El lugar de Anduriñas, un círculo de piedras que esconde un peligro en Matamá
VIGO CIUDAD
Marcos Alonso, miembro del colectivo Malaherba, recuerda la leyenda que contaban las vecinas más mayores sobre una moura que hechizaba a la gente
05 ene 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Felisa, en Matamá también la conocen como A Capirota, recuerda que su tía le pedía que tuviera cuidado cuando se acercara al lugar de Anduriñas. Allí, un gran grupo de piedras formaba un círculo en el que vivía una moura, un personaje mitológico de la tradición oral de Galicia que se representaba como una mujer joven, hermosa, con una gran melena rubia o negra y que solía ser peligrosamente seductora. En las leyendas se contaba que muchas estaban encerradas en un lugar esperando a alguien que las liberara, también se decía que guardaban un paso sobrenatural a otro mundo o que escondían un tesoro.
En las piedras de Anduriñas vivía una y era peligrosa. «Felisa contaba que a súa tía Bríxida, que nacera no século XIX, dicía que a moura de Anduriñas enfeitizaba a xente e que os rapaces que ían por alí desaparecían para non volver nunca más», recuerda Marcos Alonso, del colectivo Malaherba. Él entrevistó a Felisa cuando se decidió, junto a su compañero Xulio Fernández, a bucear en el pasado de la parroquia de Matamá. Felisa también contaba que todas esas piedras quedaron en esa posición, similar a la de una mámoa, túmulo funerario característico del neolítico en Galicia, «porque foron arrastradas por un gran diluvio que azotou o lugar», recuerda Marcos.
La historia de la gran tempestad también se repite en la vecina parroquia de Coruxo. Los mayores contaban que el Pozo da Lagoa situado en Fragoselo desbordó con una tormenta y una riada descendió ladera abajo hasta Coruxo. «Os regatos que dan auga ao río do Vao desbordaron e inundaron todo. A corrente levou a xente e non quedou ninguén», cuenta el vicepresidente de la Comunidad de Montes de Coruxo, Afonso Rodríguez González. Solo sobrevivió una mujer «cunha longa melena castaña» porque fue maldecida y se convirtió en una sirena que vive bajo el puente de Toralla.
Las tormentas de Matamá y Coruxo pueden beber de la misma fuente, pero Marcos reconoce que «xa non se pode saber». Su trabajo de recogida de patrimonio duró más de diez años y «soamente contei memorias de historias que antes eran moito máis grandes», lamenta. Sabe que la transmisión generacional se está rompiendo y que cada persona mayor que se va se lleva alguna historia. «Se tivera empezado este traballo hai 20 anos teríamos salvado un montón de historias, pero, claro, de rapaz un non é consciente disto», incide.
La parroquia de Matamá esconde otro tanto de historias de mouros, de hecho, el lugar de Anduriñas está muy cerca del Coto dos Mouros, un espacio con grandes piedras que se asociaban a estos seres fantásticos y a sus tesoros. Muchas de ellas se pueden consultar en las dos ediciones de los libros Matamá, unha ollada ao pasado, que escribieron Marcos Alonso y Xulio Fernández tras diez años de trabajo. Las publicaciones también recoge la historia desde la Prehistoria hasta el siglo XX y está acompañada de muchas fotografías.
Marcos Alonso también es uno de los miembros fundadores del colectivo Malaherba de Matamá, una asociación que desde 2006 se ha comprometido con recuperar el patrimonio material e inmaterial de la parroquia. Uno de sus primeros trabajos fue la recuperación del molino. «Unha vez o tivemos arranxado, tiñamos que darlle uso», recuerda Marcos. Aquel día, fue el inicio de la Festa da Sementeira que organizan cada año. «Por finais de abril organizamos un festival no que plantamos millo como se facía nos vellos tempos», explica Marcos. Sito Oliveira, dueño de tres grandes bueyes, los ata a un carro tradicional y realizan la labranza. Luego, en octubre realizan la fiesta de la recogida. «É a nosa maneira de evitar que se perdan costumes que nos dan identidade e explican a nosa forma de vida», recuerda Marcos, testigo y guardián de historia que, como la de la moura del lugar de As Anduriñas, se pierden si se dejan de contar.