En enero de 1902, el buque de la Armada sufrió un accidente en Cabo de Mar cuando perseguía a varias traineras de pescadores
18 ago 2025 . Actualizado a las 21:24 h.A principios del siglo pasado, durante dos años, los vigueses y viguesas que pasaban por la playa del Areal se vieron obligados a recordar el dramático accidente acontecido el 24 de enero de 1902 en Cabo de Mar, entre Alcabre y Samil. El objeto que suscitaba el recuerdo tenía 25 metros de eslora y 3,9 de manga, y había llegado a desplazar 63 toneladas. Eran los restos de la cañonera Cóndor, un guardacostas empleado en aquel tiempo para aplacar la violencia surgida en la ría a consecuencia de la implantación, unos años antes, de las traineras. Aquella embarcación foránea, introducida por los conserveros para aumentar las capturas, entró en conflicto con los marineros que empleaban las formas tradicionales de pesca. Fue lo que se denominó la guerra entre los jareteros y los xeiteiros. En la mar, todos los días se producían encontronazos violentos entre ambas partes, lo que obligaba a intervenir a las embarcaciones de la Armada, que se encargaban de hacer cumplir la legalidad.
El 24 de enero de 1902, la patrullera militar Cóndor ordenó detenerse a varias traineras. Al desobedecer, el comandante, Tomás Calvar, ordenó dar máquina para perseguir a los marineros. El mal estado de la caldera provocó su explosión, que se vio agravada por la deflagración del pañol de la pólvora. Tiempo atrás, tanto el comandante como los responsables de máquinas habían advertido a sus superiores del mal estado de la caldera, pero no fueron atendidas sus reclamaciones.
El resultado de aquella explosión fue la muerte de siete tripulantes y numerosos heridos. Solo resultaron ilesos tres marineros de un total de veintidós hombres. A partir de ese momento, los barcos que faenaban en la zona y otra unidad militar recogieron a los heridos y fallecidos y los trasladaron al hospital militar de Vigo, entonces ubicado en el que fuera el convento de las monjas, situado donde hoy en día se sitúa la calle de Inés Pérez de Ceta.
Hospital militar
En el muelle más próximo a esa zona de la ciudad se agolpó mucha gente que quedó horrorizada al ver el estado de los marineros. Fue el persona de la Cruz Roja quien ayudó a desembarcar a los heridos. En los días posteriores fallecieron otros marineros heridos hasta completarse la cifra de siete.
Aunque se abrió una investigación, dirigida por el comandante Javier Quiroga (el mismo que tiene un busto en los jardines situados delante de la comandancia naval), nadie asumió las responsabilidades.
Como curiosidad, se dijo que el comandante Tomás Calvar salvó al vida porque cambió su posición habitual dentro del barco. Algo similar le ocurrió en 1898 cuando participó en la batalla naval de Santiago de Cuba, contra una escuadra norteamericana.
En Vigo se realizó, en los meses posteriores, una colecta para ayudar a las familias de los fallecidos. Algunas, tuvieron que reclamar al Gobierno porque consideraron que las pensiones de viudedad eran más bajas de lo que les correspondía.
Por su parte, el casco del barco permaneció en la playa del Areal durante dos años. Son varias las fotografías de la época, como la que ilustra esta crónica, que recogen la presencia del barco muy cerca de la fuente de O Galo, que estuvo situada junto a la calle de Miragaia.
En 1904, una vez que la Armada desechó recuperar la embarcación, el Cóndor salió a subasta pública. Fue adquirido por el empresario vigués Vicente Suárez por 3.100 pesetas. Tras ser transformado en pailebote, en los astilleros Barreras, pasó por varias manos para finalmente realizar transportes de cabotaje por las rías gallegas. El 22 de diciembre de 1921, el barco naufragó cuando se dirigía a Corcubión. En esa ocasión, el hundimiento de la nave no provocó ninguna muerte.