De Vigo a 6.000 metros bajo el mar

Alejandra Pascual Santiago
aLEJANDRA PASCUAL VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Pablo Rodríguez y Héctor Sánchez sobre el AUV de más de seis metros y 1.500 kilos.
Pablo Rodríguez y Héctor Sánchez sobre el AUV de más de seis metros y 1.500 kilos. Oscar Vázquez

El Odón de Buen, construido en el astillero Armón en Beiramar, incorpora el primer vehículo submarino autónomo de España. Opera de forma autónoma y está equipado con varios sonares y una cámara para imágenes «con muy buen detalle»

20 ene 2026 . Actualizado a las 00:43 h.

Su color naranja chillón y su forma de torpedo no deberían llevar a engaño. El dron submarino del Odón de Buen, buque insignia de la oceanografía española construido en Vigo, es un arma de investigación llamada a marcar un antes y un después. Este equipo pionero, el primero en España, permitirá cumplir el sueño de explorar los mares a gran profundidad.

Su peso ronda los 1.500 kilos y su longitud es de 6,4 metros. Construido en fibra de carbono, el vehículo sumergible autónomo (AUV) de la fabricante noruega Kongsberg pueden alcanzar los 6.000 metros de profundidad a una velocidad máxima de cuatro nudos. Está equipado con varios tipos de sonar y una cámara de doce megapíxeles que «nos permite obtener imágenes con muy buen detalle y datos espectaculares», explica Pablo Rodríguez, técnico de la Unidad de Tecnología Marina (UTM), adscrita al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Tras su viaje inaugural a comienzos del 2025, en el que rompió el hielo por primera vez en la Antártida, el Odón de Buen regresó a aguas españolas y desde hace unos meses se encuentra en el puerto vigués para que la tripulación siga familiarizándose con los equipos instalados y realizando entrenamientos. Con su puesta a punto definitiva, el oceanográfico, construido en las gradas de Armón en Beiramar, permitirá al CSIC y al IEO realizar campañas de investigación de primer nivel. Y en ello tendrá mucho que ver el anaranjado AUV, al tener capacidad para sumergirse a seis kilómetros de profundidad, más lejos que el Titanic o hasta los fondos de las zonas abisales (comprendidas entre los 3.000 y los 6.000 metros).

Seguimiento desde los ordenadores a bordo.
Seguimiento desde los ordenadores a bordo. Oscar Vázquez

El vehículo opera de forma autónoma. «Lo preparamos para realizar una misión específica y, cuando la termina, regresa por sí solo a la superficie. Es increíble. Durante ese tiempo podemos olvidarnos de él, pero claro que en las primeras veces lo hemos estado controlando a bordo desde los ordenadores», destaca Héctor Sánchez, otro miembro del equipo técnico de la UTM. Antes de lanzarlo al agua, sus responsables programan el tiempo que debe pasar bajo el agua, la velocidad a la que descenderá hacia los confines de la Tierra, la dirección que tomará y la hora a la que debe volver hacia el punto pactado para recogerlo. Además, se establecen qué sensores se quieren activar en cada misión, de tipo geofísico, ambiental o fotográfico.

Por ahora, el equipo se ha puesto a prueba exitosamente en la entrada de la ría de Arousa, «donde existe un sistema de cañones oportuno para practicar con el vehículo», explica Pablo Rodríguez, frente a la costa de Oia y en Barcelona. Durante los próximos meses, es posible que tengan la posibilidad de seguir entrenando con tripulaciones oceanográficas de otros países y organizaciones dedicadas a la investigación marina.

Oscar Vázquez

A diferencia de un vehículo operado remotamente (ROV), el AUV no está habilitado de fibra óptica por la ausencia de un umbilical que lo conecte con la embarcación principal, pero los técnicos sí pueden conocer su localización durante la operación gracias a la comunicación acústica. «Con un ROV podemos ir recibiendo información y datos de calidad en tiempo real, pero este vehículo puede acercarse mucho más al suelo marino obtener mapas del fondo de muy alta resolución», explican como una de las diferencias más importantes.

Los cerca de 5 millones de euros de inversión aportados por el Gobierno para incorporar esta nave a su flota sitúan a España en la vanguardia europea de la exploración de escenarios submarinos remotos. El vehículo de Kongsberg funciona como un «multiplicador de esfuerzos» para la tripulación del Odón de Buen, un oceanográfico que Armón ha construido con un equipamiento avanzado en acústica biológica y que porta en su casco un sonar multihaz capaz de alcanzar los 15.000 metros y avanzar en la cartografía de los fondos. Esta es una actividad vital para la supervivencia del planeta, la gestión de recursos pesqueros y naturales, descubrir el cambio climático o la generación de conocimiento sobre fenómenos geológicos y oceanográficos que surgen de las profundidades y a veces impactan directamente en la Tierra, como los maremotos.

Oscar Vázquez

Pablo Rodríguez y Héctor Sánchez destacan además la incorporación de un buen abanico de sensores ambientales sobre el equipo. En cada lanzamiento, el AUV es capaz de recopilar una importante cantidad de datos sobre conductividad de temperatura, profundidad, oxígeno disuelto en la zona a explorar, metano y la turbidez y la floriografía. Además, para la actividad geofísica, la nave consta de dispositivos multihaz (un sistema avanzado que emite haces de sonido simultáneos para cartografiar el fondo marino con gran detalle) o un perfilador de sedimentos.

«El que tenemos en el Odón de Buen es el único vehículo sumergible de estas características con el que cuenta España», explica Rodríguez. La Armada está tramitando la incorporación de uno a su flota mientras otras empresas privadas también lo tienen previsto. A nivel internacional, más allá de sus infinitas aplicaciones científicas, naves como esta diversifican sus usos en actividades de rescate.