La floristería de Vigo de los ramos imperfectos

e. v. pita VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

La decoradora María Alonso y la asesora fiscal Desiré Pereira abren Papavero en el centro de Vigo con una idea que surgió de un entierro

16 jun 2021 . Actualizado a las 12:16 h.

Detrás de la floristería Papavero hay una historia casi de leyenda. La decoradora María Alonso y la asesora contable y fiscal Desiré Pereira han abierto estos días la tienda Papavero entre las flores en la calle Colón de Vigo. Pero no venden plantas tradicionales sino ramos imperfectos, con un toque «salvaje y loco» como la propia naturaleza. La idea surgió durante el entierro del padre de María, hace un año. Había pedido que, en su funeral, no llevasen coronas de flores y que ese dinerito ahorrado se destinase a la beneficencia o la iglesia. Nadie se acordó de tal deseo hasta que empezaron a llegar los centros fúnebres. «Eran anticuados y muy geométricos y eso nos dio la idea de hacer una decoración más natural», dice la hija María Alonso, que hizo talleres de restauración, pintura y manualidades y dio cursos. Estudió decoración en Santiago y comprendió por qué su padre no quería flores en su entierro. «En nuestra casa vivíamos rodeados de plantas, mi padre adoraba las flores», señala María Alonso.

Al proyecto se unió Desiré Pereira. Llevaba 19 años de asesora contable y fiscal y estaba «aburrida» de su oficio. «Decidí que este ciclo se acabó», dijo. Se inclinó por el mundo de las flores porque pasó rodeada de vegetación y color en su finca de A Guarda, donde veraneaba. «Había hortensias, helechos, palmeras gigantes, mi madre me inculcó la cultura de las flores», dice.

Así que hace un año ambas iniciaron un proyecto para convertir un día terrible de un funeral en algo lleno de color. Pero lo harían a su estilo, más salvaje. «La naturaleza es imperfecta, las ramas creen por aquí y por allá», dice. En estos últimos doce meses, estudiaron la viabilidad del proyecto, hicieron cursos y buscaron financiación.

«Tenemos otro estilo, son ramos para llevar a casa, a la oficina, a los restaurantes, es más salvaje, como la naturaleza crece, que no sea perfecta, nos gusta así», dice Desiré.

Entre sus primeras clientas hay jóvenes de 20 a 30 años que compran flores para regalarlas en los cumpleaños de amigas. «Ahora ya no se regalan sudaderas, sino flores. Vienen pandillas de chicas a elegirlas a la carta y hacen su mezcla», indica una de estas emprendedoras.

El hecho de que hayan abierto cerca de la Alameda supone un nuevo negocio en la zona. «A la gente le gusta que haya flores en la calle Colón porque le da color», dice una de las empresarias.

María Alonso seguirá con su profesión de decoradora pero vendrá a ayudar a Desiré y a otra experta en adornos florales, que atenderán la tienda.