En las calles se ven cada vez más ciudadanos que ante la escasez de árboles y las altas temperaturas, usan paraguas contra el sol
13 jul 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Que las bicicletas son para el verano y los paraguas son para el invierno son dos premisas que el cambio climático ha convertido en incorrectas. La primera hace mucho que se vino abajo, pero la segunda está cada vez más en boga. Raro es el día de sol en el que no se vea en Vigo a alguien esgrimiendo un paraguas contra la crudeza de los rayos que envía Lorenzo sin piedad. Así ha llegado la autogestión de la sombra.
Este verano, con un final de junio y casi la mitad de julio con temperaturas abrasadoras rozando los 35 grados, han abonado la cosecha más abundante de despliegue de varillas. Lo que antes se consideraba poco menos que un gesto vergonzante —simplemente por inusual—, ahora es tan común como abrir un paraguas cuando llueve. Lanzar escupitajos a las aceras, en cambio, no genera ningún bochorno a quienes arrastran con fruición sus mucosas con deleite sonoro. La pandemia se llevó las servilletas, pero el lanzamiento olímpico de lapo está de vuelta.
Autoproporcionarse sombra en Vigo es , además, fruto de una política municipal que deja a la ciudad sin ella cuando más se necesita. Los operarios de parques y jardines pelan los árboles a destiempo y no solo dejan a los pájaros desahuciados cuando están en época de cría, también dejan a los vigueses sin protección ante una cada vez más dañina exposición solar. Desde el colectivo Amigas das Árbores señalan que lamentablemente la «inoperancia do Concello vigués» en este aspecto aboca a la autogestión de la sombra portátil. «Esta primavera, en lugar de celebrar a vida que brota, o Concello de Vigo, a través da contrata de mantemento Acciona-Mantén, segue a desmochar árbores sans e adultas nas rúas Areal, Teófilo Llorente, Pracer ou Tomás Alonso, e mesmo no bosquete de melaleucas da Finca de Mirambell, en Canido, e xa en pleno verán, na rúa Pizarro», enumeran. «Estas podas radicais contraveñen a ordenanza municipal e o contrato con Acciona, vulneran o estándar europeo de poda e debilitan as árbores, afectando á súa saúde e ao equilibrio do ecosistema urbano. Cando a árbore esperta e inicia o seu ciclo vital, estanse a facer cortes drásticos que poñen en risco a súa supervivencia».
Ante la escasez de espacios con sombra, la gente se las arregla como puede. Ruth es una usuaria habitual del monte O Castro, al que acude diariamente con su perro. Ahora va con un parasol que lleva incorporada protección solar SPF 50, como las sombrillas modernas o las cremas para la piel. «El paraguas es plegable y lo compré en la tienda de maletas Toxo, en García Barbón», explica añadiendo que el camino hacia el Castro es insoportable. «El año pasado se cargaron todos y cada uno de los castaños de indias de la calle Manuel Olivié, que eran una maravilla, para plantar unos ginkgo biloba que dan entre risa y pena, y a mi, mucha indignación por tanta ignorancia. No sé quién asesora al Concello, pero desde luego, diría alguien que lo que quiere es vender plantas y forrase», opina.
En la esquina de Urzaiz con Lepanto, una señora abre el paraguas para cruzar y lo pliega nada más llegar al otro lado: «Es que es insoportable y no hay dónde protegerse durante el camino», lamenta. En la Porta do Sol, una familia de turistas madrileños se cubren del ídem con sus paraguas que habían traído para la lluvia: «Esta plaza se la habéis copiado muy bien a Madrid, ¿eh?, ni un solo árbol, ni una miserable sombra», critica la líder de la manada mesetaria.
Las tiendas también son partícipes de esta tendencia. En la centenaria tienda viguesa Toxo cuentan que cada vez se los piden más. Tanto, que ya los han sacado al escaparate. «Los tenemos plegables y no plegables, de dos marcas diferentes y con factor de protección solar alta», cuenta Eddie Riomao: «Algunos los vienen buscando porque no aguantan tanto sol, y otras por motivos médicos, al estar, por ejemplo, en tratamientos contra el cáncer», explica. En la ferretería Ribadas, en cambio, aseguran que todavía no notan la tendencia. «En verano retiramos el carrusel de paraguas, pero la gente tira de lo que ya tiene», dice Carmen.