Vía Norte se queda sin vistas: «Antes veías el mar, ahora ves hormigón»

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Los vecinos de la zona de Vía Norte están contentos con Vialia pero algunos cuestionan su altura

07 sep 2021 . Actualizado a las 00:20 h.

La colegiata de Vigo no puede competir con la sede arzobispal de Santiago, pero en el siglo XXI los centros comerciales son las nuevas catedrales, con sus claraboyas, arbotantes y campanarios en forma de torres llenas de carteles publicitarios. Con sus más de 70 metros de alto, Vialia Vigo es el templo más espectacular de Galicia para la nueva religión del shopping. Pero para algunos vecinos de Vía Norte resulta un edificio demasiado elevado sobre la rasante. Antes, si se bajaba desde la iglesia de Fátima se podía ver perfectamente el mar. En el descenso desde el santuario se formaba una curva con un mirador que era parada obligada para muchos ciudadanos que salían a pasear. Se veía la ría en todo su esplendor. Ahora se interponen dos grandes edificaciones de diez metros de altura que la tapan. Una de ellas está preparada para acoger los sistemas de ventilación de la estación. Son estructuras un poco elevadas para permitir la entrada del aire, según explican desde las empresas que participan en la construcción del colosal complejo que aúna el transporte con el relax del ocio y las compras.

La única zona en la que se puede ve el mar desde la actual acera de Vía Norte es la que discurre por el repecho que conduce a la entrada del Hotel Occidental. Es un tramo de unas decenas de metros que se acaba pronto porque enseguida aparece otra construcción que está pegada a la acera de Urzaiz y que vuelve a obstaculizar las vistas.

«Cuando se anunció el centro comercial se dijo que la nueva plaza iba a estar a la altura de la calle y que iba a ser un mirador. Ahora los vecinos que caminan por Vía Norte no ven nada», dice Juan José Bernárdez, que visita a sus padres y se ve obligado a aparcar en el estacionamiento del centro comercial porque en la calle es imposible hacerlo. Dentro del párking siguen las obras y está lleno de polvo y basura, ya que algunos desaprensivos tiran bolsas de chucherías o latas de refrescos en un espacio que adolece de una notable falta de limpieza y cuyo uso no es barato. Por apenas hora y media se pagan 2,5 euros. «Han abierto el párking pero está hecho unos zorrillos. Traes el coche limpio y lo sacas hecho una porquería», afirma Bernárdez. En el aparcamiento hay una zona más aseada que otra. La que se encuentra el conductor al llegar, con marcas rojas, es la más sucia, más adelante está la zona azul, algo más limpia y que está más cerca de los cajeros de pago situados en el vestíbulo de entrada porque en el interior del aparcamiento no hay aún máquinas.