Vigo vivió protestas durante el retorno de las tropas de Cuba

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

En Pereiró fueron enterrados varios militares fallecidos en Vigo.
En Pereiró fueron enterrados varios militares fallecidos en Vigo. M. Moralejo

En septiembre de 1898, el puerto recibió varios buques con los soldados derrotados por Estados Unidos en la isla caribeña

14 sep 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Vigo fue testigo, a mediados de septiembre de 1898, del fin del imperio español. Fue durante la repatriación de las tropas derrotadas por Estados Unidos en Cuba, en lo que pasó a la historia como el Desastre del 98. Aquellos soldados, famélicos, enfermos y mal vestidos, estimularon la solidaridad de gran parte de la sociedad viguesa, que se mostró dispuesta a ayudarles, pero también excitó la indignación por el trato recibido por aquellas tropas por parte de sus mandos.

Tras la firma del armisticio, las tropas españolas empezaron a ser repatriadas en trasatlánticos hacia la península. Varios de aquellos barcos regresaron a Vigo. En uno de ellos, el León XIII, viajaba el último gobernador militar de la isla caribeña, el general José Toral y Velázquez. Llegó a Vigo el 15 de septiembre con cerca de tres mil militares a bordo.

En los muelles y el malecón vigués se organizó un servicio de ayuda urgente dirigido por la sección local de la Cruz Roja. Habían conseguido preparar vituallas para atender en el mismo muelle a aquellos soldados que tuvieron que padecer una travesía de quince días en unas condiciones horribles. Solo en el León XIII fallecieron durante el viaje 22 personas.

Sin embargo, una vez fondeado el buque, los mandos militares impidieron el desembarco inmediato de la tropa, lo que ocasionó el enfado de la multitud que se había congregado en la zona.

El general Toral desembarcó, según él, para cumplimentar a las autoridades locales, pero ese hecho, unido a que no dejaban bajar a los soldados, soliviantó a los presentes, cada vez, en mayor número. La situación desembocó en disturbios cuando se supo en los muelles que un capitán había golpeado con un sable a uno de sus hombres.

Al día siguiente de la arribada, José Toral ordenó el desembarco de las tropas. La Cruz Roja pudo atender a los militares con caldo, agua, leche y refrescos, antes de trasladar a los más impedidos al hospital militar y espacios de campaña habilitados en la zona.

Con algunos soldados ya en tierra hubo otro incidente que tuvo como objetivo una vendedora que trató de sacar partido económico a la desgracia generalizada que transportaba aquel barco. Su tenderete fue destruido. Dicen las crónicas que las mujeres presentes en el muelle llevaron el peso principal de la protesta.

Días antes de la llegada del León XIII habían atracado otras expediciones de soldados que presentaban las mismas condiciones, hasta el punto que el periódico El Áncora describió su estado como «una verdadera calamidad». Pasaron a la historia como los barcos de la muerte. Junto al León XIII, atracaron en Vigo el Isla de Luzón, Villaverde, Cheribón, San Francisco, Puerto Rico y Montevideo. En total, transportaron a más de siete mil militares.

Hoy en día, en el muelle de trasatlánticos, un conjunto escultórico, realizado por José Molares, recuerda aquel acontecimiento que le valió a la ciudad el título de Siempre benéfica, otorgado por la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena.

Hay otro monumento escultórico que recuerda aquella situación. Se encuentra en el cementerio de Pereiró. Fue diseñado y esculpido por Julio González-Pola, y encargado por la sección local de la Cruz Roja.

En Vigo, fallecieron en torno a 148 militares que fueron enterrados, en tumbas individuales, en el recién inaugurado cementerio de Pereiró. En 1906 fue inaugurado el mausoleo ideado por González-Pola y, en él, se agruparon las cenizas de todos los fallecidos en su interior.