El multamóvil de Vigo confunde las matrículas

María Jesús Fuente Decimavilla
maría j. fuente VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

XOAN CARLOS GIL

El vehículo comete errores que acaban librando a conductores de las sanciones en la zona azul

24 jun 2021 . Actualizado a las 20:41 h.

El vehículo denominado oficialmente como visualcar y conocido popularmente como el multamóvil del estacionamiento en la zona azul no es tan eficaz como lo venden. Lejos de resultar infalible, hace aguas en más de un aspecto que, pese al poco tiempo que lleva en marcha, ya han sido descubiertos por los usuarios. Sus imperfecciones libran a los conductores vigueses de muchas multas.

Unas veces es el propio vehículo el que falla, mientras que en otras ocasiones los errores tienen que ver con actuaciones incorrectas cometidas de forma involuntaria por los conductores o achacables a la picaresca. Esta última no siempre da los frutos esperados. Si la matrícula se introduce en el parquímetro de forma incorrecta con la intención de esquivar la multa, el usuario no se libra de ella. En estos casos, el visualcar trata al vehículo estacionado igual que si no tuviera tique y, por tanto, pasa el aviso a los controladores para que constaten la infracción.

De hecho, todas las irregularidades que detecta el multamóvil al circular son transmitidas de forma automática y en cuestión de minutos al ordenador de bolsillo de los controladores, que son los que comprueban la situación y deciden si multan o no. Aunque el visualcar lee el tique y la matrícula de todos los vehículos de la zona azul, solo retransmite los datos de los infractores, bien por haber superado el tiempo o no tener el papel.

Se ha dado el caso de encontrarse los controladores con todo tipo de comentarios escritos en el lugar que tendría que constar la matrícula. Al contrario de lo que cabría pensar, tampoco con este sistema se libran de las sanciones. «Se escriben auténticas barbaridades y frases de todo tipo, nos encontramos de todo», comenta un controlador. Reconoce que otras veces los fallos son involuntarios porque se ve claramente que es un error. «Lo comprobamos, y si es solo un número o una letra equivocada, le concedemos el beneficio de la duda. Si tiene tique y está dentro del tiempo de estacionamiento solicitado, no le multamos. Otra cosa es si se ha excedido, entonces sí. Igual que en caso de que no coincida ningún número o letra, que también se sanciona», apunta.

Una posibilidad que tienen los conductores de librarse de la denuncia es que el multamóvil circule rápido, en cuyo caso no lee bien las matrículas y puede confundir los números y las letras. Por ejemplo, el cero y el ocho, la P y la B, o la M y la W. Si el coche oficial cumple la nueva normativa y circula a los 30 kilómetros por hora establecidos en la mayoría de las calles, es más difícil que se confunda, pero no siempre lo hace a esa velocidad. No obstante, la última palabra la tienen los controladores, que son los que comprueban la información transmitida por el visualcar.

 Alerta

Otro caso que se da con frecuencia es el de los conductores que son alertados de la pasada del coche que multa y, al haber superado el tiempo establecido en el tique, abandonan la plaza antes de que llegue el vigilante a poner la denuncia. A su favor juega el hecho de que los controladores se encuentren muchas veces a bastante distancia del lugar en el que se ha detectado al infractor y tarden en llegar hasta 20 o 30 minutos.

Las 15 rutas establecidas para vigilar el estacionamiento en zona azul de Vigo tienen un perímetro muy amplio y el número de trabajadores ha pasado de 40 a 25, de ahí que a veces no lleguen a tiempo. Para que esto sucediera tendrían que ser unos 18 destinados exclusivamente a esas tareas. En la práctica los 25 se quedan en seis o siete tras descontar descansos, bajas, oficinas, mantenimiento, visualcar y otros servicios.

Cada pasada del multamóvil por las calles puede suponer la lectura de 70 u 80 vehículos, lo que con tres pasadas suma en torno a 240 e incluso más si circula rápido, en cuyo caso todavía se complica más el trabajo de los vigilantes, que no dan abasto.