Ana María Alves heredó la tienda Tuya de su madrina y, con ella, un modelo de comercio tradicional que sigue con éxito gracias a la experiencia y a las necesidades de un público que busca cercanía y amabilidad
11 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.La mercería Tuya, desde cuya puerta se ve el aparcamiento de El Corte Inglés de Vigo, es uno de esos comercios que han sobrevivido a los cambios en la forma de comprar, de vestir y de vivir la ciudad. Al lado de ese gigante comercial, Tuya lleva 70 años abierta siendo nuestra. Al frente está Ana María Alves, que lleva 40 trabajando en el local y que conoce a buena parte de su clientela por el nombre, la talla y las costumbres.
Ana llegó a Vigo desde la localidad lusa de Vila do Conde siendo muy joven. «Vine un verano de vacaciones, me puse detrás del mostrador y me encantó. Les dije a mis padres que me quedaba», recuerda. Su madrina, Ana Acevedo Alves, fue quien la introdujo en el negocio. «Para mí fue como una madre. Me enseñó todo, desde atender hasta elegir bien el género», afirma. Acevedo había abierto la mercería cuando la zona apenas tenía actividad comercial. «No había casi nada alrededor. Vio cómo iba creciendo El Corte Inglés desde aquí. Ella fue una emprendedora de su época, empezó sola y siendo muy joven, algo que por desgracia no era nada habitual para una mujer», reflexiona.
Hoy, Tuya sigue siendo una mercería en el sentido más amplio del término. Sujetadores, bragas, pijamas, batas, zapatillas de estar en casa, camisones, ropa cómoda para personas mayores, artículos específicos para residencias y una amplia selección de mercería clásica conviven en el mismo espacio. «Trabajamos para muchos mundos», resume Ana.
La clientela es mayoritariamente adulta, pero también llegan hijas y nietas de antiguas compradoras. «Muchas me dicen que su madre o su abuela venía aquí hace años y ahora vienen ellas».
Una de las claves del negocio es la atención. La experimentada comerciante adivina tallas, tejidos y necesidades casi sin mirar. «Aquí se prueba todo lo que haga falta. La gente agradece que le hables, que le expliques sin prisas, que no le pongas mala cara», dice. Esa confianza construida a base de adquisiciones duraderas se traduce en gestos que ya no son habituales: llevarse una prenda a casa para probarla con calma en vez de hacerlo allí, o pagar en otro momento si hace falta cuando la clientela es como de la familia».
Pese al cierre de muchas mercerías, Ana no ve el futuro con pesimismo. «Cuando te haces mayor, necesitas ropa cómoda y práctica. Eso siempre va a hacer falta», afirma una vendedora a la que se le nota que le encanta su trabajo.
Durante años, el negocio fue compartido entre varias personas. Además de la fundadora, trabajó una empleada y Conchi, la hermana de Ana, que estuvo en la mercería durante décadas y se jubiló tras la pandemia.
Cuando Ana Acevedo se retiró, su ahijada continuó al frente del local. La fundadora falleció hace dos años, a los 93. Y ahora, Ana cuenta con la ayuda de Sara, la novia de su hijo Pablo, que también es un enamorado del sector y creció entre botones, puntillas y cajas de cintas de organza y terciopelo. En él tiene su madre puestas todas sus esperanzas para que continúe el negocio cuando ella se retire. Pero para esa historia aún queda tiempo. Cuando ella comenzó a trabajar en la tienda, el mundo de las mercerías vivía otro ritmo. «Había colas de modistas que venían a por botones. Yo no sabía hablar español y empecé atendiendo solo con eso», recuerda. Entonces, gran parte de la ropa se hacía a medida y los arreglos formaban parte del día a día. Hoy el panorama es distinto: «Ahora los botones se venden más para arreglar que para coser ropa nueva. Hay menos modistas y menos gente que se hace la ropa», dice mientras atiende a una clienta: «Este sujetador recoge de maravilla», explica con ese lenguaje que traduce en tres palabras el quid del sostén.
La mercería también ha sabido responder a necesidades concretas. Entre ellas destaca la demanda de sujetadores de algodón sin aro, especialmente solicitados por mujeres pacientes de cáncer de mama. «Vendemos muchos por eso. El algodón es lo más adecuado en esos casos», explica. Trabajan sobre todo con marcas españolas, aunque también hay alguna portuguesa, y mantienen el sistema tradicional de compra a través de representantes y muestrarios. En las estanterías de madera se apilan decenas de cajas de todos los colores y tamaños. «Han desaparecido muchas marcas. Las últimas, Marie Claire y Belcor, pero sigue habiendo muchísimas referencias», destaca sobre un sector en el que. a pesar de lo que pueda parecer, hay que estar muy al día.
Desde 1955
Dónde está
Calle México, 45. Vigo