Vigo contaba con un defensor del consumidor a finales del siglo XVIII

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

El veedor trataba de evitar los abusos que se cometían con los pesos y precios

02 jun 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Vigo tuvo un defensor del consumidor a finales del siglo XVIII. Era el veedor, un inspector encargado de evitar abusos a los compradores de productos de primera necesidad. Su presencia en la villa fue autorizada por el Consejo del Reino el 19 de noviembre de 1796. Se creaba así la plaza de veedor con un sueldo de tres reales diarios a cargo de los fondos municipales. La orden venía firmada por Juan Muñoz de Valdivieso, contador general de propios y arbitrios del Reino, una especie de fiscal general de las finanzas municipales. La plaza había sido solicitada por el Concello para vigilar «el mejor arreglo en el abasto de carnes y demás objetos de primera necesidad».

El 4 de enero de 1797 hacía público el Concello de Vigo las condiciones que regirían para el puesto del veedor, una figura que estaría controlada por el regidor del mes, edil encargado durante ese período del correcto funcionamiento del municipio. El futuro veedor estaba obligado a acudir al matadero cada vez que llegasen reses con el fin de controlar toda la carne que saliese del lugar, especialmente los pesos de venta. Para ello, se le otorgaba la «llave del cuarto de repeso de las balanzas y pesas»

Otra de las áreas de actuación era la alhóndiga. Allí tendría que controlar las medidas del grano y el precio que se le aplicaba a los panaderos. «De cuando en cuando» tendría que reconocer las medidas de la leche, aceite así como las pesas con que despachaban los tenderos. «Hará que todas las revendedoras estén colocadas en los sitios acostumbrados sin permitir que ocupen la plaza en otros. Y que no vendan frutas verdes a otros efectos de corrupción, vigilando también el que no salgan a fuera a coger comestible que vengan para la plaza de esta villa», señalaba otro de los puntos de las condiciones.

El veedor debía estar atento al abastecimiento de pescado en la plaza y, en caso de que hubiese escasez, tendría que avisar al regidor del mes para que ordenase aprovisionarse en O Berbés.

Entre las obligaciones del nuevo funcionario estaba evitar que se hiciese acopio de algún producto para especular con el precio dentro de la villa. «Y últimamente se le advierte debe llevar en un libro de cuarto pliego la relación en que coja a los tablajeros o otros delincuentes para que el regidor le aplique las multas señaladas», recogía el último punto.

Ese mismo día, la corporación dictaba un auto por el que nombraba durante un año a Josef Benito Menéndez para el empleo de veedor. En el auto se indicaba que se le darían las balanzas y pesas que existían en el cuarto de repeso para que pudiese comprobar el peso exacto de los productos puestos a la venta en los mercados de la villa.

En otro documento, que se custodia en el Archivo Municipal de Vigo, se especifica que la balanza de hierro que se le entregaba, estaba dotada de copas de latón y tirantes de cuerda. «El colgante de hierro para ella, la pesa de hierro de seis libras, la de cinco, la de cuatro, tres de tres, dos de dos, una, media, cuarterón, una pesa de dos o más y media la de onza, y la media, todo de hierro; tres bancos largos sin respaldo, con su regadera de hoja de lata para mojar el piso del cuarto en tiempo de verano, con la llave que los sierra de que se hizo cargo», señala el escrito.

Sin embargo, este primer veedor de Vigo no llegó a agotar el plazo designado para su cargo. El 12 de octubre de ese mismo año, Juan Antonio Parcero y Lira reclamaba al Concello de Vigo la plaza por haber sido él la primera persona que se había ofrecido en diciembre de 1796. En su currículo presentaba doce años de buenos servicios como sacristán de la colegiata viguesa. Añadía que su abuelo, Marcos Parcero, y su padre, de mismo nombre, habían sido regidores perpetuos de la villa.

Su reclamación fue aceptada, pero no por lo expuesto, sino porque Josef Benito Menéndez aceptó el puesto de mayordomo del hospital y «al no poder asistir al empleo de veedor en su lugar se nombra a Juan Antonio Parcero interinamente por un año».