La Navidad se expande por Vigo: «Es buena idea ir más allá del centro»

alejandro martínez VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Vialia y Bouzas amplían la oferta en un fin de semana, con lluvia y sin megafonía, lleno de luces y turistas

23 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Pese a la lluvia persistente y al frío, mucha gente llenó el centro de Vigo ayer sábado, una semana después del encendido navideño. Paraguas abiertos, colas ante los puntos fotográficos y un flujo constante de visitantes marcaron la tarde. Y, a la vez, la ciudad confirmó la gran novedad de este año: la Navidad de Vigo se expande, con dos focos recién incorporados —Vialia y Bouzas— que diversifican la afluencia y alivian al eje principal.

El centro ofreció un ambiente atípico. Por primera vez, no hay música ambiental en la noria, en Policarpo Sanz ni en el entorno del Cíes Market. El Concello ha optado por prescindir de megafonía para respetar el descanso vecinal, lo que dibujó una estampa inédita: el bullicio de la gente como única banda sonora. Solo el gran árbol de Porta do Sol mantuvo un hilo musical muy tenue, casi imperceptible.

Aun así, el centro fue un hervidero ayer por la tarde. El Cíes Market trabajó sin descanso: empanadillas, gofres, bisutería, hamburguesas, kebabs, arepería y el clásico bollo preñado atrajeron colas moderadas. Entre los puestos estaba Miguel, hostelero del Grove: «Me dicen que está la cosa un poco floja de momento, que lo normal es que a partir de diciembre ya empiece. En O Grove son meses parados, vimos la opción de venirnos aquí y nos ha salido bien. Ofrecemos croquetas caseras cien por cien».

En este recorrido central sobresalió un grupo que llamó la atención por su tamaño: 22 personas llegadas desde Braga y Famalicão, distribuidas en cinco coches. «Muito bonito», repetían mientras posaban ante el árbol gigante, confirmando una vez más el magnetismo que Vigo ejerce en el norte de Portugal incluso en días de lluvia.

La expansión de la Navidad se notó especialmente en Vialia, donde el mercadillo interior registró mucha actividad desde media tarde. Hubo colas para acceder por el ascensor Halo, uno de los accesos favoritos para evitar la lluvia y llegar al recinto comercial. El flujo, continuo y sin parones, evidenció que este nuevo foco de la decoración navideña funciona como pulmón para el resto de la ciudad. 

Bouzas

En Bouzas, el mercadillo —otra de las novedades de esta edición— arrancó de forma tímida en su primer día, con un goteo de visitantes condicionado por la lluvia y por el hecho de que muchos vecinos desconocían el horario. Aun así, el ambiente fue creciendo poco a poco entre casetas iluminadas y paseantes despreocupados.

Allí atendía Rubén Suárez, cuyo puesto fue el primero en ofrecer choripán con queso de tetilla. «Mucha gente ni sabía que abríamos este fin de semana. Pero Bouzas siempre se anima, sobre todo con el parque de los niños. Es buena idea expandir la Navidad más allá del centro», explicaba.

El tráfico fue denso en determinadas entradas, pero sin escenas de saturación, como ha sucedido en ediciones anteriores.

En las calles, la presencia de voluntarios municipales resultó clave para mantener la movilidad peatonal. Equipados con chubasqueros y paraguas, atendían consultas, orientaban a los visitantes y vigilaban los cruces más complicados.

Entre el silencio impuesto, los nuevos polos de actividad y un público que no se dejó intimidar por el mal tiempo, Vigo confirmó este sábado que su Navidad ya no es solo cosa del centro. Ahora crece por los barrios para repartir mejor a sus miles de visitantes. A medida que avance diciembre, la afluencia será previsiblemente mayor, siempre y cuando el tiempo lo permita.

Los hosteleros y vendedores coinciden en señalar que las primeras semanas suelen ser más tranquilas y que el verdadero impulso a la Navidad de Vigo llega cuando se acercan las fechas festivas y el público organiza sus visitas con más antelación. También influyen las condiciones meteorológicas: si las lluvias dan tregua, el flujo de visitantes se multiplica.

«Siempre es muy bonito y estamos ansiosos de venir cada año a ver las nuevas luces» 

Muchos de los que recorrieron Vigo aye sábado no solo venían de visita: también eran vecinos que llegaron hace tiempo desde otros países y que están descubriendo cómo se vive aquí la Navidad. Entre ellos están Gianfranco y Joaquín, dos jóvenes peruanos que ya sienten estas fechas como parte de su vida en la ciudad. Gianfranco, residente en la ciudad desde hace un año y medio, ayer sábado recorría el entorno de Porta do Sol con la misma ilusión que cuando llegó. «Vine por estudios y vi mi primera Navidad el año pasado. Me gustó mucho las luces que ha colocado en toda la ciudad. Muy, bonito cómo se vive la Navidad aquí. Por más que uno está distante de la familia, se siente ese cariño», explica.

Para él, la edición de este año viene con un salto evidente. «Han crecido inmensas luces. Veo que hay un poco más que el año pasado. Siempre es muy bonito y da ansiedad venir cada diciembre a ver las nuevas luces que ponen», comenta mientras observa el ambiente.

A su lado camina Joaquín Antonio, también peruano, que el próximo 20 de diciembre cumplirá tres años viviendo en Vigo. Ya es su tercer encendido. «Me encanta pasarlo aquí. Es un buen ambiente», resume con naturalidad, acostumbrado ya al ritmo de la ciudad en estas fechas.

Ambos reconocen que diciembre es un mes especial y contradictorio: por un lado, la distancia con la familia pesa; por otro, la celebración de Vigo les ofrece un refugio emocional y una forma distinta de vivir la Navidad. Las luces, la actividad del centro, los mercadillos y el movimiento constante de gente les ayudan a construir nuevas rutinas y a llenar el calendario de recuerdos propios. Como sucede en esta temporada, la ciudad recibió además a visitantes de toda Galicia y Portugal.