Un furioso huracán azotó Vigo en enero de 1930

J. Miguel González Fernández

VIGO CIUDAD

Sus secuelas se dejaron sentir sobre todo en el litoral, dejando un reguero de destrozos y desolación

22 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Si los efectos del reciente huracán Filomena fueron catastróficos en la mitad este de España, en Vigo el sufrido en enero de 1930 también dejó un reguero de desolación, aunque más localizado. El tremendo temporal de agua y viento se empezó a dejar notar el domingo 26 de enero de 1930, por momentos. Capitanía Marítima cerró al tráfico el puerto, incluso para tránsito interior desde las 16.30 horas y mandó reforzar las amarras. Mismo así se perdieron dos gabarras con conservas de A. Pintos, salvándose los 36 estibadores gracias a la ayuda del trasatlántico alemán General Mitre. Lo peor se desataría la noche y el día 27. El Servicio Meteorológico aún daba «vientos duros, chubascos y marejadas» para el 29.

Los efectos se sintieron más en la zona litoral. Cayeron muros, rompieron cristales y la fuerza de Eolo arrancó los árboles de cuajo y la Alameda era un amasijo. Al caer sobre el tendido eléctrico (y las calles) dejaron sin servicio de tranvía. Se inundó la parte del malecón, cayeron chimeneas, volaron muchos tejados, rompieron multitud de cristales y hasta hubo un incendio en una vivienda de la rúa Triunfo por cortocircuito. Varios barrios sufrieron apagones de luz. Las comunicaciones telefónicas y postales con la comarca se cortaron, aunque hubo triple servicio postal el día posterior. Pero lo más espectacular, será, sin duda, el desplome de la cubierta de la fábrica que Alfageme estaba a levantar en Bouzas [hay una monografía de la factoría]. En las playas de Guixar y Espiñeiro (Teis) el mar arrojó abundantes cascos de botes, lanchas y gamelas, además de hundirse el Nueva Iberia dedicado al turismo de ría. Allá se fue parte del muelle del Club Náutico de Vigo.

Tal como ahora, no faltaron curiosos irreflexivos. Se desplazaron automóviles a las Avenidas y aun hasta Baiona, para ver romper las furiosas olas contra la costa de A Virxe da Roca y A Ladeira. En la villa del Miñor, que sufrió lo suyo, como curiosidades, arrastró un carro con aparejo: plomos al suelo y redes en los árboles, además la playa de A Ladeira se llenó de pescadillas y beretes, botín por los vecinos. El muelle de piedra de Bueu resultó ineficaz y se vivieron momentos de gran confusión. En O Porriño la chimenea del horno de C. Lourido traspasó el tejado causándole varias fracturas. En fin, el tranvía de Mondariz y el de Baiona debieron cancelar su servicio. En el rural se derribaron gran cantidad de pinares, los caminos embarrados e intransitables, se desbordaron los arroyos hasta impedir el vado. Viñas, muros, etc. cayeron al suelo.