Una viguesa maltratada: «Estoy amenazada y quiero que mi perra me acompañe a todas partes»

VIGO CIUDAD

M.MORALEJO

Estefanía Ramallo ha logrado reunir más de 75.000 firmas de apoyo para pedir que estos animales de protección puedan entrar en todos los espacios públicos

09 may 2021 . Actualizado a las 21:11 h.

La campaña de recogida de firmes de una joven viguesa cobra fuerza en la plataforma Change.org. Estefanía Ramallo lleva reunidas más de 75.000 firmas de apoyo a su demanda para que los perros de protección de las mujeres maltratadas puedan entrar en todos los espacios públicos. Esta joven de 29 años nunca sale de casa si no es acompañada por Noah, una Rottweiler de un año y medio que está en proceso de adiestramiento para defensa personal. Su expareja tiene una orden de alejamiento de 200 metros, pero tiene miedo de que le vuelva a perseguir. Asegura que los tres años de convivencia con él fueron un auténtico calvario. «Desde obligarme a pedir en la calle, hasta pegarme y maltratarme psicológicamente, además de otras cosas que no quiero decir por vergüenza», dice. Mientras su caso de violencia de género aún está pendiente de juicio, asegura haber recibido amenazas. «Mi vida corre peligro», dice.

Salir acompañada de su perra le da seguridad porque basta que le de una orden para que la defienda si fuera necesario. El problema es que solo puede andar por la calle con ella, pero no puede entrar en ninguna parte. Como todos los canes, tiene el acceso restringido a la mayoría de los espacios públicos. No puede entrar en tiendas ni centros comerciales y tampoco subirla al transporte público, que es lo que peor lleva. Esta situación condiciona mucho su vida porque hay ocasiones en las que debe dejar a la perra en casa y se vuelve vulnerable. Esa es la principal razón por la que hace unos meses decidió apuntarse a clases de boxeo.

Estefanía cree que los perros de protección deberían estar libres de cualquier restricción de acceso, como ocurre con los que guían a las personas invidentes. Considera que debería aprobarse una ley en favor de los perros de protección. Su animal no hace daño a nadie. Sin embargo, asegura que a ella podría salvarle la vida. «Por mucho que lleve pulsera telemática o un teléfono, entre que aviso a la policía y llegan puede ser demasiado tarde», dice. Ha pedido entrevistas con el alcalde de Vigo, Abel Caballero, para exponerle personalmente el problema, «pero me derivan a otros departamentos y no me ofrecen ninguna solución», comenta. «Siento que me tienen desamparada. En otras ciudades del país están legalizados. Solo pido que las autoridades miren por las mujeres maltratadas», afirma.

Tras abandonar la relación estuvo tres meses sin salir de casa por miedo. Después salió de la ciudad. «Me fui para Granada porque mi vida corría peligro», afirma. Allí conoció a un adiestrador que empezó a educar a su perra. Pero, por motivos personales, se vio obligada a regresar a Vigo y volvió a tener pánico a encontrarse con su expareja. «Cuando alguien te ha amenazado varias veces con matarte y tú sabes que es capaz de hacerlo, salir de casa se vuelve un horror», afirma. Reconoce que siempre que sale a la calle lo hace llena de miedo. «Aunque tiene una orden de alejamiento, nada me garantiza que no se la vaya a saltar para venir a por mí».

«Gracias a Noah he vuelto a salir de casa. Sigo aterrorizada, pero al menos me atrevo a vivir. Es como si tuviera una guardaespaldas siempre conmigo, que me da confianza, autoestima y protección». Otro educador de perros de Vigo completará el aprendizaje de Noah. Es su compañera inseparable. A pesar de ser de una raza potencialmente peligrosa, afirma que es muy buena con otras personas y animales. Estefanía no trabaja actualmente y recibe una prestación como víctima de violencia de género. Le gusta llevar a su perra a jugar al parque con una pelota. Nunca le quita el bozal porque sabe que un Rottweiler impone respeto. Para ella es algo más que un animal de compañía. Es el bastón en el que se apoya para volver a hacer una vida normal y por eso reclama que pueda acompañarla a todas partes. Basta que ella lo ordene para que se convierta en una fiera, algo que confía en que no tenga que suceder nunca.