Los cachorros de Navidad vuelven en verano

Antón lois AMIGOS DA TERRA VIGO@TIERRA.ORG

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Los perros y gatos regalados en diciembre son abandonados estos meses y saturan las protectoras

18 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Están llegando estos días, como cada principio de verano, en Vigo y en todas partes. A veces entregados directamente, otras veces los dejan atados por la noche en la puerta -o los tiran por encima del muro- y los encuentran por la mañana. En las protectoras de animales los llaman los cachorros de Navidad. Siete meses atrás eran esas encantadoras bolitas de pelo que hicieron que a nuestros hijos e hijas les brillasen los ojos cuando descubrieron que tenían un nuevo miembro en la familia, y que además era suyo, era su perrito.

 La génesis tampoco importa mucho: bien porque el niño o la niña no paraban de dar la turra con el «quiero un perrito, quiero un perrito» o bien porque papá o mamá decidieron motu proprio darles la sorpresa. El caso es que un encantador cachorrito de dos meses se instalaba en casa con el inicio del año.

 Los primeros días, la vida en casa giraba alrededor del perrito -la primera gresca fue decidir el nombre-, que era el rey de la casa, el protagonista de los mimos, las peleas por querer sacarlo a pasear. La envidia del barrio; todo el mundo en el parque se acercaba a acariciarlo, todos nos decían lo precioso que era perrito.

 Terminaron las vacaciones de Navidad, pasó el tiempo y llegaron algunas cosas que no venían adjuntas en el manual de instrucciones de perrito. Para empezar perrito venía sin manual de instrucciones. Algunas cosas estaban más o menos previstas: perrito hacía pis y caca, varias veces al día. Esto, que hacía mucha gracia las primeras veces, pronto dejó de ser divertido. A perrito había que enseñarle a «hacer sus cosas» fuera y simultáneamente había que limpiar las que hacía en casa, y para estas tareas de limpieza doméstica nunca se conseguía reclutar voluntarios. La sorpresa llegó al descubrir que también en la calle había que recoger «las cosas» que depositaba perrito.

 Como buen cachorro perrito ejercía como tal, y reclamaba atención y juegos. Esto terminaba siendo un problema porque no siempre los ritmos coincidían: cuando perrito dormía se le despertaba para jugar, y cuando perrito quería jugar todos en casa tenían otras cosas que hacer.

 Perrito estaba cambiando sus primeros dientes, que eran como alfileres que te dejaban las manos a tiras, y tenía que morderlo todo para ese cambio dental. A pesar de las docenas de juguetes que les compraron perrito tenía una especial predilección por destrozar el mobiliario doméstico y un instinto natural que parecía indicarle que era lo que más nos molestaría que mordiera, para acto seguido destrozarlo a mordiscos.

 Y pasaron los meses, y perrito creció. Hijo e hija, pasada la fascinación inicial, ya lo ignoraban salvo algún momento ocasional. Para hijo e hija, sus amigos, la Play 5, Internet, el colegio, etcétera volvieron a ocupar el lugar central que momentáneamente había invadido perrito. Las peleas en casa ya eran por ver quien se tenía que fastidiar y sacarlo a pasear, aunque fuera de noche y lloviera.

 Papá y mamá tomaban consciencia de que el antojo de los niños se había terminado -o que su idea brillante había sido una mala idea- y ese regalo se transformó en una condena, y una condena a muchos años vista.