Había una vez en Vigo circos con animales

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

En junio de 1991, visitaba Vigo el Circo Europa, cuando todavía estaba permitido en el municipio la exhibición de números protagonizados por distintas especies

10 jun 2021 . Actualizado a las 10:45 h.

A comienzos de junio de 1991, Samil acogía el Circo Europa, que viajaba de ciudad en ciudad con cien animales de distintas especies. Aquella troupe contaba con caballos, monos, elefantes, chimpancés, dromedarios, hipopótamos, antílopes, jirafas, tigres, pavos, avestruces e, incluso, gallinas y ocas. «Es curioso que las gallinas llaman mucho la atención de los niños que visitan el zoo, sobre todo en las ciudades porque tan solo conocen pollos muertos», decía a La Voz de Galicia el responsable de aquella compañía. Esa misma persona aportaba otra visión del interés que suscitaba en los espectadores la presencia de los animales más salvajes en la pista de su circo: «La gente no viene a ver a los domadores, sino que viene a ver si los tigres se lo meriendan». Y a lo mejor era cierto.

Aquella situación dejó de repetirse a partir de febrero del 2013. Entonces, Vigo se convertía en la primera gran ciudad de Galicia que prohibía los circos con animales. La medida respondía a una cambio de mentalidad en la sociedad, ya más sensibilizada con el resto de las especies que viajan con los seres humanos a bordo del planeta Tierra. Aparecieron entonces los circos basados en números en los que la estética competía con las habilidades más tradicionales de este género. En el propio entorno de Vigo surgió la Fiesta Escénica, que llegó a crear sus propios animales mecánicos, los «animatrónicos», con una apariencia externa y una gracia de movimientos que transmitía gran realismo.

Pero, esta no es la imagen de los circos tradicionales que visitaron Vigo desde finales del siglo XIX. Como tampoco se situaron siempre en las proximidades de la playa de Samil. De hecho, Vigo tuvo una calle con esa denominación. Coincide con la actual Eduardo Iglesias. El nombre era debido a que en ella estaba el Tamberlick, que ofrecía en sus primeros años espectáculos de circo, teatro, veladas musicales o reuniones variadas.

Alameda y Beiramar

Cuando los circos necesitaron mayores dimensiones para acoger números en el trapecio, se habilitaron nuevos espacios en la ciudad. Hay imágenes del Arquivo Pacheco en las que se pueden ver circos en distintos puntos de la ciudad. Una de ellas, situaba a una empresa circense en el solar que se abría tras la iglesia de Santiago de Vigo, donde hoy está la plaza de Portugal. La alameda y su entorno también fue un lugar muy pretendido debido a que era el principal punto de ocio en el Vigo de los primeros años del siglo pasado. Uno de los primeros empresarios que usó la Alameda, así como el solar situado en donde hoy en día se levanta el edificio de Correos, fue Secundino Feijoo. Su compañía, el Circo Feijoo, también empleaba animales, pero no eran precisamente exóticos. El artista-empresario salía a la pista con cuatro vacas amaestradas, que bailaban al son de su gaita. Dicen incluso que cuando salía al extranjero, Secundino se vestía con traje de luces y renombraba a las vacas como toros. «Maniobraba al compás de un pasodoble solemne y pomposo», se podía leer en la prensa de la época.

Otro destino habitual de los circos desde la segunda mitad del siglo XX fue el descampado que se abría al final de Beiramar, cerca de la rotonda con la calle Coruña. Precisamente, en ese emplazamiento, en enero de 1983, se escaparon cuatro leones del Circo Jumbo. Aquella fuga terminó en safari debido a que la policía se vio obligada a rastrear a los animales hasta reducirlos. Claro, que también hubo bajas. Un león fue abatido por los agentes, y un burro murió tras el ataque de uno de los felinos. En aquella ocasión, el alcalde accidental de Vigo, José Martínez Torea, ya apuntaba la idea de prohibir la presencia de circos en el centro de la ciudad.

Quizá por ello, Samil fue el último espacio de la ciudad en donde se permitió, y aún se hace, la presencia de circos. En las proximidades de las pistas deportivas nació en el año 2005 un tigre en el Circo Italiano. Los responsables de la empresa decidieron llamarle Samil a la criatura. Diez años antes, el Circo Europa, donaba al zoológico de A Madroa tres tigres de Sumatra y un leopardo. El circo con animales ha dejado escenas memorables en la retina de los viajes. Una de las más famosas ocurrió en el año 2004, cuando seis elefantes del Circo Embell Riva recorrieron todo el centro de la ciudad para promocionar el espectáculo que ofrecían en Samil. Los animales dejaron un rastro de excrementos que se extendió por O Areal, Policarpo Sanz, Porta do Sol y Elduayen hasta la avenida de Samil. El desfile no gustó en el Concello, a pesar de las explicaciones dadas por los responsables del circo. En marzo del 2013, el Circo Coliseo se convirtió en el último que presentó atracciones con animales en la ciudad. Desde entonces, los circos siguen llegando a la ciudad aunque con contenidos distintos.

Cuando en junio de 1991 llegó el Circo Europa a Vigo, no solo traía animales, llegaba con una tradición secular que había sido transmitida de padres a hijos. De hecho, en aquel circo viajaban doce niños, que alternaban la educación reglada con el acceso a las distintas disciplinas que entonces tenía el espectáculo.

«El circo tradicional nunca ha estado en crisis y el público sigue disfrutando del espectáculo; no se debe desvirtuar el espectáculo convirtiéndolo en un cabaré. Los circos que han incorporado muñecos de la televisión y efectos especiales en exceso, han visto como el público dejaba de acudir», decía entonces uno de los responsables del Circo Europa. Hoy, no les queda más remedio que alterar aquellos cánones.