Vigo reclamó en 1884 integrarse en la provincia de Ourense

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

La iniciativa surgió por el intento de un diputado por Pontevedra de trasladar el lazareto a la isla de Tambo

12 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Si en 1866, un diputado llevó al Congreso la conveniencia de eliminar la provincia de Pontevedra para incorporar su territorio a las provincias de A Coruña y Ourense, dieciocho años después, una polémica con la ciudad de Pontevedra, llevó a las fuerzas vivas de Vigo a reclamar su incorporación a la provincia de Ourense.

Todo surgió por un telegrama enviado a la prensa madrileña por el diputado Eduardo Vincenti, en nombre del pueblo de Pontevedra. En él se pedía el cierre del lazareto de San Simón, aduciendo que no cumplía las leyes sanitarias porque «durante la marea baja, se puede ir andando desde la playa fácilmente », para añadir que de esta forma «originará la entrada del cólera en España». El telegrama era publicado, en julio de 1884, en un contexto de epidemia de cólera morbo en diversas localidades costeras europeas y la correspondiente preocupación de que se extendiese por España.

En Vigo se interpretó el comunicado como un ataque contra la ciudad, ya que la apertura del lazareto, cincuenta años antes, había supuesto un gran revulsivo económico. Desde el principio se vio en esta acusación un intento de trasladar el lazareto a la isla de Tambo. La reacción fue inmediata en Vigo. Se enviaron telegramas a los mismo periódicos madrileños para rebatir las acusaciones, recordando que tales noticias podían influir en la afluencia de turistas veraniegos y se recordaba que el presidente del Gobierno, Cánovas del Castillo, veraneaba en Mondariz, «a cuatro leguas del lazareto».

El 21 de julio de 1884, el teatro-circo Tamberlick acogía una multitudinaria reunión con el objeto de debatir la respuesta viguesa. Tras constituirse una mesa presidencial, Joaquín Pérez trató de demostrar «la multitud de agravios que Vigo tiene recibido de Pontevedra, agravios a que era preciso poner término de modo honroso, gestionando cerca del Gobierno que la parte sur de la provincia se aparte y segregue de Pontevedra, y se incorpore a Ourense, con quien se vivirá en armonía, con los dulces lazos de amistad y del honrado trabajo».

Su discurso fue recibido con grandioso entusiasmo. Emilio Taboada, director de El Diario de Vigo, sugirió que se nombrasen comisiones para acordar el modo y la forma en que se plasmase la protesta. Por su parte, José Álvarez Mora abrió la puerta de los tribunales por la alarma producida. Pedro Martín Molíns añadió que las continuas hostilidades pontevedresas llevaron a los vigueses «a no tratarla como una hermana sino como una madrastra», y apoyaba la segregación y la unión con Ourense. El abogado y periodista Manuel Rodríguez Cadaval insistió en que Vigo debía emanciparse y para ello sugirió la conformación de una comisión, que quedó conformada por el alcalde, Manuel Bárcena, Eduardo Chao, Hipólito Llorente, Antonio López de Neira, Joaquín Yáñez Rodríguez, Juan Tapias, Eduardo Iglesias, Manuel Rodríguez Cadaval, Antonio Aguiar, José Ramón Curbera, Eduardo Méndez Brandon y los directores de Faro de Vigo, La Concordia y El Diario de Vigo. La sesión se cerró con vivas a Vigo y Ourense.

Tras esta reacción, los periódicos madrileños restaron credibilidad a Vincenti, que contraatacó diciendo que él y dos compañeros más pudieron salvar la distancia entre la costa y la isla, «nadando en tan solo cuatro minutos». Desde Vigo se dijo que Vincenti no sabía nadar y que efectivamente estuvo rondando la isla, pero en un barco de alquiler. Sanidad y el Gobierno Civil hicieron público un comunicado en el que afirmaron que se habían adoptado todas las medidas para garantizar la salud pública.

La Voz de Galicia terciaba en la polémica a favor de Vigo: «Muy legítimos serían los temores del pueblo de Pontevedra si fuesen desprovistos de exageraciones», decía este periódico. «Decir y propalar que el lazareto de San Simón está en pésimas condiciones; afirmar que se puede llegar a él por tierra en las bajas mareas; insinuar malévolamente que el pueblo de Vigo pospone al vil interés y a bastardas ambiciones todo lo más sagrado y más digno respeto, francamente nos parecen exageraciones de tal calibre que solo en el calor de la improvisación son disculpables », se podía leer entonces en La Voz.