Fallece Alfonso Mouriño, el perito que facilitó la llegada de Citroën a Vigo

M.A.P. VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Fue secretario general de la Zona Fanca y se convirtió en Vigués Distinguido en el 2000

20 nov 2025 . Actualizado a las 01:00 h.

Vigo despide al perito mercantil que facilitó la llegada de Citroën a la ciudad. Alfonso Mouriño Trigo falleció el pasado domingo, a los 94 años, después de toda una vida de entrega al desarrollo industrial de la mayor ciudad de Galicia. Casado con Margarita Lourido, se fue reconfortado por el cariño de cinco hijos, diez nietos y tres bisnietos.

Entre 1946 y 1957, Alfonso Mouriño compaginó su trabajo como administrativo con el estudio de Profesorado Mercantil. Su bagaje en el ámbito empresarial le abrió las puertas de la Zona Franca de Vigo a finales de la década de los 50. Dio sus primeros pasos en el consorcio como jefe de Administración y Contabilidad, hasta que su condición de trabajador nato y cumplidor del deber lo elevaron a secretario general en 1989. 

Partició en la compra de los primeros terrenos en las parroquias de Matamá, Pereiró y San Andrés de Comesaña, forjando el asentamiento de la fábrica de Citroën, que hasta ese momento montaba provisionalmente los dos caballos en un depósito de la calle Areal.

En el 2000, tras retrasar tres años la jubilación, la Zona Franca aprovechó su retirada para proponer que le nombraran Vigués Distinguido. Y así fue. El organismo estatal dio buena cuenta de su papel en la llegada y el asentamiento de Citroën en la ciudad en 1958, asegurando espacio a la multinacional y el desarollo de toda su cadena auxiliar en los polígonos de Balaídos y Valadares. 

Después de 53 años dedicado a la promoción empresarial, Mouriño Trigo se convirtió en el funcionario más antiguo de la Zona Franca. En 1999, se retiró con la satisfacción del deber cumplido y después de ver cómo el fabricante de la automoción se había consolidado como el gran motor industrial del sur de Galicia. A partir de entonces, tuvo tiempo para practicar deporte. Porque su condición de montañero consumado nunca pasó desapercibida. Durante años, se permitió cultivar su pasión por la numismática y el lujo de subir al pico más alto de los Pirineos. La vida incluso le permitió hacerlo acompañado por algunos de sus nietos, como recogía la periodista Carmen Parada en una entrevista que realizó en mayo de 1997. «¿Qué hace un día cualquiera?», preguntaba ella. Él respondía de manera ilustrativa: «Entro en mi despacho a las ocho y suelo irme a las ocho de la tarde, con tiempo para comer, claro. Los días de ocio los paso con mi familia».