La fiebre por navegar deja casi sin amarres los puertos deportivos de la ría de Vigo

Alejandra Pascual Santiago
alejandra pascual VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

M. MORALEJO

En abril, la Xunta concedió hasta 409 permisos para acercarse a las islas Cíes

27 may 2021 . Actualizado a las 02:07 h.

La náutica vive un auténtico bum. Las plazas de amarre se venden como churros. «Estamos al 90 %», dice Ignacio Cao, jefe de administración del Real Club Náutico de Vigo, que dispone de 436 atraques. En la dársena de Marina Davila están prácticamente igual. También en el Liceo Marítimo de Bouzas, en el Círculo Cultural de Chapela, en Santa Cristina y San Adrián de Cobres, en A Tella (Vilaboa), en Cangas... Los 17 puertos deportivos de la ría de Vigo ni siquiera se molestan en promocionar sus plazas porque saben que este verano estarán «a tope».

«A nuestro sector le ha venido muy bien», apunta Fernando Pérez de Villaamil. La sentencia del director del puerto deportivo de Baiona sobre la influencia de la emergencia sanitaria en esta práctica deportiva no puede ser más gráfica. En esta marina disponen de 330 amarres y 285 ya están ocupados.

Las Rías Baixas llevan años consolidándose como una verdadera potencia del turismo náutico, así que la pandemia del coronavirus ha contribuido a anticipar la bajada de los barcos en seco. «En mayo se ha incrementado en un 15 % la salida de barcos con respecto al 2020», señala Javier Álvarez, jefe de puerto en el Monte Real Club de Yates de Baiona, donde albergan 222 plazas. Se encuentran únicamente al 70 % de su ocupación «por el tipo de sociedad» que son. También prevé el llenazo a partir de junio, sobre todo por la afluencia de embarcaciones de tránsito procedentes de Reino Unido, Francia, Alemania o Irlanda, que navegan hasta el mar Mediterráneo. El año pasado, este tipo de demanda «se redujo al 50 %», indica Javier Álvarez. El Liceo Marítimo de Bouzas también se reserva seis plazas para estas travesías.

De la fiebre por salir a navegar hablan también las autorizaciones que tramita la Consellería de Medio Ambiente para el Parque Nacional das Illas Atlánticas. En abril de este año se concedieron hasta 409 permisos (el año pasado fueron solo 18). Un mes antes, cuando las restricciones sanitarias apretaban, también se procesaron 377 solicitudes de embarcaciones de recreo para navegar por las Cíes (en el mismo período del año anterior fueron 44). Y en lo que llevamos de mayo ya han fondeado por el archipiélago más de 150 embarcaciones, a pesar de la decena de días de lluvia que se cernió sobre Vigo.

Las escuelas náuticas de las que disponen algunos embarcaderos también constatan el creciente interés por hacer prácticas y obtener los títulos que permiten manejar embarcaciones de ocio y motos acuáticas en Galicia. La próxima convocatoria de exámenes está fijada para el 6 de septiembre.

Al otro lado de la ría, Vilaboa, Domaio, Moaña y Cangas suman 1.200 plazas. En el puerto deportivo moañés, donde cuesta 282 euros el amarre mensual de una motora de diez metros, señalan que ya llevan años al 70 % de su ocupación en los meses de invierno y llenos a partir de julio, pero no a base de extranjeros, sino de vecinos del área de Vigo que tienen sus barcos en seco el resto del año. En Cangas han detectado que «desde el año pasado, a nivel local, la gente prefiere el barco para ir a la playa que hacerlo en coche». Y eso que son solo los propios vecinos y los turistas quienes podrían disponer de una tarjeta de acceso rodado hasta los arenales.

a.p

«Al regresar, pondremos la mascarilla»

A base de demanda de marineros dedicados a la pesca de bajura, los puertos deportivos de O Latón, Arcade o Santa Cristina de Cobre también están hasta arriba. Se trata de dársenas donde alquilar un amarre de diez metros cuesta 100 euros al mes.

Félix Fernández y María del Carmen Martínez aprovecharon ayer la aparición del sol para acercarse hasta el Liceo Marítimo de Bouzas y dar un paseo por la ría acompañados de sus nietos. Envidia de plan. «Bueno, mujer, no es para tanto», respondía con humildad Félix subido a la proa de su embarcación. Él y su mujer llevan más de diez años atracando en la dársena del club. Su intención era navegar un rato hacia el interior de la ría, donde no apretase el viento: «En otras ocasiones claro que navegamos hasta las Cíes o Cabo Home».