Almudena Suárez: «Empecé a predicar por convicción, y ahora también porque hay pocos curas»
VIGO CIUDAD
El obispo de Tui-Vigo la autorizó a celebrar la palabra y dar la comunión en siete parroquias
05 sep 2025 . Actualizado a las 02:12 h.«Quiero dejar claro que yo no oficio misas», advierte Almudena Suárez Cerviño, la única mujer autorizada por el obispo de la diócesis de Tui-Vigo para dirigir la celebración de la palabra y dar la comunión en el rito católico. El pasado lunes, el obispo Antonio Valín Valdés formalizaba una reestructuración de las parroquias de la diócesis de Tui-Vigo con el fin de paliar las deficiencias de atención causadas por el escaso número de sacerdotes que actualmente pueden atenderlas. En ese nombramiento destaca la presencia de Almudena Suárez Cerviño. El obispo le ha ratificado la autorización para asumir una parte de la misa en siete parroquias de A Louriña, en la provincia de Pontevedra siempre que esté ausente el presbítero titular.
En realidad, Almudena Suárez Cerviño es una veterana en el ejercicio de esta parte de la liturgia católica, porque ejerce ese encargo episcopal desde el año 2004. Es la única mujer en la diócesis de Tui-Vigo autorizada para realizar ciertas partes de la misa, como la lectura y el sermón, así como la distribución de la comunión, pero no le está permitida la consagración del pan y del vino.
—¿Cómo valora su experiencia?
—Se hicieron realidad mis mejores sueños. Yo terminé de estudiar Ciencias Religiosas, y Clodomiro Ogando, mi profesor de Moral, me ofreció hace 21 años la posibilidad de colaborar con él en una parroquia rural, dirigiendo la celebración de la palabra en ausencia de presbítero.
—¿Y por qué aceptó?
—Me tomé un tiempo para pensarlo, porque en mi casa se oponían debido a que tenían miedo a cómo respondería la gente. Acepté porque pensé que era una buena oportunidad, ya que siempre nos estamos quejando las mujeres de que no nos dan poder en la Iglesia. Pensé que podía ser bueno para todas nosotras. Al final, me tiré a la piscina, y ese día fue como si me tocase la lotería. Estoy encantada, porque me sirve mucho a nivel de crecimiento personal y para mi fe. Estoy encantada con el cura con el que colaboro desde hace 21 años y con la reacción de la gente de las parroquias que atendemos. Pasamos ya por varias lugares y la gente no me da más que cariño; me aceptaron muy bien desde el primer momento. Cada domingo que llego a las celebraciones en la iglesia me siento como en casa con mi familia.
—¿Fue usted la primera en ser autorizada por el obispo?
—Fui la primera y soy la única con nombramiento, que lo tengo desde el 2004, lo que ocurre es que esta vez ha sido más evidente, porque por primera vez, rompiendo techos de cristal, el nombramiento fue publicado en la página web del Obispado.
—¿Qué puede hacer y qué le está prohibido?
—Yo puedo hacer la celebración de la palabra, y no puedo realizar la consagración. Llegamos, nos reunimos y la primera parte de la celebración, que se llama liturgia de la palabra, es exactamente igual que en una misa. Pedimos perdón, se realiza la lectura, yo proclamo el Evangelio y predico. Profesamos la fe, es decir, rezamos el credo y, luego, yo hago las peticiones y ya me incorporo al padrenuestro y a la distribución de la comunión, que previamente consagró el párroco la última vez que fue a esa iglesia.
—¿Dirige todos los domingos?
—Todos. Nosotros llevamos siete parroquias. El párroco celebra la eucaristía a las 10.00, 11.00, 12.00 y 13.00 horas, y yo hago la celebración de la palabra a las 11.00, 12.00 y 13.00 horas, alternativamente por las siete parroquias. Vamos cambiando todos los domingos. No lo hacemos el sábado porque el domingo es el día en que resucitó el Señor, y para nosotros tiene un especial significado.
—¿Los fieles que acuden a su celebración de la palabra cumplen con el precepto dominical?
—Sí, porque yo tengo un nombramiento del obispo. Todo cambio puede ser por convicción o por obligación. Yo, cuando empecé hace 21 años, está claro que fue por convicción. Ahora sigue siendo por convicción, pero también por necesidad del Obispado porque hay pocos curas. Luego, la llegada del papa Francisco supuso una llamada a los seglares a trabajar y nos vino como anillo al dedo.
—¿Si pudiera, sería sacerdote?
—Nunca me lo planteé. Sí pensé que quería llegar hasta donde pudiese y ayudar, porque esto lo hago por vocación. En mi familia siempre fue muy importante la fe y, ya cuando llegó la autorización para dirigir la celebración de la palabra, descubrí mi vocación.