Ismael Jordi, un Werther para el futuro

Hugo Álvarez Domínguez

VIGO CIUDAD

El tenor Ismael Jordi, en el pasaje final de «Werther», con la mezzosoprano Olga Syniakova; detrás, la Orquesta Sinfónica Vigo 430.
El tenor Ismael Jordi, en el pasaje final de «Werther», con la mezzosoprano Olga Syniakova; detrás, la Orquesta Sinfónica Vigo 430. José Grobas

El tenor jerezano cimentó una lectura feliz en su debut en el rol de la obra de Massenet, cuya versión semiescénica presentó Amigos de la Ópera de Vigo

10 nov 2025 . Actualizado a las 18:49 h.

En los últimos años, Amigos de la Ópera de Vigo viene realizando sin ínfulas ni alharacas una labor encomiable que comporta, entre otras iniciativas, invitar a estrellas españolas de proyección internacional para debutar en roles operísticos en su programación del ciclo Otoño Lírico. Si la temporada pasada la soprano vasca Vanessa Goikoetxea (este año canta en el Maggio Musicale Fiorentino, la Fenice de Venecia o el Teatro Municipal de Santiago de Chile) hizo aquí su primera Madama Butterfly, ahora el tenor jerezano Ismael Jordi (discípulo de Alfredo Kraus y una de las figuras españolas en su cuerda, requerido a nivel internacional) escogía Vigo para su primer Werther, de Jules Massenet, uno de los papeles más emblemáticos de Kraus. Aunque el Teatro Afundación no se llenó este pasado sábado, la cita suscitó el interés de aficionados de toda España y Amigos de la Ópera de Vigo se apuntó un tanto: un reclamo así es infrecuente en Galicia de un tiempo a esta parte.

En una versión semiescénica, Ignacio García, desde la dirección de escena, planteó un movimiento mínimo con la orquesta sobre las tablas y los cantantes en primer término, con adecuadas videoproyecciones para contextualizar la acción. Como resultó un acierto el trabajo a la batuta de Óliver Díaz, que entendió las carencias de la Orquesta Sinfónica Vigo 430, logrando uno de sus mejores desempeños por afinación y empaste. La partitura posee sutilezas en las que esta orquesta no puede penetrar (hubo algún descuadre y un par de entradas en falso), pero la evolución es notable respecto a óperas anteriores. La dirección tuvo mucho que ver.

Como Werther, Ismael Jordi (dominando la lógica presión emocional al comienzo) cimentó una lectura feliz; con sus medios, sin forzar la emisión, dando una lección de clase y estilo. Elegante y delicado, se recreó en reguladores y medias voces en una encarnación in crescendo: sus mejores momentos llegaron a partir del tercer acto —Pourquoi me réveiller? conjugó intensidad y refinamiento y el final fue de manual—. ¿Se puede pedir un punto más de carne, volumen o aliento lírico en pasajes del segundo acto? Seguramente, pero traicionaría la naturaleza vocal de un Jordi que dio un paso firme con un rol que madurará en próximas producciones.

Olga Syniakova (también debutaba en Charlotte) tiene instrumento sonoro, homogéneo y bien timbrado, aunque faltó fantasía fraseando; mientras que Iria Goti destacó por calidad tímbrica y escuela de canto en Sophie —es cantante con trayectoria a seguir de cerca—. Gerardo Bullón (Albert) y Fernando Latorre (Bailli) fueron lujos para sus roles, no por breves menores, y Enrique Martínez y Pedro Martínez cumplieron sobradamente como los compadres que festejan los placeres báquicos. Sin problemas la escolanía, la del pontevedrés Coro del IES da Xunqueira 1.

En fin, reseñable debut de Ismael Jordi en un rol con marcada carga emocional. Debe sentirse orgulloso. También Amigos de la Ópera de Vigo por presentar en Galicia algo así con mucho empeño. Kraus, desde algún lugar, estará orgulloso: Jordi será un Werther para el futuro.