Mejor sería retirar los 63 kilómetros de tuberías con amianto en Vigo
VIGO CIUDAD
La toxicidad demostrada del material que conduce el agua es solo por inhalación
06 ene 2026 . Actualizado a las 02:25 h.Coincidiendo con el anuncio de la tercera prórroga a la concesionaria del servicio de abastecimiento del agua, el Concello declaraba que Vigo sustituiría 25,3 de los 63,8 kilómetros de tuberías de amianto en los próximos cinco años. En realidad, lo importante del anuncio debería ser que en Vigo todavía quedan más de 63 kilómetros de tuberías de fibrocemento que contienen entre un 10 y un 20 % de amianto para el abastecimiento del agua, de las que solamente se sustituirán menos del 40 % en el próximo lustro. Pero vayamos por partes.
Ante todo conviene explicar de qué estamos hablando. El amianto (o asbesto) es un grupo de minerales naturales fibrosos (silicatos) que se presentan en forma de fibras muy finas, duraderas y flexibles. Este material es muy resistente al calor, un buen aislante térmico y acústico, también muy resistente a la corrosión físico química y finalmente… muy barato. Con semejantes virtudes se imaginarán que desde los años 50 hasta los 80 del siglo pasado se utilizó masivamente en la fabricación de cubiertas de uralita, fibrocemento, placas de techo, aislamientos, tuberías e incluso frenos de coche.
¿Qué podía salir mal? La respuesta nos la proporcionó la combinación de tiempo y ciencia o, lo que es lo mismo, con el tiempo descubrimos que no era todo tan bonito: nuestro fantástico y versátil material constructivo era altamente tóxico para el sistema respiratorio. Poco a poco descubrimos la asbestosis, que se traducía en: fibrosis pulmonar progresiva (cicatrización que dificulta respirar), cáncer de pulmón, mesotelioma (un cáncer muy agresivo de la membrana pulmonar) o peritoneo (casi exclusivo del amianto) y otros cánceres, como laringe, ovarios, además de engrosamiento y derrames de placas pleurales. Resumiendo: el amianto era un potente agente cancerígeno para las vías respiratorias, especialmente por inhalación y las enfermedades aparecían entre 10 y 50 años después de la exposición, especialmente si dicha exposición era prolongada o intensa, aunque su toxicidad es tal que no hay nivel seguro conocido, por eso su utilización se prohibió a finales del siglo pasado, cuando empezaron sus programas de retirada.
Dicho esto, quizás estén pensando en no volver a abrir el grifo del agua, especialmente si viven en una de las zonas de la ciudad con viejas tuberías de fibrocemento (que estaría bien mapear y poner la información a disposición pública), pero que no cunda el pánico. La toxicidad del amianto es fundamentalmente por inhalación, aunque existen sospechas, sin datos concluyentes de momento, de potenciales problemas por ingestión si las tuberías están muy degradadas, aunque las fibras que podamos ingerir por el desgaste de las viejas tuberías las eliminamos mayoritariamente, ya imaginan cómo, pero parte de ellas pueden acumularse.
La retirada de estas tuberías obedece a la aplicación del principio de precaución y, en aplicación de dicho principio, debería ser una actuación prioritaria y urgente, y los trabajadores que tengan que manipular esas tuberías deben extremar al máximo las precauciones y equiparse con los mejores sistemas de protección. Los residuos de amianto, como esas tuberías deben manipularse, transportarse y gestionarse posteriormente como residuos tóxicos y peligrosos. Renovar las antiguas tuberías que contienen amianto y, simultáneamente, reparar todas las fugas de agua en nuestra red de abastecimiento, además de implementar medidas de ahorro y uso eficiente de forma permanente, no esperando a las alertas por sequía, sino previniéndolas, deberían ser las actuaciones prioritarias en esta nueva prórroga de la gestión del agua. Remunicipalizar un servicio esencial parece ser que, otra vez, no toca.