués por las sucesivas e históricas incursiones monárquicas lanzadas desde España y que, entre otras circunstancias, contribuyeron a destruir la I República portuguesa.

Esa misma suspicacia transfronteriza ayudaría a embarrancar en el 2009 el proyecto de ferrocarril de alta velocidad lanzado diez años antes por el propio Fraga y João Cravinho, ministro entonces de Obras Públicas de Portugal. El PSD y su candidata a dirigir el Gobierno del país, Manuela Ferreira Leite, presentaban el AVE España-Portugal como una nueva arma táctica de invasión. Y aunque no ganaron las elecciones, el tren rápido entró en ese 2009 en una vía muerta de la que nunca ha conseguido salir. La Troika (Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) obligó a recortar gastos y proyectos en el país vecino para evitar un rescate que, ni siquiera sin AVE, lograron eludir.

El tren rápido Vigo-Oporto nació formalmente en el verano de 1999, cuando se firmó en la urbe portuguesa el primer protocolo para estudiar el enlace ferroviario, trabajo que ya de entrada consumió un millón de euros. José María Aznar y Durão Barroso asumían en la cumbre ibérica del 2003 la idea como un proyecto de ambos, y fijaban en el 2009 la primera fecha que se ha adoptado para poner en marcha el tren de alta velocidad.

Hoy cumple 20 años

El exceso de optimismo de entonces fue corregido tal día como hoy del 2006 por Emilio Pérez Touriño como presidente de la Xunta y el portugués Carlos Lage, que le cedía en dicha jornada al socialista gallego la presidencia de la Comunidade de Traballo Galicia-Norte de Portugal. «Faltou realismo porque non había ningunha posibilidade de cumprimento», reconocía la que era secretaria de Estado de Infraestructuras y acabaría siendo ministra del Mar, Ana Paula Vitorino. Como recoge la hemeroteca de La Voz de Galicia, ella propuso «reformalizar un compromiso serio de finalización» para el moderno tren, extremo que dio lugar en la cumbre entre Touriño y Lage a la contratación de un nuevo estudio conjunto sobre el enlace ferroviario, trabajo que costó 200.000 euros. Al mismo tiempo, se apeló a echar el calendario seis años hacia atrás y pensar en el 2015 como nueva fecha para empezar a disfrutar del tren lusogalaico de altas prestaciones.

La crisis y la mencionada Troika volverían a poner el contador a cero y a suspender indefinidamente en el 2011 el proyecto del AVE Vigo-Oporto en medio de las desconfianzas hacia las verdaderas intenciones de España, una creciente sensación en Lisboa de colonización empresarial hispana y las apreturas que el triunvirato económico estaba comenzando a imponer en el país vecino.

Y del AVE nonato se pasó en la década pasada a barnizar el tren Celta como una solución de apaño adoptada en la Cumbre Ibérica de Madrid del 2013, en la que Mariano Rajoy y Pedro Passos Coelho optaron por eliminar paradas intermedias para que el viaje en el viejo tren entre Vigo y Oporto durase 2 horas y 20 minutos.

Han pasado cuatro presidentes de la Xunta, otros tantos de España y ocho primeros ministros de Portugal desde que arrancó el proyecto del AVE y sigue sin haber un horizonte claro. Portugal acaba de retrasar su alumbramiento para el 2032; Madrid sigue priorizando la ruta desde la capital de España a Lisboa, y mientras, el Ejecutivo español volvió a comunicar ayer en el Congreso la necesidad de realizar nuevos estudios de demanda y rentabilidad de la línea entre Vigo y Oporto, para adaptarla a los cambios que se estudian incorporar a la manoseada salida sur ferroviaria viguesa a partir de la opción de que esta emerja al norte de O Porriño. Cambios y estudios que, por ahora, no hacen más que anclar el AVE Galicia-Portugal a su vía muerta, un espacio del que la Xunta advirtió ayer que no se podrá salir, como mínimo, hasta el 2038, casi medio siglo después de haberse anunciado.