Manuel pide una lupa por su 103 cumpleaños para seguir escribiendo libros: «Esto va para largo»

La Voz VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Cedida

Exdirector del colegio Sensat en Vigo, es un apasionado de la literatura y el deporte

17 may 2024 . Actualizado a las 01:15 h.

Hoy es un día especial en la residencia para personas mayores CleceVitam de la calle Pardo Bazán. Uno de sus usuarios, Manuel Saborido, cumple la friolera de 103 años. «No hay secretos para vivir tanto. Desde muy joven hice una vida muy sana al aire libre. He visitado la cumbre de todos los montes de Galicia». Así explicaba ayer su longevidad en la víspera de su cumpleaños.

Residente en la parroquia de Alcabre, recuerda aquellas largas caminatas hasta las instalaciones del Círculo Mercantil en A Madroa, solo o acompañado por amigos. «Pero de poco me valió porque las piernas, de tanto castigarlas, ahora están dolientes, débiles y flojas. No se puede uno fiar mucho de la eficacia del movimiento de las piernas», asegura.

En la residencia de la tercera edad continua cultivando una de sus grandes aficiones, la literatura. Porque Manuel es autor de unos cuantos libros. El más conocido, quizás, es La balada de Lucrecia, que se publicó en 1999. Originario del municipio ourensano de Arnoia pero que ha pasado casi toda su vida en la ciudad olívica, solo ha pedido una cosa al personal del centro donde vive: una lupa para seguir dándole vida a buenas historias con su imaginación y su máquina de escribir.

Este centenario abrió los ojos al mundo por primera vez en mayo del 1921, cuando los países aliados le pasaban la factura de la I Guerra Mundial a Alemania, cuando Charles Chaplin estrenaba su maravillosa película El chico o cuando en España se aprobaba, por fin, el seguro obrero obligatorio para los trabajadores. Ha sido testigo de casi todo el siglo XX y de lo que llevamos de XXI.

Manuel Saborido se dedicó a la educación. Fue director del colegio Javier Sensat en la parroquia de Alcabre, del que recuerda su «fabulosa biblioteca», que era un orgullo para toda la ciudad. También la bondad de su benefactor, que dedicó mucho dinero para mejorar las instalaciones.

A pesar de haber tenido ese puesto de responsabilidad en el colegio, reconoce que fue «uno más» en la educación de varias generaciones de vigueses. Confiesa que la enseñanza fue «uno de los mayores éxitos que pudo tener en la vida». Está orgulloso de su trayectoria profesional y esa experiencia fue la que le llevó a practicar mucho deporte con compañeros del centro educativo, con los que jugaba al tenis con frecuencia, y también a enamorarse de la literatura.

En la residencia Pardo Bazán quieren celebrar por todo lo alto los 103 años de Manuel. Toda la plantilla y sus compañeros, afirman, están deseando festejarlo con una rica tarta para este «goloso de nacimiento». Él se prepara para continuar con sus sesiones de gimnasia, petanca y juegos de cultura general. Sobre todo, lo que más le gusta es dormir mucho y se hace el remolón hasta que el personal de la residencia de la tercera edad que abrió hace tres años acude para despertarle y empezar el día. Manuel reconoce que, pese a algunos achaques, se encuentra muy bien de salud. «El estado general del cuerpo es bueno. No tengo ningún dolor. Esto aún va para largo», asegura.