La policía reconstruye las últimas horas de la mujer hallada muerta en una maleta en Vigo

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Policías custodiando el lugar donde apareció la maleta
Policías custodiando el lugar donde apareció la maleta XOAN CARLOS GIL

Los agentes interrogan a vecinos y comerciantes del barrio de Balaídos

01 mar 2024 . Actualizado a las 08:47 h.

La brigada de homicidios ha ido llamando a declarar en la comisaría de Vigo a testigos clave, como vecinos o comerciantes, que vieron en agosto a la mujer que podría ser la víctima hallada dentro de una maleta. El objeto con el cuerpo dentro se encontró hace justo una semana en una finca del barrio de Balaídos. Los testigos interrogados aportaron detalles de los diez días de agosto o septiembre en los que dicha mujer vivió en un quinto piso alquilado en el número 83 de la calle Fragoso. Homicidios trata de reconstruir sus últimas horas. Aunque ella y su pareja se dedicaban a la mendicidad, al colectivo Os Ninguéns, que ayuda a los más vulnerables de la ciudad, no le suena quiénes pueden ser. Quizás solo estuviesen de paso por Vigo y, al no tener familia, nadie denunció su desaparición.

La casera que alquiló una habitación a la probable víctima y a su pareja volvió ayer a la vivienda donde la policía investiga si fue el escenario de un crimen machista. Las autoridades siguen buscando al inquilino fugado, un hombre mayor, alto y de corpulencia media que se dedicaba a la mendicidad. Es sospechoso del homicidio o asesinato de la pareja y el Juzgado de Instrucción número 4 de Vigo lo quiere investigar. La dueña del piso volvió 48 horas después de que la Policía Científica registrase la casa en busca de muestras biológicas para determinar si ese fue el escenario del crimen. Los agentes se marcharon sin precintar la vivienda.

Desde el primer día de investigación, la policía tuvo noticia de que una pareja en exclusión social vivía en un piso a solo 150 metros de la finca abandonada donde apareció el cadáver de una mujer metido en una maleta abandonada. Lo preocupante era que hacía tiempo que no se sabía nada de ella. En las pesquisas posteriores, los agentes recogieron un colchón para analizar si estaba manchado con restos de sangre. Otra de las preocupaciones de los investigadores fue buscar pisos que tuviesen vistas desde sus ventanas a la finca con maleza de la calle Espedrigada donde estaba la maleta.

El caso, que está en secreto de sumario, se planteó como un posible homicidio por violencia machista, pero no será oficial hasta que sea identificada la víctima, lo que requerirá varios días de trabajo en los laboratorios de Madrid para extraer ADN y reconstruir las huellas dactilares, debido a la degradación del cadáver tras ocho meses metido en una maleta a la intemperie.

Durante esos diez días, la mujer hizo vida normal en el barrio. Solía parar en un bar cercano a su piso para tomar algún refrigerio. En la calle Fragoso, los vecinos la reconocían por su aspecto frágil y baja estatura: aunque tenía alrededor de 50 años su aspecto era muy demacrado, fruto de una vida castigada y, según algunos testimonios, ligada al consumo de drogas. A veces, los vecinos los veían a él o a ella mendigar por la calle. A los vecinos consultados no les consta que el hombre la maltratase ni que tuviesen riñas.

Súbitamente, la mujer desapareció y el hombre siguió haciendo vida normal durante tres meses más, haciendo sus rutinas como ir a cafeterías de la zona a desayunar. Y de repente tampoco se supo de él. La policía lo está buscando para interrogarlo.

Una hipótesis que se baraja es que el hombre, supuestamente, apuñaló en el corazón a su pareja en la cama de su habitación y luego guardó el cadáver en una maleta. La búsqueda durante cuatro horas de restos biológicos en el piso apunta en ese sentido. Cuando los vecinos se alarmaron por el mal olor, llamaron a la Policía Local de Vigo. El implicado, siempre según la teoría principal, habría decidido deshacerse del cuerpo, bajó la maleta precitada con plástico al portal apoyada en un carrito de ruedas, giró la esquina, cruzó por un pasadizo abierto al tráfico y caminó cien metros cuesta arriba hasta llegar a un solar abandonado que servía de escombrera. Dejó la maleta en una zona de sombra y maleza, que no se veía desde la carretera. La inquilina de la casa colindante se percató en agosto de la maleta. Sus perros ladraban pero no la tocó. Pasó desapercibida ocho meses a la vista de todos.