Néstor Reinaldo, que lleva doce años en el cuerpo, decora el parque de Teis y a la vez estudia arquitectura y toca el clarinete
14 dic 2021 . Actualizado a las 23:44 h.El tópico lleva a imaginar un parque de bomberos como un lugar poco acogedor, frío, con luz mortecina, un calendario en la pared y una pizarra con el planillo de horarios, en el que cada vez que suena el teléfono saltan las alarmas. En el que tienen como cuartel general los de Vigo en el barrio de Teis hay algo de eso, pero su estética ha mejorado notablemente en los últimos tiempos al contar entre sus filas con un profesional de las emergencias que además es artista.
El causante de darle personalidad y estilo al lugar de trabajo en el que pasan tantas horas seguidas haciendo turnos y guardias es el bombero Néstor Reinaldo (Vigo, 1983), que lleva casi doce años apagando fuegos y lo que se tercie, tras haber pasado por otros parques como el de Ponteareas.
Lo curioso, según cuenta, es que aunque siempre le había gustado la pintura, nunca había hecho nada artístico hasta hace tres años, debido a que está estudiando cuarto curso de arquitectura en la Universidad de Oporto. «En primero y segundo hay asignaturas de diseño y se trabaja bastante figura humana para sacar trazos en bocetos rápidos y ahí empecé a experimentar solo en casa. Dibujo técnico sí he hecho, pero con la vertiente creativa nunca me había parado, así que empecé viendo obra de autores hiperrealistas, que siempre me llamó la atención», comenta el bombero, artista, futuro arquitecto, y músico formado en el Conservatorio de Vigo, donde aprendió clarinete, que es solo uno de los instrumentos que toca.
Sobre los motivos que le llevaron a decorar el parque de bomberos de Teis menciona fundamentalmente dos. Uno, que fue animado por sus compañeros, que sabían de su habilidad y le pedían que pintase todo, que si el patio, que si los portalones, que si la torre, que si el gimnasio... Y la otra razón que confiesa es que «me encantaría tener la oportunidad de participar en el programa de murales urbanos de Vigo y que me saliera una propuesta potente de hiperrealismo en una fachada», cuenta añadiendo que ya se presentó una vez, pero no le seleccionaron. «No tengo currículo y supongo que es difícil», lamenta. Pero está dispuesto a tenerlo. Empezó por lo que tenía más a mano, el muro de la casa de su abuelo en Lavadores.
«Me arranqué y pedí autorización a la jefatura. Al principio estaban dudosos, pero ahora no hay problema. Ya saben que pinto motivos ‘bomberiles’ y para que nuestra ‘casa’ en la que pasamos tanto tiempo, la tengamos de la forma más agradable posible y la gente se sienta cómoda en el ambiente de trabajo», relata.
La primera obra que el bombero terminó en su espacio laboral es un mural de 4,60 de alto por 3,50 de ancho con la imagen de su compañero Elio ataviado con el equipo de faena, pintado con técnica mixta, espray, acrílico y pastel. Su idea es hacer otras obras ocupando tres cuartas partes de las paredes y una en el techo para darle profundidad. «Lo voy haciendo a los pocos, quitando 10 minutos de aquí y 10 de allá, entre practicas, salidas, formación y entrenamientos. Por eso me lleva mucho más tiempo de lo normal, porque uso los descansos en jornadas de guardia. », justifica el polifacético vigués, que además tiene una niña de año y medio. «Mi mujer dice que soy como una silva. Me engancho en todas partes», reconoce. «Los niños tienen jugueterías. Yo, la tienda Arte y Cerámica, que me asesora, o artistas tan buenos como Marcos Puhinguer, que me aconseja».