Cinco monjas extienden el legado religioso del colegio San José de Cluny. Hoy, es un centro examinador de Oxford, mixto, con un plan afectivo-sexual y que abraza la digitalización
04 ene 2025 . Actualizado a las 01:36 h.Conforman un grupo de resistentes en un mundo cambiante. Las hermanas del colegio San José de Cluny son conscientes de que representan un oficio casi en vías de extinción, pero se niegan a cesar en su empeño de contribuir al desarrollo educativo de la ciudad, con el que han labrado una trayectoria de 120 años en Vigo. «La vida consagrada no está de moda. En Europa en general y, sobre todo, en el mundo de la educación, se está haciendo complicada. Puede resultar poco atractiva. Incluso muchos católicos prefieren realizar misiones fuera, en el extranjero», asegura con franqueza sor Inmaculada, la directora del colegio. «Pero también somos conscientes de que la evangelización a través de la educación es una necesidad. Y nuestro deseo es seguir haciéndolo», precisa para expresar la vocación de permanencia de las cinco hermanas que hoy en día representan en el sur de Galicia a la orden religiosa fundada por Ana María de Javohuey en la Borgoña francesa en la época de Napoleón.
Cluny ha cumplido 120 años en las instalaciones que inauguró, con la llegada del siglo XXI, en la calle Carballo, cerca de la avenida de Madrid. Recibe diariamente a 600 alumnos de entre 3 y 18 años a los que atienden 45 profesores. Antes de llegar a esta etapa, el colegio se estableció en edificios que hoy en día ocupan localizaciones estratégicas y son joyas del mercado inmobiliario de Vigo. Pocos recuerdan que a comienzos del siglo XX, «cuando nos encargábamos solamente de la educación de las chicas y brindábamos ayuda a mujeres que buscaban trabajo», la escuela estaba situada en lo que hoy en día es el centro de salud del Casco Vello. En 1906, las hermanas hicieron las maletas para mudarse a la avenida de García Barbón, donde ahora tiene sus oficinas una reconocida entidad bancaria. El colegio dio luego uno de los grandes saltos de su trayectoria en Vigo, con el traslado a la Gran Vía en 1931. El arquitecto Antonio Cominges diseñó para la orden religiosa el primer edificio de esta avenida, construido en hormigón armado y convertido en todo un símbolo de la oferta educativa de la ciudad hasta su demolición en el 2016 para dar paso a la residencia Ballesol. Cuando estrenaron ese centro en el siglo XX, «las hermanas decían ‘nos hemos ido de Vigo’ porque el centro era simplemente la zona de abajo, del puerto, y donde hoy en día está la Once era un campo con vacas», recuerda admirada Sor Inmaculada.
La generación del 1997 fue la primera en cumplir todo su ciclo educativo en las instalaciones actuales. «Aquí nos mudamos en el 2000 con la llegada de los chicos», rememora la directora sobre la decisión que tomaron de apostar por la enseñanza mixta, que abrió paso con toda naturalidad a la educación en igualdad. Como ocurre en otros negocios (los colegios concertados no dejan de serlo) centenarios, la capacidad para adaptarse a los avances explica en buena medida una trayectoria tan extensa como la de Cluny. Con frecuencia, la institución ha apostado modernizarse, más allá de que ahora sor Carmen desfile comodísima por los pasillos en zapatillas deportivas. Por ello, «desde el año pasado somos centro examinador de Oxford», explica la directora. Han puesto en marcha un plan de educación afectivo-sexual y han abrazado la digitalización y la tecnología, «aunque después de haber leído mucha literatura sobre el tema, hasta los seis años apostamos porque aprendan a leer y a articular su pensamiento y su capacidad de comprensión escribiendo a mano», precisa. Entre las hermanas, sor María es el rostro que ahora representa los nuevos tiempos.
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La llegada a la calle Carballo supuso la puesta en marcha de uno de los grandes proyectos de la orden religiosa: una escuela en la capital de Paraguay. Fue una iniciativa común entre el colegio y las familias de Galicia que apoyaron económicamente la fundación de un centro que arrancó como un local de referencia para que los más necesitados en Asunción tuvieran acceso a alimentos «o para ir al baño» y que con el paso de tiempo ha medrado hasta convertirse en un colegio.
San José de Cluny seguirá celebrando sus 120 años de historia en Vigo hasta «marzo del año que viene, aprovechando que es nuestro patrón». Mientras tanto, ahí seguirán sor Encarnación y sor Ofelia, ávidas de recibir noticias de cualquier antiguo estudiante. Y de su hermana y de su madre y de su mejor amiga. Se alegrarán con honestidad si les cuentan que les va bien, incluso en el caso de aquellos estudiantes que en más de una ocasión intentaron huir del comedor con restos en los bolsillos del mandilón, perdido de aceite, porque el menú no les había convencido. No lo olvidan.