Me falta el chip

Manuel Blanco Desar LÍNEA ABIERTA

VIGO CIUDAD

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Citroën desembarcó en Vigo en 1958. Empezó con un centenar de trabajadores. Sus primeros vehículos fueron las furgonetas 2 CV. Tardaron un mes en fabricar las 25 primeras y se vendieron en Casablanca. Durante ese año inaugural llegó a producir 400 vehículos. Por aquel entonces no hacía falta ningún chip. Lo que sí resultó indispensable para arrancar en Galicia fue el empresario Félix Santamaría. La Zona Franca de Vigo llevaba creada más de una década, mediante decreto de 20 de junio de 1947 -BOE de 2 de julio-. Si no fuese por Santamaría…

Citroën es hoy Stellantis. Stellantis deriva de Stello, que podría traducirse como «iluminar con estrellas». No es el único cambio. Europa ya no es el centro del mundo. Francia está industrialmente a la defensiva. España sigue igual, sin una gran industria propia que tire del I+D. Ahora los coches necesitan chips electrónicos. Aquí, en Europa, no fabricamos chips tan eficientes como los asiáticos. Es más, ni sabemos diseñarlos bien. Y tan felices.

La fábrica de Citroën en Vigo es del antiguamente malvado capital transnacional. Ahora tiene certificado de galleguidad/españolidad. Pero, ¿cuánto resistirá la planta, incluso la firma? Renault también impulsa otro expediente temporal de regulación de empleo (ERTE) como el de Vigo en Palencia y Valladolid.

Releyendo el Libro Blanco sobre Crecimiento, competitividad, empleo -Retos y pistas para entrar en el siglo XXI-, impulsado en 1993 por el grandioso Jacques Delors, me doy cuenta de que Corea no es citada ni una vez. China solo tres veces, indicando que iniciaba su industrialización, que iba a entrar en el acuerdo comercial del GATT y que estaba comenzando a invertir en redes de infraestructuras. 1993 parece la prehistoria económica, pero no lo es. Lo que sucede es que los europeos avanzamos muy poco y otros corren cual liebres. 

Así vamos mal, pero que muy mal. Los chips son otra advertencia. Una alegoría. Las iniciativas de I+D de la Unión y sus Estados son ineficientes y hasta estériles en el ámbito industrial. En marzo del 2000, en Lisboa, la Unión Europea anunció con gran trompetería que iba a «convertirse en la economía basada en el conocimiento más competitiva y dinámica del mundo, capaz de crecer económicamente de manera sostenible con más y mejores empleos y con mayor cohesión social». Qué risa. Ahora, en el 2021, dice Bruselas que va a «convertir a Europa en la primera economía circular, climáticamente neutra y sostenible, basada en la tecnología digital». ¿Seguro?

Paz y amor, hermanos. Rezad cuanto sepáis.