Las secuelas ocultas de la lluvia en Vigo

Antón Lois EDUCADOR AMBIENTAL

VIGO CIUDAD

La presa de Eiras lleva 30 años acumulando sedimentos.
La presa de Eiras lleva 30 años acumulando sedimentos. XOÁN CARLOS GIL

Arrastra y acumula sedimentos, compacta la tierra y ahoga los árboles y otras especies

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Quizás estos días no sean los mejores para afirmar que en Vigo llueve cada vez menos, pero eso es lo que demuestran los datos. Los procesos climáticos no se pueden analizar en función de lo que suceda esta tarde en el patio de casa, sino con las tendencias que nos indican las series históricas; y en el caso de las lluvias nos indican que en los últimos cien años en Vigo hemos pasado de una media de 4.000 milímetros de lluvias a medias de 2.800 milímetros. Este invierno está siendo por lo tanto excepcional. Los datos muestran también que no solo la cantidad, sino la tipología de las lluvias ha cambiado, pasando de esas lluvias suaves, pero mantenidas en el tiempo a unas precipitaciones cada vez más torrenciales.

Esto es un problema, pues los suelos en Galicia absorben relativamente bien el agua pero no la retienen y este exceso de lluvia está superando la capacidad de los suelos para asimilar tanta agua. Esto se traduce en una serie de problemas concatenados. En primer lugar la tierra de los montes periurbanos está duplicando su peso y aumentando su movilidad por estas balsas de agua que facilitan los desprendimientos y las escorrentías, como hemos visto en Bouzas; además de los deslizamientos y caídas de árboles, pero también en las cabeceras de los ríos. Eiras está recibiendo estos días toneladas de sedimentos que se acumularán a 30 años de erosión continuada (facilitada no solo por las lluvias, sino por los incendios recurrentes en los montes del curso alto del Oitavén) que seguirán disminuyendo su capacidad de almacenamiento de agua.

Cuando vuelva la sequía recuerden que seguimos sin hacer un dragado a fondo cuando podríamos hacerlo sin comprometer nuestras reservas y devolver a Eiras, Zamáns y Baíña un 30 % de su capacidad de forma rápida, sencilla, barata y sin impacto ambiental. Aguas abajo de Eiras, los ríos Oitavén y Verdugo arrastran el resto de la erosión que no se quedó en Eiras y llegará a la ría junto con enormes cantidades de agua dulce, alterando el balance de nutrientes, hiperfertilizando la cabecera de la ría y reduciendo su salinidad, cosa que no le sienta nada bien ni a los bancos marisqueros ni al ecosistema en su conjunto. Sin olvidar el Lagares, que arrastraba estos días enormes cantidades de tierra fértil que antiguamente servían de sedimentos para fertilizar la zona del valle de O Fragoso; las que eran con diferencia gracias a este aporte orgánico, las mejores tierras de cultivo de la ciudad (y por eso, además de las inundaciones recurrentes, casi nadie construía sus casas allí, que por algo se llama planicie de desbordamiento).

Hoy en lo que eran aquellas tierras de cultivo está la fábrica de Stellantis y el estadio de Balaídos, pero el río se sigue empecinando en confundir libertad con libertinaje y desbordar como hizo siempre. Conviene no olvidar nunca el grave problema de la erosión, que según los indicadores del entonces Ministerio de Medio Ambiente se cifraba en una pérdida de 36 millones de toneladas de suelo cada año en Galicia. El exceso de agua provoca también la pérdida de oxígeno en la tierra y su compactación, pudiendo provocar a los árboles una asfixia radicular y dejarlos vulnerables a las enfermedades fúngicas, muy especialmente en los árboles urbanos, que ya sufren un exceso de riego como en la Alameda o en los de las aceras cuyos alcorques (cuando los tienen) parecen una charca pues la tierra está absolutamente compactada e impermeabilizada.

La conclusión sería que también un exceso de lluvias continuado es un problema ecológico y, por si había alguna duda, estos episodios climáticos extremos llevan décadas previstos por los indicadores de los efectos del cambio climático.