Diez cosas míticas de los nacidos en los 80 en Vigo que ya no puedes hacer

La Voz VIGO

VIGO CIUDAD

M. Moralejo

La ciudad se ha transformado en las últimas décadas: los multicines han dado paso a las grandes salas, Rosalía de Castro ha emergido como zona de moda y el ocio nocturno se ha ido desplazando de zona

26 jun 2021 . Actualizado a las 01:41 h.

Cuando querías ver una peli en casa, ibas al videoclub más cercano. De pequeño en el parque, estuviera en Teis, Coia o Castrelos, había que ir con los ojos muy abiertos por si aparecía una jeringuilla. La empanada se encargaba a Rufino, los multicines Plata o los Centro eran lugar de peregrinación en fin de semana, las Navidades las inauguraba Pórtico en octubre, más madrugadores de Caballero, y los patos de Castrelos y O Castro eran compañeros de merienda. Si recuerdas todas esas cosas, probablemente es que naciste en la década de los 80 en Vigo. Muchas de ellas aún las puedes repetir, por tu cuenta o con la siguiente generación familiar, pero otras son ya imposibles. Solo quedan en el recuerdo de los nostálgicos. Repasamos aquí diez cosas míticas de los nacidos en los 80 en Vigo que ya no se pueden hacer. 

Viajes a la aldea sin autovía

Oscar Vázquez

La A-52 fue una auténtica revolución. Se empezó a construir en los años 90. El plan de futuro de llegar hasta Vigo nunca se llegó a terminar, ya que se enlazó la Rías Baixas con la autovía A-55, que es la que llega hasta la plaza de España. En aquel entonces viajar a la aldea (porque al final casi todos teníamos una aldea rumbo a Ourense o después de la capital de las Burgas) era toda una aventura. Las retenciones en O Porriño, los bocadillos de jamón en A Cañiza o las colas y más colas era un clásico para grandes y pequeños. 

Llevaste unos Naffta en la adolescencia

GUSTAVO RIVAS

Eran casi un símbolo de la adolescencia en Vigo para los nacidos en los 80. La náutica y las botas Art formaban parte del atuendo para redondear. Lo que muchos no sabían era que esos pantalones ajustados nacidos como ropa de deporte se fabricaban en Vigo. De hecho, la marca Naffta Sport fue un grande del textil gallego que desapareció en octubre del 2017.  

Ibas a los multicines los fines de semana

M. Moralejo

Antes de que el concepto de centro comercial hubiera calado entre la juventud viguesa y se convirtiera en un peregrinaje continuo los findes de lluvia, si querías ir al cine en Vigo tenías que tirar de multicines, mayormente. Había en las galerías de Urzaiz, cines Plata, y los míticos multicines Centro, a pocos metros de donde hoy está la Farola, en María Berdiales. Para completar la oferta, también existían algunas grandes salas, como podía ser el Fraga o el cine Vigo. Ya no se puede ir a ninguno de ellos, pero los nostálgicos aún tienen los Norte, que vuelven en septiembre tras el cierre por pandemia. 

La zona de Rosalía de Castro no existía

M.MORALEJO

Si antes querías ir de bares podías elegir en tu barrio favorito o ir a vinos, en el Casco Vello, pero Rosalía de Castro, la zona de moda desde hace más de una década, no existía. Repleta hoy en día de restaurantes y bares, estas calles estaban sin urbanizar y los bloques de piedra con soportales que hoy se apiñan en la zona eran todavía un sueño en la mente de los promotores. 

Discoteca Sol, Oliver o Kalúa

Los nacidos en los años 80 en Vigo se iniciaron en la movida en sesión de tarde, como era mítico en la época. Podías ir a la zona de vinos o ser más de pasar el domingo por la tarde en la discoteca de moda de turno. Sol marcó a toda una generación, para otros fue Oliver y hubo muchos para los que el Vitrasa hasta Chapela era sinónimo de ir a disfrutar a Kalúa. 

Zona de marcha en Samil

M.MORALEJO

Ahora suena extraño que la gente se desplazara en coche tan lejos para seguir la fiesta por la noche, cuando los radares y las alcoholemias ya están más que asimilados, pero entonces era habitual que la gente se desplazara para alargar las noches hasta Samil. El Código de Barras o el Public era uno de los locales míticos o el propio Camaleón.  

Comprar en la mercería La Favorita

Con una ubicación privilegiada en pleno corazón de Vigo, esta mercería era un clásico de los niños y la juventud de la época. Zapatillas de casa, cremalleras para colocar en la ropa o calcetines eran compras habituales de una generación en la que la ropa se prestaba y pasaba de unos a otros y las tiendas low cost no habían llegado a la moda infantil. Desapareció cerca del cambio de siglo.