En 1802 ese espacio estaba situado en la calle de la Oliva dirigido por Domingo Mozelo, que a la vez también ejercía de alguacil
08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Un cambio de funciones de un empleado municipal del Vigo de 1802 nos permite aproximarnos al Camino de Santiago de la época, cuando era únicamente una ruta de peregrinación religiosa sin ninguna connotación turística. Domingo Mozelo era entonces el alguacil de Vigo. Este empleado público hacía funciones similares a un policía municipal y judicial porque estaba a las órdenes del juez alcalde. A este hombre no le llegaba el dinero que ganaba con aquel trabajo por hallarse «sumamente cargado de familia» y que el oficio que ejercía «apenas llega para el corto alimento de ella». El alguacil sufría uno de los graves problemas que ya tenía Vigo en aquella época: la falta de vivienda. Esa escasez, en gran parte provocada por la falta de espacio donde construir dentro de las murallas, facilitó un notable aumento en el precio de los alquiles. El alguacil se quejaba en su escrito dirigido al Concello de que con su sueldo malvivía con tanto gasto.
En su escrito, el empleado municipal no solicitaba un aumento de sueldo sino un nuevo trabajo. «Con respecto a que el Hospital de Pobres de esta villa se halla vacante sin persona a cargo de quien están los enfermos, y teniendo como tengo familia suficiente para la asistencia de aquellos, en esta atención rendidamente suplica a ustedes se sirban atenderle con el expresado hospital para en parte subenir a sus necesidades y la de mi familia (sic)», pedía el alguacil.
La corporación le nombró hospitalero de los «pobres peregrinos de esta villa con el título de Espíritu Santo y la Magdalena a quien con quenta y razón se le entregue por el cavallero regidor de mes las ropas y más enseres que estavan al cargo de la anterior». Días después de asumir el nuevo cargo, Domingo Mozelo escribía al Ayuntamiento porque no encontraba la llave del cuarto donde se guardaban las ropas, al tiempo que advertía de que era necesario retejar el lugar. En ese escrito, señalaba que el hospital se encontraba «frente a la colegiata». La corporación accedió a realizar los arreglos y envió a un maestro carpintero al edificio. Pero el alguacil metido a hospitalero no cobró en todo el año siguiente. Lo sabemos porque en junio de 1803 se dirigía al juez de la villa para reclamar once meses de trabajo sin sueldo.
El historiador tudense Ávila y la Cueva explicaba a mediados del siglo XIX que hasta 1616 este hospital estuvo dividido en dos. Bajo la denominación de Espíritu Santo estaba el hospital dedicado a los pobres. Estaba situado «al norte de la iglesia colegiata, calle en medio donde hoy se halla la cárcel pública», explicaba el tudense, para referirse a la actual calle de la Oliva. El otro hospital, el de la Magdalena, se levantaba en donde hoy está la plaza de A Constitución, y estaba destinado a atender a los peregrinos que avanzaban hacia Compostela.
Una vez unificados, se mantuvo en la Oliva. José Espinosa, en Tierra de Fragoso, explicaba que tenía treinta camas de paja y estaba dotado de un médico, que cobraba 132 reales anuales, un cirujano (66 reales) y dos enfermeros (220 reales). La administración del centro recaía en un mayordomo que cobraba 440 reales. Este era el puesto al que aspiraba Domingo Mocelo.
En junio de 1814, cuando la antigua colegiata estaba a punto de desaparecer, el Ayuntamiento ordenó realizar obras en el hospital y habilitar un espacio para presos y otro donde guardar elementos de la colegiata mientras se realizasen las obras del nuevo templo.
Con la desamortización de Mendizábal se cerró el hospital para convertirse en una enfermería e incluso acoger tropas.