Carlos Valcárcel, comisario de Vigo: «La mayoría de delincuentes son de la ciudad, salvo los profesionales»

Javier Romero Doniz
Javier Romero VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Carlos Valcárcel, en el salón de actos de la Comisaría, junto al tapiz con el escudo de la Policía Nacional bordado en hilo de oro que fue cedido por la antigua Caja de Ahorros de Vigo
Carlos Valcárcel, en el salón de actos de la Comisaría, junto al tapiz con el escudo de la Policía Nacional bordado en hilo de oro que fue cedido por la antigua Caja de Ahorros de Vigo Oscar Vázquez

Valcárcel se retira tras 44 años en la Policía Nacional como máximo responsable de la Comisaría de Vigo-Redondela; la ciudad tendrá un solo comisario, de los cuatro necesarios, tras su jubilación la próxima semana

07 may 2021 . Actualizado a las 00:27 h.

44 años en la Policía Nacional: primero en Gerona, luego en Navarra. Galicia fue la última parada, tras 25 esperando. Pontevedra, su ciudad, y Vigo, las comisarías que más pisó. Ayer se despidió oficialmente de las autoridades por su condición, aún, de comisario de la primera ciudad de Galicia. El sexto en seis años. Carlos Valcárcel confiesa que hubiese seguido. Ganas y vitalidad, añade, le sobran.

—Será recordado como el comisario de la pandemia…

—Y tanto. La inicié en marzo del 2020 y la concluyo, de no haber cambios de última hora, el domingo, que finaliza el estado de alarma. Dos día antes de que me jubile.

—¿Lo más complicado?

—El confinamiento inicial de 100 días, y las distintas fases de la desescalada, con los repuntes, fue igual de complejo. Manejar las franjas horarias, saber qué colectivos de personas salían en cada una... La sociedad ya venía de un proceso de reclusión importante y había que aplicar mano izquierda sin dejar de cumplir con el deber. Insisto, muy complicado, en Vigo y en cualquier comisaría de España.

—¿Valoración de la plantilla?

—Totalmente profesional, se involucró desde el principio. Es evidente que todos tenemos una parte personal, igual a cualquier ciudadano, hartos de la pandemia y sus consecuencias. Pero todo se fue llevando, día a día, poco a poco, fuimos dando respuesta. A todos nos cogió de sorpresa, no había pautas al inicio, y aquí, en Vigo, en algunas cosas fuimos un poco autodidactas al adaptarnos al conocimiento que nos daba el día a día.

—¿Alguna anécdota?

—Hubo un incidente importante en Vigo, en abril del año pasado, cuando dos delincuentes se hicieron pasar por médicos. Concertaron una visita a domicilio a esos ancianos que vivían solos, que fueron objeto de un robo dentro de la vivienda, los maniataron y a la mujer, incluso, le dieron una droga para sedarla. Aquello generó una alarma social importante. El discurso a la ciudadanía, entonces, era que siguiesen los medios de comunicación, y de repente que dos personas se hagan pasar por médicos aprovechando aquella coyuntura, generó una gran alarma entre la gente mayor que fue muy complicado de resolver. Ya en septiembre se arrestó a ambos delincuentes, pero hasta entonces, hubo que trabajar mucho para que no proliferasen más casos que aumentaran la alarma social. 

—Habla del cansancio de la población por la pandemia, pero las multas por incumplir tenían que aplicarlas igual...

—Siempre intentamos utilizar criterios de racionalidad, independientemente de que existe una norma ciudadana. La gente se ha visto privada ya no solo de sus derechos, también de su forma de vida social, familiar o laboral, y eso genera estrés. Es algo que tenemos que valorar si, por ejemplo, en un momento puntual un ciudadano no se pone la mascarilla. Es complicado, incluso, que el propio ciudadano entienda que eso es motivo de sanción. Por eso intentamos ser prudentes y racionar la cuestión sancionadora sin caer en la permisividad. Hay que valorar el momento.

—Vigo, con su marcha, suma seis comisarios en seis años, ¿algo así condiciona la gestión de la comisaria?

—Eso no ocurre, por la labor continuada desde hace años. La comisaría de Vigo tiene unos planteamientos operativos bastante fundamentados para que no dependa de la marcha de nadie, ni tan siquiera de la del comisario principal. Eso no puede ser, y estamos organizados para evitarlo. Nada en esta institución puede depender de una sola persona, eso supondría un problema serio. La continuidad es fundamental, pero también conocer los puntos débiles donde más actúan los delincuentes de la ciudad.

—¿Situación de la plantilla?

—Rejuvenecida y con vocación de durar mucho tiempo para asentar ese método de trabajo. También es cierto que Galicia ha dejado de ser una referencia para un número importante de funcionarios que por trayectoria familiar, o personal, teníamos como objetivo regresar a casa. Eso ya no existe, como en el pasado. Hoy se puede decir que todas las jefaturas superiores de Galicia están cojas por no tener todas las plazas cubiertas, hay demanda de comisarios. En Vigo hay, en total, cuatro plazas de comisario, y a partir del martes, cuando se haga efectiva mi marcha, solo habrá un comisario. Para una plantilla como la de Vigo es una aberración.

—Además de la pandemia, atendiendo a la delincuencia tradicional, ¿qué escenario se encontró y cuál deja?

—Vigo, en el 2019, tenía cuatro problemas importantes. Robos en domicilios, en interior de vehículos, los robos con fuerza en establecimientos y los robos de vehículos. En el 2020 ya solo había un tipo de delito, los robos en el interior de vehículos. Y eso fue posible por los incontables dispositivos dedicados a combatir lo que nos estaba masacrando, y preocupa al ciudadano. Volver a su casa sin encontrarse la puerta reventada, o encontrar el coche en el mismo estado que lo dejó.

—¿Y no atribuye, aunque sea en parte, ese descenso delincuencial a las restricciones de movimiento por la pandemia? Coincide en el tiempo...

—La mayor parte de delincuentes son de Vigo, salvo los profesionales, que actúan en casas y son itinerantes. Ese delincuente local suele tener adicciones, y eso no entiende de franjas horarias o toques de queda.

—¿Todos los agentes que hacen calle en Vigo tienen su propio chaleco antibalas?

—Todos los que hacen seguridad ciudadana, por no recodar que llevamos en nivel alto de alerta terrorista desde hace mucho tiempo.

—¿Qué sintió, siendo entonces segundo responsable de la Policía Nacional en Vigo, al ver las agresiones a los grupos de la intervención desplazados desde Vigo a Cataluña?

—Muy duro, y la violencia no era policial, era ciudadana. Viví de cerca la guerra de ETA y participé en muchos dispositivos. En Navarra teníamos manifestaciones todos los fines de semana, muchos trabajaban entre semana y los fines de semana se citaban para tirar piedras a la Policía Nacional. Aquello era muy complicado, pero lo vivido ahora en Cataluña nunca lo viví en Navarra por ETA, y no eran enfrentamientos amables, precisamente. Incluso levantamiento de adoquines, pero lo de Cataluña se sale fuera de la racionalidad. Lo vio todo el mundo, hubo una falta de respeto al orden institucional. Nosotros no somos muñecos de goma.

—El compañero herido en Cataluña ha tenido que jubilarse...

—Y tuvo mucha suerte, ese compañero pudo haber tenido otro desenlace. Y ahora está jubilado por las secuelas que le dejó la agresión. Todo el mundo puede protestar y defender sus ideales hasta cierto punto, pero sería muy triste que eso hubiese implicado la muerte de un policía que solo hacía su trabajo.

—Las estafas por Internet son el delito que más aumentó en Vigo en la era covid, ¿se conforman, dado el escenario imparable, con contenerlo?

—Lo mejor que se puede hacer es facilitar, de forma continuada, información a la ciudadanía sobre los riesgos a los que se exponen. No todas las páginas sirven para comprar, hay mucha letra pequeña que acarrea las estafas, como por ejemplo una suscripción. Ya policialmente se complica todo mucho más cuando se ubica fuera de España el origen de la estafa, y si salimos de la Unión Europa más.

—Hablaba antes de robos en viviendas, ¿puede concretar con datos?

—En el 2019 tuvimos 268 robos con fuerza en viviendas, y en establecimientos 340. Empezamos atendiendo a los pisos, lo que se llamó operación Domus, que sigue vigente. Se consiguió un hito importantísimo, que en el puente de la Asunción, del 15 agosto, con dos días festivos en los que en años precedentes nos machacaban en robos, en el 2020 no hubo ni uno.

—El grupo encargado de crímenes asume también los atracos en bancos. Hasta el viernes tenían todos resueltos, ¿cómo está la investigación del último, cometido en Coia el viernes?

—Este grupo de atracos es totalmente profesional y no tengo la menor duda de que resolverán el atraco, garantizado. Los dos culpables serán detenidos, tiempo al tiempo.

—Hablemos de un crimen que está a un año de prescribir. Ocurrió en el 2002, en Candeán. ¿Es optimista?

—Para un policía siempre es un fracaso no resolver algo así, pero la experiencia dice que la solución puede aparecer cuando menos uno lo espera. Ojalá antes de que prescriba podamos tener esa posibilidad.

—La familia de Déborah Fernández acusó, en rueda de prensa, a la Policía Nacional de ocultar pruebas del crimen de la joven, ocurrido en el 2002. Ocurrió siendo usted el máximo responsable de la Comisaría. ¿Qué opina?

—Es inadmisible, como policía y representante de la institución se puede entender la desazón de las familias, pero pensar, o insinuar, que la Policía Nacional pueda ocultar alguna prueba para no llegar al esclarecimiento de un hecho es impensable. Al contrario, se intenta esclarecer. 

—Las protestas por el cierre de la comisaría de Redondela le ocuparon unas cuantas horas también...

—Fue una postura personalista de una serie de funcionarios que se encontraban en una situación de comodidad, y antepusieron sus circunstancias personales ante la labor policial, sin que eso no implicase que cumpliesen con su cometido en el día a día. Hoy Redondela es competencia de esta comisaría. No sé si es lo más idóneo, a lo mejor, como entidad municipal independiente, debería contar con una comisaría independiente. Pero esa es una valoración en la que no voy a entrar, yo he jugado y juego con las cartas que me dan. Una cosa es seguro, Redondela está más segura que nunca, no hay discriminación y las cifras son la mejor evidencia. Redondela tiene hoy una tranquilidad que nunca tuvo. Los robos bajaron más del 50 %, igual que el resto de delitos. Por no decir que la colaboración con la Policía Local es espectacular.

—El martes deja el Cuerpo Nacional de Policía tras 44 años de servicio, ¿agradecimientos?

—A mi mujer, sin ser como es ella no hubiese llegado hasta aquí. A los compañeros también, por supuesto. 

—La última: el martes finaliza, y en 44 años habrá visto y vivido muchos cambios en la corporación. Si pudiera cambiar algo más antes de irse, ¿qué sería?

—La institución que encontré nada tiene que ver con la actual, todo ha cambiado para mejor, pero para mucho mejor, y eso es una satisfacción como funcionario y ciudadano. Sobre si cambiaría algo, solo le digo que el tiempo me ha enseñado a morderme la lengua y ser prudente. Dejémoslo así.

El maletín de la izquierda es por si hay incendio. Contiene todo tipo de herramientas para reconocer el origen concreto de las llamas, incluso el tipo de material utilizado, si es que se utilizó, a modo de acelerante del fuego o la temperatura  media alcanzada. Los conocimientos para su manejo son de policía científica . Ya el maletín de la derecha es para muertes violentas. Supone el abc del policía científica, con pinceles y productos para distinguir las huellas, u otros restos humanos, en escenas del crimen con medidores de distancia otras herramientas, más secretas. Las conclusiones de científica son de gran ayuda para los compañeros de UDEV

Los crímenes de Vigo pasan por sus manos

JAVIER ROMERO

El último crimen de Vigo, para quienes lo esclarecieron policialmente, se resolvió moralmente, días después, en una cafetería del centro. «La hermana de la víctima nos pidió si podía abrazarnos, era su forma de agradecerlo», confiesan los dos responsables de una investigación que, en la era del 5G, se resolvió a la vieja usanza. Mucha calle, decenas de declaraciones y el callo suficiente para sacar petróleo en las cloacas de la ciudad. Universo de asfalto, prostitución, tráfico de drogas y marginalidad. Ocurrió el 31 de enero, Roberto C.P. apareció muerto violentamente en su casa de Chapela, ya de noche, pasadas las 19.30 horas. El operativo activado entonces recrea el patrón de trabajo habitual siempre que resurge algún asesino u homicida en la ciudad.

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