Una paciente del fisioterapeuta acusado de abusos: «Me quedé tiesa, estaba temblando, estuve varios días duchándome, me sentía fea»

E. V. Pita VIGO

VIGO CIUDAD

Imagen del fisioterapeuta acusado de ocho abusos a clientas
Imagen del fisioterapeuta acusado de ocho abusos a clientas M.Moralejo

El acusado replica en el juicio que él usaba técnicas profesionales de osteopatía cerca de zonas íntimas y que la paciente podía sentirse confundida

15 ene 2024 . Actualizado a las 14:00 h.

Un fisioterapeuta y osteópata de Vigo afronta 13 años de cárcel por ocho supuestos episodios de tocamientos a pacientes e introducción de un dedo en la vagina a una de ellas durante las sesiones de tratamiento que celebraron en su clínica en el verano del 2020, pasado el confinamiento. El juicio se ha celebrado este lunes en la Quinta Sección de la Audiencia de Pontevedra, con sede en Vigo. 

El acusado, que tiene una clínica privada, argumentó que las maniobras profesionales y el drenaje venoso pueden confundirse con tocamientos para un lego en la materia. El problema, dice la Fiscalía y los abogados de las denunciantes, es que ellas no habían dado su consentimiento expreso para que rozase sus zonas íntimas ni él las avisó de tal posibilidad. Aunque algunas tuvieron dudas de si el fisioterapeuta actuaba de forma profesional porque sintieron «tocamientos extraños» o «inapropiados» durante las sesiones. Una relató: «Me rozaba y me metía la mano por dentro de la ropa interior». Otra aseguró que «me bajó las bragas sin pedirme permiso». Insistieron en que nunca le habían autorizado a ello. Una recalcó: «Aprovechó que me estaba masajeando la ingle y me tocó». A otra la untó con aceite y le hizo tocamientos con una toalla.

Las perjudicadas fueron a denunciar porque se sintieron paralizadas durante las sesiones y consideraron que su comportamiento era poco profesional y abusivo. Una necesitó tratamiento psicológico. La defensa intentó demostrar que al término de las sesiones la mayoría de ellas se sintieron mejor físicamente, según admitieron en el juicio.

El acusado negó los hechos y aseguró que se limitaba a realizar técnicas habituales de la fisioterapia u osteopatía en las que hay que ejercer gran presión con los dedos cerca de zonas sensibles. Por ese motivo, retiraba a sus pacientes parcialmente la ropa interior para acceder y manipular músculos de la ingle y el suelo pélvico, y aunque se acercaba a menos de un centímetro de las zonas íntimas no las rozaba aunque ellas dicen que sí. Las pacientes admitieron que más que caricias él practicaba masajes fuertes y que incluso les hacía daño.

Testimonio de una joven

Una de las denunciantes, una joven, explicó al tribunal que ella acudió a la primera consulta por recomendación y porque trabaja de pie en una tienda y tenía cargadas las piernas, la espalda y los hombros. A ella le pareció «extraño» el método de trabajo del osteópata, porque era muy general y no localizado, pero «me fie». «Era la primera vez que estaba en una consulta en la que me tenía que desnudar y quedarme en bragas y sujetador. Él me metía la mano en el esternón, y eso lo entiendo, pero no el que me estuviese masajeando los pechos. Noté que algo no iba bien, pensé que eran imaginaciones mías porque luego me encontré mejor. Me levantaba las bragas y me dejaba el culo al aire», testificó en el juicio. «Pensé que era algo extraño pero creí que era su forma de trabajar, otros iban a zonas directas donde me dolía», indicó.

En la segunda visita, la denunciante explicó al tribunal que «lo pasé muy mal y salí fatal. No eran caricias, me manoseaba. No solo me manipuló el pecho, me pasó la palma por las tetas con movimientos circulares, me dio la vuelta y me trabajó bien el pubis manoseándome hasta que, al final, me metió el dedo en la vagina una vez estando yo boca abajo, estoy 100 % segura. Me sobresalté, me quedé tiesa, estaba temblando, me vestí, me sentía observada, salí y me derrumbé. En mi cabeza estaba ducharme, limpiarme, era una sensación de suciedad muy mala. Estuve varios días duchándome, sentía incomodidad con mi cuerpo, a la braga le tenía que poner "salvaslip", tenía sensación de hormigueo, me sentía fea sin motivo», relató. 

Tras interrumpir la cita, la paciente se lo dijo por WhatsApp a su hermana y a su mejor amiga y lo denunció en la comisaría. Admitió que, con el lío, pudo haberse equivocado en algunos detalles al denunciar los hechos por los nervios. Tiempo después, «muy tarde», fue a un psicólogo y estuvo con medicación. «Este malestar lo llevaba dentro, no se me iba» , explicó.

La defensa del acusado

El acusado, O.P., insistió en que toda su actuación era profesional y que no hacía masajes suaves con la palma porque, en estas técnicas, debe practicar mucha presión en la zona. No usaba guantes porque lo considera una «manipulación invasiva» y explicó que la disciplina recomienda usar estas técnicas sin ropa interior, algo que él se negó a hacer para no incomodar a las pacientes. 

Respecto a los tocamientos de pechos, insistió en que no había que confundir estas técnicas porque se trata de tratamientos de caja torácica, de esternón o costales en las que no toca zonas íntimas, salvo leves roces. Lo mismo para los glúteos. Son maniobras que pueden dar lugar a confusión. A la pregunta del fiscal sobre si «acariciaba o sobaba» a las pacientes, este aclaró que hay que ejercer una presión superficial y que «nunca tocaría unha nalga coas dúas mans; eu entro de forma lateral». Aseguró que debido a estas técnicas se puede acercar a menos de un centímetro de la vulva de la paciente, aún así insistió en que él era «moi conservador» para evitar estos contactos.

El implicado, que abrió la clínica en el 2006 y dice haber atendido a más de 10.000 pacientes, se mostró muy «dolido» con una clienta de confianza con la que sentía que tenía una «relación especial de amizade». En una ocasión, una vez terminada la sesión, hicieron un intercambio de papeles y quedarse en calzoncillos, la paciente lo masajeó a él en la espalda «algo pactado porque ela quería aprender» y, días después, él le propuso por WhatsApp quedar para tomar un té fuera de la consulta pero ella le respondió inesperadamente «cunha mala palabra» tras molestarse porque, cada vez que iba a sus sesiones, «estoy medio en bolas en la consulta». El fisioterapeuta admitió que «foi un fallo de confianza moi grande, trateina como unha amiga e cortei calqueira situación con ela, non quería unha amizade conmigo».

Otra de las pacientes ordenó parar la sesión y una más se quejó de dolor tras un masaje en una zona íntima. También lo acusaron de verter aceite en zonas íntimas y luego limpiarlas con una toalla.

El implicado admitió que no pedía consentimiento por escrito a las pacientes pero les explicaba oralmente cómo iba a actuar y les pedía permiso para acercarse a sus zonas íntimas, algo que ellas han negado tajantemente en el juicio. Según el acusado, pedir permiso es algo que «fago sempre, quince veces ao día», por lo que no recuerda exactamente si a las pacientes que lo denunciaron, en concreto, se lo pidió, pero deduce que sí.

«Nunca na miña vida din unha masaxe nunha zona tan reducida», recalcó. «O paciente non é consciente de onde o estás tocando, se o tocas cun dedo, unha man ou o co cóbado porque o corpo xenera reaccións, non deslizo a man sobre a pel», aseguró en el juzgado. Negó cualquier insinuación a sus clientas: «Nunca querría ter nada sexual con xente que non coñezo». 

 Declaraciones de otras denunciantes

En la vista declararon dos hermanas que habían ido a su consulta y una amiga de ellas, así como una vecina del barrio. Pidieron no tener contacto visual con el acusado y el tribunal le ordenó a él ocultarse tras un biombo de la sala.

Una de las denunciantes, que acudió a dicha clínica de fisioterapia en muletas para reponerse de unos dolores en el pie y las cervicales tras un accidente, admitió que tuvo un «margen de duda» sobre la legalidad de los roces en sus zonas íntimas: «Me dio un masaje en medio del pecho y se dirigió a un pezón sin llegar a tocarlo. Luego, llegó a la zona vulvar. Quise pensar que fue sin querer pero ahora ya no me cuadra». Añadió que, hasta entonces había intentado justificar los tocamientos como «parte del tratamiento», además, el fisioterapeuta le insistía en que volviese a sus consultas, incluso gratis, o que quedasen para ir a las fiestas de la parroquia.

Finalmente, dicha paciente accedió a volver a la consulta y fue cuando despejó sus dudas, «cuando él se desnudó y se quedó en calzoncillos tumbado en la camilla delante mía al terminar una sesión ya no hay tratamiento posible. Me quedé asustada, intentaba buscar una excusa para irme, me pedía que lo tocase y lo toqué como un bicho muerto. Le dejé 50 euros en la mesa y me fui, decidí no volver más pero al saber que había otras dos personas más igual que yo pensé que había que pararlo porque la hija de mi prima también es cliente».

 Otra paciente contó que la rozaba masajeándola y que, al terminar la sesión, la invitó a ver unos vídeos deportivos de canicross. «El miedo te paraliza y si hay que ver vídeos pues se ven vídeos. Estaba confusa y ausente, él se sentó en la camilla y yo me tuve que sentar a su lado, me pasó la mano entre la cadera y la cintura y me acarició con un dedo», relató la perjudicada. El hombre lo negó y le aseguró al fiscal que era «imposible» sujetar un móvil para ver vídeos con una mano y pasar la otra por la cintura de la paciente.

Otra perjudicada dijo que estaba tumbada boca abajo en la camilla con los brazos abiertos y él la rozó con su miembro viril sin erección mientras ejercía presión con las manos en su zona lumbar.