Abel Caballero y Alfonso Rueda, dos políticos cada vez más irreconciliables

VIGO CIUDAD

LA VOZ

El presidente de la Xunta advierte que votar al vigués es apoyar a Sánchez; el alcalde clama: «No me callarán»

26 ene 2023 . Actualizado a las 09:44 h.

Mal año el 2023 para que el Ayuntamiento de Vigo y la Xunta lleguen a entenderse. Si la relación entre el máximo mandatario local y el autonómico es entre mala y muy mala desde que el PP recuperó el poder en Galicia, la doble cita electoral programada para el 28 de marzo con las municipales y para finales de año con las generales, no hace más que elevar la temperatura de un enfrentamiento que Abel Caballero y Alfonso Rueda ya escenifican en público y uno ante el otro, como el lunes ocurrió ante el empresariado vigués.

En los siete meses que ha cumplido Rueda en la presidencia, el nivel de decibelios con el que desde la alcaldía se critica su gestión es mayor incluso que el dedicado a Feijoo en el mismo plazo. El presidente de la Xunta tiene facturas pendientes en la mesa del alcalde de Vigo, como la del recurso al Área Metropolitana que le impidió extender la presidencia del socialista sobre gran parte del sur de la provincia, un hecho que imputa directamente a Rueda.

Por eso, y porque el regidor sigue la estrategia política que establece que nada excita más electoralmente que señalar a un enemigo externo, Caballero dio el paso esta semana de apuntarle directamente y responsabilizarle de las carencias de la ciudad: agua, AVE, discusión del papel de Vigo...

«Nadie me va a callar. No me callaron nunca y no lo van a hacer ahora tampoco», advirtió ayer el candidato a la reelección por cuarta vez consecutiva al valorar él mismo el desencuentro institucional representado en el Círculo de Empresarios. «Si alguien cree que el alcalde de Vigo, mientras yo sea, que lo voy a seguir siendo mucho tiempo, confío, va a dejar de reivindicar lo que la Xunta le debe a Vigo, se equivoca completamente, completamente», añadió Caballero para defender su intervención y no darse por aludido con el malestar generado en la Xunta y entre los populares.

Receta electoral

Como vicepresidente del Ejecutivo autonómico, secretario general del PP y presidente provincial de su partido, Rueda siempre ha tenido a Caballero como uno de sus centros de atención discursiva, y no ha dejado de ser así, aunque con un tono más institucional, desde que preside la Xunta. Pero es también responsable del PP gallego y quien más ha apostado por Marta Fernández-Tapias para enfrentarse en las urnas al alcalde vigués. Por eso, el lunes reunido ante la junta local del PP vigués, Alfonso Rueda lanzó un misil electoral de alto calibre tras haber tenido que escuchar a Caballero por la mañana. «Debemos recordar á xente que cada voto ao candidato socialista de Vigo é un voto a favor de Pedro Sánchez e da súa política», dijo para advertir que quienes no quieran refrendar la gestión del presidente del Gobierno central no pueden dar su voto a Abel Caballero.

«Mentres se fai populismo e se repiten mentiras que nunca se converten en verdade, non se fala nin de Stellantis, nin do fracaso do PERTE do automóbil, nin de por que temos que seguir esperando a que cheguen a Galicia os fondos europeos que si se lle conceden a outras comunidades, nin de por que se promete a saída sur (ferroviaria) pero non se lle consignan orzamento preciso para facela realidade», cargó Rueda ante los suyos. Y para darles datos con los que rebatir, volvió a asegurar que la Xunta «é a administración que máis inviste en Vigo», hecho que al PP le cuesta hacer ver a la ciudadanía.

Caballero niega la mayor. «Delante del presidente de la Xunta yo le digo que estamos en desacuerdo con tantas cosas que nos cortaron de Vigo y nos quitaron de Vigo. Y lo voy a seguir diciendo», avisó ayer antes de pasar al capítulo del debe: «el AVE Vigo-Santiago-Ourense es una vergüenza», dijo culpando de ello al PP; la oposición de Feijoo a la autovía en túnel hasta O Porriño, otra afrenta, como la falta de apoyo autonómico a la nueva potabilizadora, al trasvase del río Verdugo, a la designación de Cíes en exclusiva como Patrimonio de la Humanidad o, en definitiva, los 2.258 millones de euros en los que tasa el socialista la deuda histórica de la Xunta con Vigo.