El realizador vigués y director de la escuela Acting School Galicia presenta su segundo largometraje y un corto a coste cero con los que acumula nueve nominaciones a los premios del audiovisual Mestre Mateo
22 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.El caso de Alejandro Pacheco (Vigo, 1982) es singular. Su labor en el sector es un continuo reto. El director de cine lleva cerca de una década rompiendo barreras y saltándose límites imposibles. Hace poco más de un lustro se presentaba como un realizador capaz de haber hecho un proyecto cinematográfico que resumía como «la mayor película independiente de aventuras que se ha rodado en Vigo». Hablaba del filme Ann & West El Tesoro de las Seis Caras. Fue su primer largometraje y le salió prácticamente gratis. «En concreto, por 50 euros», aseguraba el merecedor del Oscar al ahorro. Hasta entonces ha vivido muchas aventuras y casi todas las ha filmado.
Pacheco empezó estudiando cine en Canarias con 18 años. De ahí dio el salto a Estados Unidos donde trabajó en adaptaciones de Broadway como director teatral y artístico para una cadena de hoteles con sedes por medio mundo. Como realizador se formó después en la Universidad de San Jorge, en Zaragoza.
Su segundo proyecto fue el corto Resiliencia, una ficción en la que recreó un Vigo posapocalíptico asolado por una bomba nuclear. El tercero es el largometraje Heiwa, pero no viene solo. El realizador lo acaba de presentar en Cangas de forma paralela al cortometraje As mulleres do pilón y entre ambas acumulan nueve nominaciones a los premios Mestre Mateo.
Alejandro puso en marcha en el 2018 en su ciudad la escuela Acting School Galicia, que funciona de un modo similar a sus películas, a golpe de proyectos. Todos están protagonizados por alumnas y alumnos dirigidos por él. Y tanto Heiwa como As mulleres do pilón entran dentro de su ciclo de formación. «La escuela la usamos como plataforma para que la gente se dé a conocer, para que practiquen y para sacar proyectos adelante. Cuando Heiwa se estrene en primavera, sembrará un hito en el cine nacional, al ser la primera película de estas características de producción en lograr colarse en las salas comerciales», asegura. Y también será notable en los Mestre Mateo, donde compite contra otros filmes que sí tienen presupuesto y un enorme equipo detrás. «Cada una tiene tres o cuatro productoras detrás, nosotros vamos a pecho descubierto», razona.
Heiwa, que significa paz en japonés, es una historia de superación personal con toques de fantasía que cuenta con la interpretación de Arantxa Costas en el papel de una persona con una lesión cerebral. Cuenta el realizador que «Xoaquin Ruiz le hará un vestido a Arantxa para la gala, que representa la lesión cerebral, como homenaje a las personas que las padecen, yo mismo sufrí una a los 25 años y me recuperé poco a poco», revela.
Destaca el trabajo de Daniel Urbina, que se estrena en el cine, y de Ramiro Pousada como el antagonista, el malo de la película. El bueno detrás de la cámara es Alejandro Pacheco, que cuenta su secreto para hacer cine sin gastar nada o casi nada: «A base de conseguir favores, de que nos dejen utilizar una discoteca, de que nos permitan utilizar coches, a través de las amistades y de tirar de imaginación para que las escenas sean gratis o nos cuesten poco».
El emprendedor asegura que no es millonario: «Soy de familia humilde, no tengo recursos económicos, y la película tendría un coste real que ronda los 150.000 euros», afirma. Para él no es un logro extraordinario porque como explica, «esa fue mi especialidad de la carrera cuando estudié de cine. Lo que yo quería hacer era eso, la gestión de capital, la optimización de recursos como MacGyver, que con lo que encuentra consigue seguir adelante», ejemplifica.
Amelia García, exfrutera en Coia, testigo de una terrible historia
As Mulleres do pilón está basado en hechos reales protagonizados por Amelia de Veneranda. Amelia —Meli García, que tenía una frutería en el centro comercial 4 de Coia— contempló una historia de maltrato a una mujer. Siendo niña, cuando acompañaba a su madre a lavar al río, fue testigo del estado de pánico de la víctima ante la llegada de su marido maltratador. Acabaría matándola. El padre de la propia Amelia también maltrataba a su familia.
Ya prejubilada, Amelia traspasó el negocio y se matriculó en la escuela de Pacheco. Además encontró en la escritura una forma de espantar fantasmas del pasado. «Nos conoció a través de los Mestre Mateo, el año pasado, cuando fuimos con el corto Resiliencia», recuerda Alejandro. «Me explicó el proyecto, me gustó mucho el guion e hice una adaptación cinematográfica de su idea, realmente lo que ella tiene es un poema que se escucha en el corto y arregló el texto con las frases como le gustaban». Ahora Amelia da charlas en colegios, enseña el corto por Galicia y habla de violencia de género.