«Se me partía el alma con el niño yendo al colegio desde Vigo a Pontevedra. Siempre decía, ¿y si tiene una crisis?»

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Álex Guntín, con una terapeuta en su colegio de Vigo
Álex Guntín, con una terapeuta en su colegio de Vigo XOAN CARLOS GIL

La atención a la parálisis cerebral en la provincia es un referente en Galicia

13 sep 2021 . Actualizado a las 21:08 h.

Son solo dos palabras: parálisis cerebral. Pero es un mundo entero. Porque un diagnóstico así para un bebé o una persona mayor puede ser (y suele ser) sinónimo de graves problemas motores, cognitivos, visuales... Por eso es un diagnóstico que estremece a las familias. Hace décadas, que un hijo tuviese esa discapacidad en la provincia de Pontevedra significaba que sus padres se quedaban bastantes solos, sin recursos de los que tirar. Fueron algunos de esos progenitores, tan muertos de miedo como valientes, los que se unieron y formaron Amencer, una entidad especializada en esta diversidad funcional. Han pasado unos treinta años. Y, en gran parte gracias a Amencer, la provincia de Pontevedra es pionera y referente en la atención a la parálisis cerebral. Lo es más que nunca este curso, porque Amencer ha estrenado un centro en Vigo (en Bembrive) y ha renovado y ampliado sus instalaciones de Vilagarcía. Ambos lugares se complementan con los dos históricos locales de Pontevedra, el centro educativo de Pontemuíños y el de día, ubicado en Campolongo.

Da igual que se cruce la puerta de sus centros de Pontevedra, Vilagarcía o Vigo. Amencer tiene un denominador común en todos ellos: «Tenemos la suerte de contar con un equipo profesional para el que no hay palabras. Y sí, luego intentamos tener los mejores recursos, la tecnología más pionera para dar una atención de calidad», señala Mónica Touriño, la gerente.

El «quiero un cuento de Paula»

La prueba del algodón se hace, en esta ocasión, en Vilagarcía, donde el centro acaba de ser remodelado para duplicar su espacio. Reciben allí Carmela y David, directores respectivamente del colegio y el centro de día. Se deshacen en explicaciones sobre los recursos, las salas de fisioterapia, el aula de logopedia, lo importante que es adaptarse a la necesidad de cada usuario... Pero podrían incluso no decir nada. Y el trabajo de Amencer se vería igual. Porque salta a la vista nada más llegar. En un recibidor que hace las veces de zona de juegos está Paula, que acude al colegio especial. No quiere decir hola. De su boca solo sale la palabra adiós. Tampoco le apetece lanzar la pelota. Ni un juego de tirar anillas que le proponen. Las monitoras, sin prisa, dándole su tiempo, buscan la fórmula de que Paula, que tiene la movilidad reducida, diga qué le pasa. La encuentran. Gracias a una tableta con pictogramas, Paula explica que quiere un cuento. Y es otra niña, mucho más receptiva, en cuanto le explican y logra entender que ahora toca jugar, pero que en nada pasarán a la lectura.