Un belén de dimensiones bíblicas en Vigo

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

XOÁN CARLOS GIL

Carlos Estévez es el autor de una filigrana de 50 años que despliega en el escaparate de su comercio; este año se puede ver de milagro por problemas de salud, «pero San Pedro no me quiso allá arriba»

19 dic 2025 . Actualizado a las 19:41 h.

El belén de Carlos Estévez cumple este año medio siglo de vida convertido en uno de los orgullos vecinales de la Travesía de Vigo. Lo que empezó como un pequeño nacimiento fue creciendo con el paso del tiempo hasta transformarse en una instalación de más de siete metros y medio, con varias alturas, decenas de escenas y figuras en movimiento gracias a mecanismos ideados por él, que cada Navidad atrae a vecinos y curiosos.

Carlos, ourensano de Padrenda y vigués de adopción, lleva toda una vida dedicado al belenismo tras dejar atrás otras aficiones como la caza o el fútbol. «Este belén fue creciendo con el éxito y ahora ya es patrimonio del barrio», presume. No es su único trabajo: además del belén de su comercio familiar, monta otros nacimientos en parroquias y espacios vecinales de la zona, como San Ignacio de Loyola, Nosa Señora de As Neves, Santo Cura de Ars o la capilla de Os Liñares en Canido.

M.MORALEJO

Este año, sin embargo, el belén estuvo a punto de no salir adelante. Un serio problema de salud con una complicada intervención abdominal puso en duda que pudiera ver la luz. Pasó varios meses en el hospital y otros de recuperación en casa. Aun así, a partir de noviembre logró retomar poco a poco la actividad. «Fue un milagro estar aquí», reconoce, tirando de ironía para explicarlo mejor: «San Pedro no me quiso allá arriba porque no había terminado el belén», afirma con humor.

Lejos de repetirse, el nacimiento de este año incorpora cambios y novedades. Carlos ha rotado elementos clásicos —como el castillo o el portal— y ha añadido escenas nuevas en otros nacimientos que realiza por la ciudad: fuentes con varios chorros de agua, una pescadería en movimiento, jardines inspirados en Babilonia y hasta plantas naturales cultivadas por él mismo. Todo, como siempre, con materiales reciclados y mecanismos ideados a partir de motores reaprovechados y piezas rescatadas, una seña de identidad de su trabajo desde hace décadas.

Lo que echa de menos es un poco de colaboración. «Muchos piden y aseguran que van a ayudar, pero cuando llega el día, están muy ocupados», lamenta. Pero no todas son quejas en ese sentido. Por ejemplo, alaba la ayuda de las pintoras que le prepararon fondos y paneles de gran formato para el templo de As Neves de Teis.

Durante años, Carlos llegó a montar hasta once belenes al mismo tiempo, repartidos entre parroquias, barrios y aldeas. Uno de los más exigentes lo hacía en su localidad natal, el concello de Padrenda, en el límite con Portugal, donde el montaje le ocupaba varios días y obligaba a fabricar incluso la tarima. «Antes había más espíritu de equipo para estas cosas, ahora ya no», explica, consciente de que muchas de esas tradiciones se sostienen únicamente por la voluntad de quien se empeña en mantenerlas vivas. 

El comerciante belenista, en el interior de la tienda, negocio que retomó su hija tras su jubilación aunque ahora ella ha hecho un paréntesis por problemas de salud.
El comerciante belenista, en el interior de la tienda, negocio que retomó su hija tras su jubilación aunque ahora ella ha hecho un paréntesis por problemas de salud. M.MORALEJO

La historia del belén va unida a la del comercio de tejidos que Carlos y su mujer, Adelaida Vaquero, abrieron hace ahora 52 años en Travesía de Vigo. Cuando llevaban dos de actividad, dejó de montarlo en casa para llevarlo al escaparate de la tienda y así se empezó a convertir cada Navidad en el escenario del nacimiento compartido con el barrio.

Las batas de Amancio Ortega

El establecimiento es también una pequeña cápsula del tiempo del comercio gallego, donde aún se conservan prendas originales de Goa, la marca con la que Amancio Ortega dio sus primeros pasos antes de Inditex. Batas con una hechura elegante, conservadas nuevas y con etiquetas, que podrían pasar a la historia de un hipotético museo de esta empresa si algún día se les ocurre.

Carlos, coleccionista nato y manitas incansable, combina ese apego por los objetos con otra de sus grandes pasiones: el belenismo y la vida cultural del vecindario, donde también ha sido pieza clave en comparsas de carnaval.

La pareja lleva jubilada ya hace unos años. Su hija mayor, Mónica, retomó el negocio pero por razones de salud ha tenido que hacer un paréntesis laboral. Lo que no puede esperar es el belén. Para Carlos, su montaje es mucho más que una afición, y más en un momento de debilidad en el que llegó a pensar en el que ya no habría ninguno más. «Estar quieto me comía», confiesa. Llegó a perder 20 kilos y ya ha recuperado 13. En cuanto se vio con fuerzas, se lanzó a por la recreación de ese nacimiento en el que la pieza clave, el niño Jesús, no se coloca hasta la mañana del 25 de diciembre. Para ellos, a punto de cumplir los 80 años, Estévez sigue agachándose, haciendo peligrosos equilibrios para completar el laborioso y complejo montaje, ajustando piezas y dando vida a un nacimiento que, 50 años después es siendo símbolo del ingenio de un «lideiras» con arte y constancia, que dignifica la vida comercial y cultural del barrio. Desde que volvió a levantar la persiana, los viandantes frenan la marcha ante semejante obra de filigrana bíblica. Se puede ver todas las tardes de lunes a viernes de 17.30 a 21.00 horas hasta mediados de enero.

Desde 1975

Dónde está

En el número 135 de la Travesía de Vigo.