El Concello asfalta los socavones tras siete meses de abandono de las calles

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Prioriza los agujeros que fueron marcados por policías locales como protesta

26 jun 2021 . Actualizado a las 01:32 h.

El asfalto hierve. El rodillo aplasta el alquitrán que salió de la factoría a 120 grados centígrados y ahora se desparrama y alisa sobre el suelo. Menos mal. En los últimos meses circular por muchas calles de Vigo ha sido como viajar a la Luna por la cantidad de cráteres que presentaban. El contrato de mantenimiento anterior acabó el 30 de noviembre del 2020. Desde entonces, los conductores han ido esquivando socavones para no hundir las ruedas en ellos y sufrir accidentes. El problema se acentuaba en el caso de las motocicletas o bicicletas, menos estables.

Pero a base de quejas ciudadanas y denuncias de los agentes respaldas por los partidos de la oposición, especialmente por el PP, las cosas han empezado a mejorar y el Concello ha adjudicado a Civis Global el mantenimiento de viales durante cuatro años. Es un contrato de dos millones de euros al año. El anterior contrato fue de 1,6 millones. Se firmó en el año 2014. «Esto llevaba siete meses sin mantenimiento», reconoce uno de los obreros de la empresa Civis Global que se esfuerza en dejar perfectamente aplanada la calle Tomás A. Alonso. Es uno de los diez viales que ya se están reparando en la nueva normalidad.

En la calle, el termómetro marca 30 grados de temperatura. Son las cuatro de la tarde. En otras latitudes sería impensable trabajar con alquitrán a estas horas, pero el horario es el que es y comienza a las 8 de la mañana y se interrumpe a las 13 horas. Tras una pausa de una hora para comer los obreros vuelven al tajo para desafiar el sol del mediodía hasta las 17.30 horas. El camión puede cargar 4.000 kilos de alquitrán. La mezcla bituminosa se produce en una empresa de O Porriño. «Todos los días tenemos que ir allí, cargarlo y vaciarlo en la misma jornada. Si sobra no se puede usar al día siguiente», explica David Cordero, que da instrucciones a su cuadrilla una de las dos que recorre las calles de la ciudad. En Tomás A. Alonso el tráfico fluye correctamente gracias al control que hacen los trabajadores que arrojan el asfalto y rellenan los baches. Cada día repasan los agujeros de una calle o de dos, depende de la longitud. El trabajo va para largo ya que Vigo cuenta con 1.006 kilómetros de viales, la distancia que media entre la ría y el estrecho de Gibraltar. «El asfalto lo tenemos que poner cuando hace buen tiempo porque si no, no se adhiere», señalan os trabajadores.