Las páginas negras del patrimonio vigués

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Durante años fueron destruidos grandes edificios en la ciudad en nombre del progreso

04 dic 2022 . Actualizado a las 00:03 h.

La gran arquitectura viguesa fue levantada por la burguesía local, enriquecida básicamente por la conserva, los astilleros y el transporte marítimo, desde la segunda mitad del siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX. El resultado fue una ciudad de granito extraído de canteras próximas, como la de Castrelos. Esa urbe se circunscribía a lo que conocemos como el Ensanche, es decir, la expansión urbanística hacia el este que se produjo tras el derribo de las murallas a partir de 1861. No es que todo el mundo viviese entonces en aquellos bellos edificios, diseñados por los Sesmero, De la Fuente, Pacewicz o Gómez Román. No, mucha gente vivía en unas condiciones deplorables, en edificios poco salubres y feos, pero aquella arquitectura reflejó una época de gran esplendor económico y enorme crecimiento demográfico.

Esa parte hermosa de la ciudad chocó de frente con el desarrollismo de los años sesenta, un período de expansión económica que en muchos lugares, entre ellos Vigo, conllevó nuevas formas de construcción, siempre con costes reducidos para aumentar los beneficios. Las víctimas más propicias fueron aquellas casas, muy bien situadas en la ciudad, de grandes espacios interiores, que podrían, con otro tipo de construcción, convertirse en una manera jugosa de hacer negocios. Y comenzó la desfeita en connivencia con las autoridades municipales, especialmente, de los alcaldes Portanet y Ramilo, aunque todos los regidores han tenido, y siguen teniendo, muy poco cuidado con el patrimonio de Vigo.

Veamos algunos ejemplos de aquel Vigo que se perdió, como denunció en su día el admirado Jaime Garrido. El paradigma de aquel tipo de proceder fue el edificio Rubira, de Jenaro de la Fuente Domínguez. Se llamaba así, no para recordar a su propietario, Lucas de la Riva, sino por el farmacéutico que ocupó sus bajos durante cierto tiempo. Aquel monumento artístico a la cantería, como diría el siempre presente Garrido en este recorrido, fue sustituido por la sede actual del BBVA, impulsor del proyecto.

La población con más edad recordará los quioscos construidos por Jenaro de la Fuente Domínguez en la calle Elduayen para acoger distintos comercios. En este caso, la destrucción llegó en los años ochenta, con Soto como alcalde. En su lugar se levantó una construcción, cuando menos, anodina.

No se salvó ni la Alameda, un espacio que es el símbolo de la lucha de la ciudad de Vigo contra la especulación urbanística, que unos pocos quisieron privatizar en la segunda mitad del siglo XIX. En ese lugar, al igual que ocurre hoy en día con ese mercadillo invasor, se empeoró el entorno con la eliminación de un edificio tan hermoso, como era el Ferrer, para levantar pisos y hacer caja. Manuel Felipe Quintana realizó ese edificio poco después de firmar el proyecto del antiguo asilo de Pi i Margall y, poco antes, de levantar la iglesia de Santiago de Vigo.

En 1974 desapareció el conocido como Agencia Escalera, una promoción de Isidoro Martínez de la Escalera, encargada a Jenaro de la Fuente Domínguez. En este caso, los expertos lamentan la perdida, pero también dan valor al edificio de Desiderio Pernas construido en su lugar. Aquí, los gustos mandan.

El ámbito de la exhibición cinematográfica se ha visto mermado en gran manera desde hace varias décadas hasta el punto de que la ciudad ha ido perdiendo edificios de notable valor arquitectónico como son los casos del primer Odeón, situado en la calle Urzaiz, o el Royalty, que estuvo hasta los años sesenta del pasado siglo en la Velázquez Moreno.

Fachada marítima

En el frontal marítimo de la ciudad se encuentra otro punto enormemente alterado en los últimos cincuenta años. Donde hoy se levanta el Hotel Bahía estuvo, entre 1900 y comienzo de los setenta, el mercado de A Laxe, una obra de Benito Gómez Román. A su lado, en el último tercio del siglo XIX, Jenaro de la Fuente Domínguez construyó el primer gran hotel que tuvo la ciudad, el Continental. Pero donde más cambió el paisaje urbano ha sido en O Berbés. Hace 130 años, todavía el mar bañaba sus soportales. Poco a poco, ese espacio, no solo se fue alejando del mar, sino que también fue alterándose su esencia original.

En ocasiones, desde fuera de la ciudad, se ha querido vender la idea de que Vigo no tiene historia, cuando hoy en día sabemos de forma académica que esa afirmación carece de todo fundamento. Pero mucho más grave parece el empeño de algunos, dentro de la propia ciudad, por hacer desaparecer esa historia. El paradigma de ese movimiento, siempre impulsado por la especulación y a veces también por la ignorancia, es la ubicación del actual edificio municipal. Su construcción, durante los primeros años de la década de los setenta del siglo XX conllevó la mutilación del castillo de San Sebastián, uno de los elementos defensivos de la ciudad levantado a mediados del siglo XVII. Eso se hizo desde el propio gobierno municipal.