Calamares de Vigo a la conquista de Madrid

Begoña Rodríguez Sotelino
begoña r. sotelino VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Mon Tapias gestiona dentro de Costello Market un rincón con sabor gallego que ofrece también pulpo regado con aceite de oliva de Alejandro Sanz o bocatas de mejillones en honor a Iago Aspas

02 oct 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El bocata de calamares es una de las señas de identidad culinaria de Madrid, a la altura en fama del cocido o los callos. Las guías advierten a los visitantes que no deberían abandonar su visita a la capital sin probar este mítico bocado que reina en los bares alrededor de la Plaza Mayor, pero se extiende por numerosos establecimientos castizos.

El vigués Mon Tapias, sin miedo pero con mucho respeto, ha querido trasladar a la capital de España la versión local del bocata de calamares que cualquier jodechinchos puede probar cuando deja la Meseta y se acerca a las Rías Baixas. Tapias, que tiene 46 años y lleva en Madrid desde que dejó su casa a los 17, atesora un pasado profesional relacionado con el sector de la producción musical y la radio, pero tiene dos socios que llevan en la hostelería 23 años. «Y yo llevo 12 con ellos», explica. Recientemente transformaron por completo un local que se llamaba Costello Río, situado en el barrio de Arganzuela, al lado del río Manzanares. «Lo tiramos entero, creamos un mercado con varios puestos y uno de ellos es DVigo Calamari, que es del que yo me encargo directamente», cuenta.

Nuestra idea era montar un espacio gastronómico muy madrileño, queríamos huir de sushis y de tailandeses, y hacerlo al estilo castizo, pero yo, que soy muy de Vigo, les propuse un toque gallego dentro del mercado, con la marca DVigo, que la tengo registrada. Y encajaba bien tener ese bocado de Vigo en Madrid», explica.

El bocado al que se refiere son en realidad varios, pero tiene un protagonista, el calamar, que es el que da nombre al local. Y lo sirven de dos maneras, como ración bautizada como Chollo, «como si estuvieras en las islas Cíes», y en bocata, con el nombre de Jicho. Además tienen pulpo gallego, «como si estuvieras en Ons», que es «gallego 100 %, no de Marruecos.

Al bocata de mejillones, piparra y patatillas en pan de cristal y mayonesa de lima hay que darle un toque final aplastándolo con el puño. Le han llamado Príncipe de las bateas en honor al futbolista celeste Iago Aspas. «Es una especie de homenaje a alguien que lo ha dado todo por el equipo de la ciudad», afirma el empresario al mando de DVigo Calamari, en cuya carta también hay pimientos de padrón «y callos con pata y morro y con garbanzos, como los de Vigo», añade.

Tapias asegura que nunca se hubiera metido en hostelería si no tuviera dos socios que llevan más de dos décadas de experiencia en el sector, «porque al final es un mundo nuevo para mí, aunque reconozco que lo acabo de descubrir y lo estoy disfrutando muchísimo», afirma.

El neófito no quiere pasar por encima de esa experiencia de perfil, y si el objetivo es crear un bocata de calamares, «no lo vamos a hacer con pota, sino con calamares de verdad, como los que se sirven en Vigo, porque el sabor gallego que buscamos para que teletransporte al cliente, se lo da el mismo producto de allí, pero puesto aquí», recalca desde Madrid sobre una idea que está funcionando bien y se refuerza a través de la palabra con expresiones coloquiales. «Son muy nuestras y yo quería que cada producto se representara a través de ellas para poder jugar con eso», explica el vigués que tiene como proveedor a la empresa con sede en Moaña Wofco, «porque los conozco de toda la vida y son profesionales de toda confianza».

De todas formas, lo que también tiene muy claro Mon Tapias es que su proyecto no nació para competir con emblemas gastronómicos de Madrid: «Lo que queremos es hacerlo a nuestra manera, y esa es la manera en que se hace en Vigo, con un toque distinto».

A esto hay que añadir la faceta musical de los tres socios. El Costello ya era antes un lugar muy musiquero donde era fácil ver a menudo a artistas como Dani Martín o Leiva. Y para seguir en esa línea, el aceite que riega el pulpo de su local será a partir de unos pocos días el AOVE que se produce en la finca de Jarandilla de la Vera propiedad de Alejandro Sanz. «Me envió ya cuatro cajas y lo añadiremos a la carta, ese pulpo gallego con su aceite va a ser otro homenaje», augura.