El primer arquitecto nacido en Vigo

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Benito Gómez Román dejó poca obra porque murió joven y gran parte de su legado fue destruido

22 jun 2025 . Actualizado a las 03:16 h.

Benito Gómez Román no militó en la primera división de la arquitectura viguesa, como lo hizo su hermano Manuel, pero ha pasado a la historia por ser el primer vigués en obtener el título oficial de arquitecto. Su breve vida profesional, marcada por una grave enfermedad, provocó que algunos proyectos firmados por él fueran retomados por su hermano. Para colmo de males, sus obras más brillantes fueron demolidas años después durante los tiempos bárbaros del urbanismo vigués. Incluso, un incendio se llevó por delante otra de sus creaciones, el Teatro Rosalía de Castro.

Su llegada a la arquitectura se produjo en el ámbito familiar. Su padre, Benito Gómez González, fue el contratista de algunas de las obras más importante del tramo final del siglo XIX. Sin embargo, él tardó en marcharse a Madrid a estudiar. Regresó con el título en 1898, cuando ya tenía treinta años. Una década después, fallecía en el sanatorio de Torrevieja, Alicante, a donde se había trasladado para intentar recuperarse. En medio de esas fechas, Benito Gómez Román introdujo en la arquitectura local el uso del hierro, se dio cuenta de que el modernismo era el estilo imperante en Europa y realizó funciones técnicas en el Concello de Vigo, cuyo arquitecto, sin título, era Jenaro de la Fuente Domínguez.

Nuestro protagonista partió del eclecticismo dominante en la ciudad para ir evolucionando hacia el modernismo. No obstante, también se refugió en el historicismo neogótico. Ahí se sitúa el uno de los edificios más hermosos de su trayectoria, por lo menos de los que quedan en pie. Está situado en los números 7 y 9 de la calle de Carral. Fue un encargo de María Francisca Alfaya firmado en 1901. Sobresale el reparto de huecos que plantea en la fachada, en la que destacan las ventanas de arcos apuntados, al estilo gótico. El hermoso portal, que presenta un parteluz en el cierre superior, fue destrozado por la colocación de dos escaparates. Uno de los comercios de su bajo también afea la fachada.

Un poco más adelante, en el número 13 de Carral, esquina con Ballesta, se levanta otra de sus obras supervivientes. Es de estilo ecléctico. Fue construido para su propia familia y destaca por los motivos decorativos situados en la cornisa del segundo piso. A partir de ese punto presenta un añadido realizado por Jenaro de la Fuente Domínguez. Su singularidad radica en la presencia de un chaflán y una galería.

En esa misma zona, en Ballesta, 9, se levanta un edificio de viviendas proyectado por Benito en 1901. Vuelve a recurrir el arquitecto vigués a los arcos de medio punto y ojivales, y a los huecos enmarcados en pilastras que alternan ventanas con balcones.

El colmo de la ocultación de la obra de Benito Gómez Román se sitúa en el número 11 de la calle de San Bernardo, esquina Pescadería, lo que hoy conocemos como la calle de las ostras. El cierre superior de la calle impide ver la fachada que, por otra parte, presenta un mal estado de conservación. Es un proyecto de 1902.

Al año siguiente, Benito Gómez Román proyectó el edificio de la Ronda, 24, en que destacan los miradores centrales y los balaustres de los balcones del ático.

Más complicada es la atribución del edificio Simeón, en la Porta do Sol, a Benito Gómez Román. Los estudiosos de la arquitectura local opinan que el proyecto inicial le corresponde al mayor de los hermanos, pero la continuación, con sus correspondientes modificaciones, ya fue obra del menor, de Manuel. Simeón representa el primer modernismo vigués en una excelente cantería de granito. Jaime Garrido y José Ramón Iglesias decían de este edificio que fue iniciado por Benito sobre una composición ecléctica de claros acentos franceses, pero la decoración es de clara referencia modernista.

Aunque el Hotel Universal fue encargado por su padre al arquitecto Jenaro de la Fuente Domínguez, Benito Gómez Román decidió, en 1904, extender la fachada del edificio hacia García Olloqui. El arquitecto reprodujo el diseño proyectado por De la Fuente. Por la prensa de la época sabemos que en ese edificio, propiedad de su familia, Benito comercializaba cemento volcánico para impermeabilizar. Era el representante para Galicia y Portugal de la marca C. S. Heausler.

En cuanto a su obra demolida, Benito cuenta en su currículo con la construcción de la antigua lonja de O Berbés, y los mercados municipales de A Laxe y Progreso. En estos dos proyectos, el arquitecto introdujo en el ámbito vigués las estructuras de hierra. Fueron derribados para construir el Hotel Bahía y un segundo mercado en el Progreso.

Pero la obra del mayor de los Gómez Román más valoradas por los expertos, de cuantas ya desaparecieron, es el taller del escultor Juan Baliño, que estuvo ubicado en la esquina de García Barbón con Oporto. Está considerada como pionera del modernismo vigués, aunque tenía elementos neomedievalistas.

Caso aparte es el Teatro Rosalía de Castro, demolido a causa del incendio de febrero de 1910. Benito fue el responsable de la ordenación interior una vez que su padre se hizo con la titularidad, antes de vendérselo a José García Barbón. También realizó aportaciones a este edificio el también arquitecto vigués Jacobo Esténs.

Benito Gómez Román también fue el responsable de la apertura y relleno de la avenida de Cánovas del Castillo en el cambio de siglo y, probablemente, también participó en la construcción de la primera dársena que tuvo O Berbés, una obra ejecutada por la empresa de su padre.

Como anécdota, Benito fue el autor del primer monumento funerario realizado en memoria de Concepción Arenal. Fue pagado por el Concello de Vigo, en 1906, para acoger los restos mortales de la intelectual gallega cuando aún estaban en el antiguo cementerio del Picacho. Su hermano firmó el que se alza ahora en Pereiró.