Cómo desaparece un cuerpo

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

VIGO CIUDAD

Alejandro Garcia | EFE

26 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Entre la Porta do Sol de Vigo y Badalona median 1.152 kilómetros de distancia y un escalón temporal hacia un futuro que puede ser terrible. Lo habrán leído desde la distancia y la indiferencia con las que gestionamos las tragedias humanas que creemos que no nos tocan de cerca: 400 personas sin permiso para residir en España fueron desalojadas de un viejo instituto badalonés sin que el ayuntamiento tuviese previsto dónde iban a ser reubicadas. La consecuencia ha sido una semana terrible, con los migrantes buscando cobijo, organizaciones como la Iglesia o Comisiones Obreras ofreciendo alternativas y un grupo de vecinos enorme comportándose como una razia fascista a la que solo les valía la desaparición de los inmigrantes. En el sentido físico de la palabra.

Es curiosa la capacidad que tiene el ser humano en su peor versión para creer en la magia. Porque «desaparecer» un cuerpo es dificilísimo. Los seres humanos estamos hechos de materia y su transformación requiere de un tiempo que algunos no están dispuestos a esperar. Ahí está ese estándar de las películas de asesinatos con el protagonista intentando ocultar un cuerpo y fracasando casi siempre.

Así que quizás pensaba el alcalde Albiol que las 400 personas desalojadas simplemente se iban a esfumar, a volatilizarse, iban a desintegrarse, disiparse, iban a pasar a ser un no ser. Pero la historia demuestra que no es tan fácil y que no hay un método definitivo. Los nazis recurrieron a la cremación; los fascistas argentinos al lanzamiento desde aviones; los franquistas españoles a las claudias nocturnas y los stalinistas a confesiones falsas conseguidas mediante tortura. Pero ni aún así consiguieron que sus víctimas desaparecieran porque la historia las rescató. Badalona está a 1093 kilómetros de la plaza de María Pita. O no.